martes, noviembre 2

COMENTARIO DE EL EVANGELIO DE JUAN 15

Juan 15



En el capítulo anterior vemos cómo Jesús alentaba a los apóstoles, prometiéndoles que a través del Espíritu Santo El todavía estaría con ellos. En la primera parte del capítulo 15 Jesús habla de lo que El espera de ellos. La palabra clave de este texto es permanecer. ¿Cuántas veces aparece en 15:4-10?



15:1 Yo soy (6:35; 8:12; 10:7; 10:11; 11:25; 14:6) la vid verdadera, -- Todos los textos "Yo soy" enfatizan la necesidad de estar en Cristo para tener la vida espiritual. En Cristo se realiza el propósito eterno de Dios. El es la verdadera luz (1:4; 8:12) y el verdadero pan (6:32). Aun después de físicamente dejar a sus apóstoles estaría con ellos, y de El recibirían vida, para poder llevar fruto en su servicio.

-- y mi Padre es el labrador (viñador, LBLA). -- El Padre es el viñador, porque todo el plan que Jesús llevaba a cabo era según el propósito eterno de Dios (Efes. 1:11; Hech. 2:22). La figura de la vid y los sarmientos describe la relación de los apóstoles con Cristo. Pronto Jesús volvería al Padre y después volvería a los apóstoles en la persona del Espíritu Santo, para seguir trabajando con ellos.

Cristo es la vid verdadera porque sus apóstoles, como sarmientos de esa vid, no podrían recibir vida de otra fuente para poder llevar fruto para Dios. El pensamiento principal en estas palabras de Jesús era la necesidad de que sus apóstoles permaneciesen en El aunque estuviera físicamente ausente de ellos.



15:2 Todo pámpano (sarmiento, LBLA) (como Judas) que en mí (2 Cor. 5:17) no lleva fruto, lo quitará; -- Después (ver. 16) Jesús dice a sus apóstoles, "Yo os elegí a vosotros, os he puesto para que vayáis y llevéis fruto". Los eligió y los envió para que llevaran el evangelio a todas las naciones (Mat. 28:19; Mar. 16:15; Hech. 1:8). Judas fue quitado, pero fue remplazado por Matías, y estos doce apóstoles llevaron mucho fruto, comenzando el día de Pentecostés (Hech. 2:41, 47).

Muchos textos del Nuevo Testamento se refieren a la necesidad de que los discípulos de Cristo lleven buen fruto (la obediencia y el desarrollo del carácter de cristiano y la vida espiritual): Gál. 5:22, 23; Mat. 3:7-10; Luc. 8:14, 15; Rom. 6:22; 7:4; Efes. 5:9; Fil. 1:9-11; Col. 1:5, 6, 10; 2 Ped. 1:3-11. El sarmiento recibe vida (sabia) de la vid para que lleve este buen fruto. Los sarmientos que no llevan fruto perjudican la vid y la producción de fruto por los sarmientos sanos.

-- y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará (lo poda, LBLA; pero en el margen, Lit., limpia), para que lleve más fruto. -- El Señor limpia los sarmientos de la vid por medio de exhortaciones, amonestaciones, reprensiones y sufrimientos (2 Tim. 3:16 - 4:4; Sal. 119:67, 71; Rom. 5:3-5; 2 Cor. 4:16; 12:7-10; Heb. 12:5-7; Sant. 1:2-4; 1 Ped. 1:7; 4:1, 2). Todo cristiano -- por fuerte que sea -- necesita de esta limpieza para poder llevar el fruto de una vida consagrada y también el fruto de más almas ganadas por Cristo.

El árbol es reconocido por su fruto (Mat. 7:16-20) y, por eso, Jesús dice, "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (13:35).



15:3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. -- 13:10; 17:19. La palabra de Cristo nos dice lo que debemos hacer para ser salvos: "habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad" (1 Ped. 1:22); "Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra" (Efes. 5:25, 26).



15:4 Permaneced en mí, -- "el que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él", 6:56; 15:6, 7, 9, 10; 1 Jn. 2:6, 19, 28. Para permanecer en El debemos permanecer en su palabra: "Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos" (8:31); "la palabra de Dios permanece en vosotros (1 Jn. 2:14); "Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre" (1 Jn. 2:24); "Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas" (12:46).

El permanecer en El significa que andamos como El anduvo: "El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo" (1 Jn. 2:6). "Todo aquel que permanece en él no peca" (no practica el pecado) (1 Jn. 3:6, 9). "El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él" (1 Jn. 4:16).

La palabra permanecer significa la participación (tener comunión) con Cristo, es decir, participar de las cosas mejores que pertenecen a la salvación (Heb. 6:9). Escuchamos a los apóstoles y aceptamos su testimonio para poder tener participar (tener comunión) con ellos y, a través de su palabra, participar (tener comunión) con el Padre y con el Hijo (1 Jn. 1:1-3); "Fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor" (1 Cor. 1:10); "La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?" (1 Cor. 10:16); "sois participantes conmigo de la gracia" (Fil. 1:7); "nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz" (Col. 1:12); "participantes del llamamiento celestial" (Heb. 3:1); "para que participemos de su santidad" (Heb. 12:10); "por vuestra comunión (participación) en el evangelio" (Fil. 1:5; 4:15); "el privilegio de participar en este servicio para los santos" (2 Cor. 8:4); "cooperemos con la verdad" (3 Jn. 8); "participantes de la naturaleza divina" (2 Ped. 1:4); "participantes de la gloria que será revelada", (1 Ped. 5:1).

"El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre" (1 Jn. 2:17).

-- y yo en vosotros -- Debemos permanecer en Cristo para que El pueda permanecer en nosotros (1 Jn. 3:24; 4:12). Este es el requisito primordial para que el sarmiento tenga vida y lleve fruto. Permanecemos en El cuando guardamos su palabra (su enseñanza). "El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él" (14:23). "Judas ha salido y Satanás sacudirá al resto de ellos como a trigo (Lc. 22:31s)" (ATR); ¿permanecerían en Cristo? La salvación de todo ser humano depende de dos cosas: (1) entrar en Cristo; y (2) permanecer en Cristo (Apoc. 14:13) (JBC).

-- Como el pámpano (sarmiento, LBLA) no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. -- Esta ilustración es sencilla y clara. Un niño puede entenderla, porque si el sarmiento está separado de la vid, inmediatamente comienza a secarse. Hay una diferencia, sin embargo, entre el sarmiento literal y el discípulo de Cristo como sarmiento: el sarmiento físico no puede, por medio de su propia fuerza, separarse de la vid, pero por su propia voluntad y fuerza, el discípulo de Cristo sí puede alejarse de Cristo (FP).

Los sarmientos espirituales que se separan de la iglesia se separan de Cristo.



15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos (sarmientos, LBLA); -- En ese instante los apóstoles estuvieron con Jesús, como sarmientos en la vid, recibiendo vida, fuerza, apoyo y aliento de El.

No solamente los apóstoles sino todos los discípulos son sarmientos en esta vid. ¿Cómo se llega a ser sarmiento en la vid? Para contestar esta pregunta hagamos otra: ¿Cómo se entra en Cristo? (Gál. 3:26, 27). Aun otra pregunta sería: ¿Cómo se entra en el cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:13)? o ¿cómo se entra en el reino de Cristo? (Jn. 3:5). Al contestar estas preguntas se contesta también la pregunta de cómo se llega a ser sarmiento.

-- el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; -- El sarmiento de esta figura no representa una iglesia (ni mucho menos alguna denominación humana, 1 Cor. 1:10-13), sino un individuo (un discípulo de Cristo).

Hay otras figuras en el Nuevo Testamento que ilustran esta verdad: Cristo es la Cabeza, la iglesia es su cuerpo; Cristo es el Rey, la iglesia es su reino; Cristo es el Buen Pastor, la iglesia es su rebaño; Cristo es la Principal Piedra del ángulo y la iglesia es el templo; Cristo es el Esposo y la iglesia es su esposa.

-- porque separados de mí nada podéis hacer. -- ¿Qué hacen los que se alejan de la iglesia? ¡Nada! ¿Qué hacen los que solamente profesan servir a Cristo (Mat. 7:22, 23)? ¡Nada! El fruto aceptable de los fieles es fruto que se lleva "en Cristo". El fruto que el discípulo lleva es el fruto de Cristo. Están "llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios" (Fil. 1:11); "el amor de Cristo nos constriñe" (2 Cor. 5:14); Cristo quiere que su "gozo esté en vosotros" (15:11); Cristo dice, "mi paz os doy" (14:27); "el que actuó en Pedro ... actuó también en mí" (Gál. 2:8); "vive Cristo en mí" (Gál. 2:20); "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Fil. 4:13).



15:6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano (sarmiento LBLA), -- Deja de tener comunión con Cristo para participar de la mesa de los demonios (1 Cor. 10:21; 2 Cor. 6:14-18; Efes. 5:11); "no participes en pecados ajenos. Consérvate puro" (1 Tim. 5:22); "Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros" (1 Cor. 5:13; Rom. 16:17; 2 Tes. 3:6, 14; 2 Jn. 9-11).

-- y se secará; -- El rey Saúl se secó. Judas se secó. Al volver al mundo, Demas se secó. Los que volvieron atrás para ya no seguir con Cristo se secaron. Todos los que no quieren arrepentirse y volver a la comunión con Cristo se secan.

"Es terrible ver un pobre afligido cuerpo humano que se seca bajo la plaga de la muerte; es indeciblemente peor ver un proceso semejante llevarse a cabo en el alma" (RCHL).

-- y los recogen, -- "Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla" (Mat. 13:30). En realidad los infieles forman alianzas diabólicas y de esa manera se recogen a sí mismos en manojos para ser fácilmente recogidos por el juicio de Dios. La compañía de Coré, Datán y Abiram (Núm. 16) se recogieron a sí mismos para rebelarse contra Moisés y Aarón; el Sanedrín, Herodes y Pilato se recogieron a sí mismos para entregar a Jesús; actualmente la "reunión de los malignos" (Sal. 26:5) (ismos religiosos, el humanismo secular, los evolucionistas, etc.) se recogen a sí mismos para resistir al Espíritu Santo, y en consecuencia a su rebelión serán recogidos por Dios en el Día Final. "Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes" (Mat. 13:42).

-- y los echan en el fuego, y arden (Ezeq. 15). -- Con repetición -- y, por eso, con énfasis --, Jesús describe la condición triste del sarmiento que no permanece en El: (1) será echado fuera; (2) se secará; (3) los recogen; (4) los echan en el fuego; (4) y arden (Mat. 3:10, 12; 13:41-42, 59-50; 2 Tes. 1:7-9). El propósito del sarmiento es llevar fruto; si no lo hace, sirve solamente como leña. Este texto enseña claramente que el discípulo puede caer y perder su alma (Gál. 5:4; Heb. 3:12-14; 2 Ped. 1:10). Los que citan Jn. 10:28 ("yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano") para probar la imposibilidad de la apostasía del creyente, deben estudiar cuidadosamente este versículo (15:6). No hay conflicto alguno entre estos dos textos, pues en el 10:27 Jesús describe las ovejas que no perecerán como las que "oyen mi voz ... y me siguen". Desde luego, las ovejas que siguen oyendo y siguiendo la voz de Cristo no perecerán, pero "el que en mí no permanece" es el que deja de oír su voz y deja de seguirle.

Un comentarista dice, "Es cierto que una vez que el hombre ha sido verdaderamente salvo, permanece salvo para siempre; sin embargo, Dios no mantiene al hombre en el camino de la salvación sin esfuerzo, diligencia y vigilancia de parte del hombre. ¡Y la fortaleza para perseverar en la fe de esta manera siempre procede de Dios, de él solo!" (GH). Este autor deja muy confuso el asunto. Dice que el hombre una vez salvo permanece salvo para siempre, pero que Dios requiere el esfuerzo, diligencia y vigilancia de este creyente. ¿Está compelido el creyente a esforzarse, ser diligente y vigilante? ¿Viene alguna fuerza de Dios que tome control del creyente para forzarle a ser fiel? Las "explicaciones" de calvinistas sobre este tema son puras contradicciones.

"En la vid verdadera, las uvas siempre crecen en racimos, es decir, en congregaciones" (cita del comentario de JBC). Entonces, ¿por qué no habló Jesús de "la congregación que en mí no permanece"? Es cierto que hay congregaciones que no permanecen fieles, pero en este texto Jesús no habla de racimos (ni siquiera habla de uvas), sino de cada cristiano (mayormente de cada apóstol) como un sarmiento.

Este es uno de los textos de los sectarios que defienden y justifican el denominacionalismo. Se dice que los sarmientos son las distintas denominaciones, pero Jesús dice, "el que en mí no permanece será echado fuera como pámpano". ¡Imagínese una vid con un sarmiento bautista, otro sarmiento metodista, y otro sarmiento pentecostal!



15:7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, -- Al decir, "Si permanecéis en mí", hubiera sido lógico que Jesús dijera, "y yo en vosotros", pero en lugar de decir yo dice mis palabras, porque es imposible permanecer en Cristo si sus palabras no permanecen en nosotros (1 Jn. 2:14, 24; 3:24).

-- pedid todo lo que queréis (en mi nombre, 14:13; 15:16; 16:23) y os será hecho. -- Obsérvese que esta promesa es condicional: es para los que permanecen en El. ¿Quiénes son estos? Son los que permiten que las palabras de Cristo permanezcan en ellos, es decir, los que viven de acuerdo con su enseñanza, "llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Cor. 10:5). Son los que han comprobado "cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Rom. 12:2). Son los que hacen "las cosas que son agradables delante de él" (1 Jn. 3:22) y piden "conforme a su voluntad" (1 Jn. 5:14). Tales oraciones, pues, coincidirán con el deseo (la voluntad) del Señor de que se lleve mucho fruto para glorificar al Padre. Los tales oran "en el Espíritu Santo" (Judas 20).



15:8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, -- Como Cristo glorificó al Padre (13:31, 32; 17:4, 5), así también El es glorificado por los discípulos de Cristo que llevan mucho fruto. No hay otra cosa que honre al Viñador más que el abundante fruto llevado por la vid que ha cuidado con tanta diligencia.

Jesús dice "mucho fruto". El grano de trigo que cae en la tierra y muere "lleva mucho fruto" (12:24). Como Cristo ha "venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (10:10), y como "sobreabundó la gracia" (Rom. 5:20), así también debemos llevar fruto "en abundancia" para Dios. "Estad firmes y constantes, creciendo (abundando, LBLA) en la obra del Señor siempre" (1 Cor. 15:58); "Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia" (la gracia de ofrendar) (2 Cor. 8:7); "de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más" (1 Tes. 4:1); "vuestra fe va creciendo, y el amor de todos ... abunda para con los demás" (2 Tes. 1:3); "poniendo toda diligencia ... añadid a vuestra fe virtud ... conocimiento ... dominio propio ... paciencia ... piedad ... afecto fraternal ... amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto" (2 Ped. 1:5-8). "Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor" (Rom. 16:12).

-- y seáis así (vengáis a ser, así, ATR) mis discípulos. -- Se podrá observar la evidencia de que son verdaderos cristianos. Este es uno de los requisitos básicos del discipulado (13:34, 35; Mat. 16:24; Luc. 14:25-33). Al cumplir con este requisito llegamos a ser cada vez más como Cristo (llegamos a ser verdaderos imitadores de Cristo, 2 Cor. 3:18). El hombre interior se renueva de día en día (2 Cor. 4:16); "y revestido de nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno" (Col. 3:10).



15:9, 10 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. (Esto es un mandamiento y el ver. 10 explica cómo se obedece) Si guardareis mis mandamientos, (13:34; 14:15, 23) permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.-- En todo Jesús nos ha dejado un ejemplo perfecto. Lo que El requiere de sus discípulos (guardar sus mandamientos) es lo que El mismo practicaba (guardaba los mandamientos del Padre). A través de los escritos de Juan es obvio que el amar equivale a llevar una vida obediente.



15:11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido (3:29; 16:24; 17:13; 1 Jn. 1:4; 2 Jn. 12). -- Los mandamientos de Jesús no son gravosos (1 Jn. 5:3) como las cargas impuestas por los escribas y fariseos (Mat. 23:4; Luc. 11:46). El yugo de Jesús es fácil (bien acomodado) y su carga ligera (Mat. 11:28-30). El nos manda que obedezcamos su enseñanza, pero al hacerlo no impone una carga gravosa o insoportable, sino que nos revela el secreto del gozo perfecto. El gozo de Jesús (mi gozo) aquí en la tierra había sido el fruto de la constante obediencia a la voluntad del Padre, y este mismo gozo puede ser reproducido (cumplido) en sus discípulos que le obedecen. A través de la obediencia su gozo aumentaría hasta la plenitud (FLG).

Jesús habla mucho de lo que Pablo llama el fruto del Espíritu: "amor, gozo, paz" (Gál. 5:22). Véanse 14:15, 23; 15:11; 14:27.

El gozo del cual Jesús habla no es como el gozo del mundo (compárese 14:27, "La paz os dejo ... yo no os la doy como el mundo la da"). Tampoco promete la clase de gozo que el mundo busca.



15:12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. -- 13:34, 35. No ha dejado el tema de la vid, porque la perfecta armonía es el estado natural de los sarmientos. ¿Cómo nos ha amado Cristo? ¿Qué límite puso sobre su amor hacia nosotros? Entonces, que ese pensamiento sea nuestra guía cuando pensamos en poner límites sobre nuestro amor los unos por los otros. Este mandamiento tan razonable es un ejemplo de sus enseñanzas.



15:13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos (10:17, 18; 1 Jn. 3:16). -- Esta es una verdad aceptada por todos con respecto al amor. Aquila y Priscila "expusieron su vida por mí", Rom. 16:4; Epafrodito "por la obra de Cristo estuvo próximo a la muerte, exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mí", Fil. 2:29, 30; 1 Jn. 3:16; Rom. 5:8.

15:14, 15 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. (Eran siervos de Cristo, 13:16; 15:20, pero también sus amigos). Ya no os llamaré siervos (Rom. 1:1; Sant. 1:1; 2 Ped. 1:1; Apoc. 1:1; Los apóstoles creían que el servicio para Cristo era perfecta libertad, HWW) porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, (eran amigos y confidentes de su maestro) porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. -- Durante todo su ministerio Jesús reveló a sus apóstoles las palabras del Padre (17:8, 14). Esto indica que, a pesar de sus debilidades, Jesús tenía mucha confianza en ellos. "Aún tengo muchas cosas que deciros", pero no había rehusado decírselas por falta de confianza en ellos, sino porque "ahora no las podéis sobrellevar" (16:12).

Abraham "fue llamado amigo de Dios" (Sant. 2:23). Es un gran honor ser llamado el amigo de Dios o el amigo de Cristo.



15:16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, -- Este texto no tiene nada que ver con la supuesta predestinación, o sea, la elección especial de algunos para salvación, sino que se refiere al llamado de los apóstoles por Jesús (6:70; 13:18; Luc. 6:12). Jesús elige a sus discípulos por medio de su palabra, la cual nos limpia del pecado (13:10; 15:3; 2 Tes. 2:14; 1 Ped. 1:22; Efes. 5:26).

-- y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca (2 Jn. 8) para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. -- Después de su resurrección les dijo, "id, y haced discípulos a todas las naciones" (Mat. 28:19). La predicación de los apóstoles llevó mucho fruto como se ve en Hechos.



15:17 Esto os mando: Que os améis unos a otros. -- El trabajo que Jesús les encomendaba dependería en gran parte de la unidad de ellos y de los que serían convertidos por ellos (17:21-23). ¿Qué tan exitosa habría sido la predicación de ellos si el espíritu de rivalidad (Mat. 18:1, etc.) hubiera prevalecido durante su ministerio? A través del libro de los Hechos observamos la unidad de los apóstoles (Hech. 1:14; 2:1, 46; 15:22). Aun cuando hubo un desacuerdo entre Pablo y Bernabé, no eran carnales, sino que formaron dos grupos de obreros (15:36-41). En una ocasión Pablo resistió a Pedro "cara a cara, porque era de condenar" (Gál. 2:11), pero no por eso llegaron a ser enemigos (2 Ped. 3:15). Sin lugar a dudas el amor que existió entre los apóstoles tuvo mucho que ver con el gran éxito de su obra. Estando unidos podían vencer todo obstáculo.

Como esta obra comenzó con el amor del Padre y con el amor del Hijo, así también por el amor los apóstoles la llevaron a cabo. De la obra del Señor el amor es la raíz, el tronco y el fruto; es la característica esencial del reino (FLG). La falta de amor entre hermanos es la causa principal de escándalos y divisiones que destruyen la obra.

En seguida Jesús les dice que ellos serían aborrecidos por el mundo. Esto da aun más importancia al amor entre ellos. Los santos pueden soportar persecuciones de los de afuera porque no solamente tienen el apoyo del Señor, sino también el apoyo de sus hermanos.



15:18 Si el mundo os aborrece, -- La palabra mundo se refiere a las masas que estaban bajo el dominio de Satanás (1 Jn. 5:19, "el mundo entero está bajo el maligno"; véase 2 Cor. 4:4). Estos se oponen a Jesús y su iglesia. Al decir si Jesús no indica duda, sino que de esta manera afirma y enfatiza una realidad (compárese Fil. 2:1). Los apóstoles habían sufrido muy poca persecución, pero en pocos días Jesús volvería al Padre y el mundo ya no podría aborrecerle en persona, sino que dirigiría su odio contra sus apóstoles y otros discípulos.

Lo que en realidad aborrecían era el mensaje predicado por ellos. La explicación de este odio se encuentra en 3:19-21. Compárese 1 Jn. 3:12. El mundo se siente muy incómodo cuando se les predica el evangelio, porque no quieren que sus pecados sean expuestos, y también se sienten incómodos en la presencia de los santos, porque estos son como su conciencia; la buena conducta de los cristianos (la luz) expone las tinieblas de su vida. El Nuevo Testamento habla de la luz y las tinieblas. No habla de otra categoría, pues no hay algún campo intermedio. Estamos en Cristo o estamos en el mundo.

El mundo sospecha y odia a cualquiera que no sigue la corriente del mundo, es decir, que no se conforma a su modo de hablar y actuar. En la cárcel de Filipos había hombres de los peores, y también allí estuvieron Pablo y Silas. Un día en Jerusalén los romanos crucificaron a dos malhechores y en medio de ellos crucificaron al inocente -- perfecto -- Jesús de Nazaret. ¿Cómo se explica esto? Es fácil explicarlo, pues el mundo persigue a los peores y a los mejores por la misma causa: ni los unos ni los otros se conforman al molde de la mayoría.

Jesús les había hablado con toda franqueza acerca de la persecución que les esperaba (Mat. 10:17-28; Luc. 12:4, 5).

Juan habla mucho del mundo tanto en sus cartas como aquí. Se refiere al mundo hostil, los oponentes de Cristo y el evangelio. Al principio el mundo hostil era, principalmente, los líderes de los judíos, pues estos persiguieron a Jesús hasta darle muerte en una cruz romana, y al comenzar su ministerio los apóstoles también fueron perseguidos por los mismos enemigos de Jesús. Sin embargo, lo que Jesús dice del mundo tiene aplicación en toda época, sean quienes fueran los enemigos de la cruz.

Después los cristianos eran acusados de toda clase de conducta reprochable y hasta abominable (Mat. 5:11; 1 Ped. 2:12; 3:16). Se acusaban de ser insurrectos, caníbales (por causa de rumores feos acerca de la cena del Señor), incendiarios (Nerón culpó a los cristianos por quemar la ciudad de Roma), y de destruir a muchas familias (Mat. 10:34-37); por estas y muchas otras causas los cristianos primitivos eran odiados y perseguidos.

-- sabed (reconoced, entended, porque hasta esos momentos en realidad los apóstoles no habían comprendido aquel odio tan intenso que llevaría a Jesús a la cruz) que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. -- La palabra aborrecer significa amar menos en Mat. 10:37 y Luc. 14:26, pero aquí quiere decir odiar. Todos podían ver las acciones de los judíos, pero adicionalmente Jesús conocía los corazones de la gente (2:24, 25; Mat. 9:4; 12:25; Luc. 5:22; 11:17) y, por eso, podía ver la profunda envidia y amargura de espíritu contra El. Los apóstoles y otros discípulos de Jesús deberían estar conscientes de que su relación estrecha con Jesús siempre sería motivo de odio para el mundo. No deberían pensar que ellos mismos habían provocado el odio del mundo, sino que era el resultado de su relación con Cristo. El odio del mundo hacia ellos, pues, no sería nada nuevo, y no debería sorprenderles y, sobre todo, no debería ser ocasión de caer para ellos; más bien, deberían esperarlo. "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo" (1 Ped. 4:12, 13).

El mundo aborreció a Jesús porque El expuso y condenó sus pecados. Por eso, cuando los apóstoles hicieran lo mismo, ellos también serían aborrecidos por el mundo. No deberían olvidar quiénes eran. ¿Qué significa la palabra cristiano? ¡Seguidor de Cristo! Entonces, el mundo les aborrecería, como había aborrecido a Cristo. Era la consecuencia inevitable de ser los verdaderos discípulos de Cristo. Los cristianos son como extranjeros aquí en la tierra y, por eso, son aborrecidos por los del mundo (1 Ped. 1:17; 2:11). La mayoría de los hombres siempre han sido del mundo, y como Jesús no los convirtió tampoco lo harían los apóstoles. Más bien, serían aborrecidos por ellos.

Con estas palabras Cristo alentaba y fortalecía a sus apóstoles, porque era (y es) un privilegio participar del sufrimiento de Cristo.



15:19 Si fuerais del mundo (si tuvierais la misma naturaleza o el mismo carácter que el mundo tiene, y si se sometieran a su influencia), el mundo amaría (no agapao, el amor que busca para otros el verdadero bien material y espiritual, sino phileo, el afecto o pasión natural; en este caso, el "amor" de conveniencia) lo suyo; -- Rom. 12:2; 1 Jn. 2:15-17; Sant. 4:4. Los cristianos aman a otros cristianos, porque tienen los mismos propósitos. Tienen en común la gran salvación. De la misma manera los del mundo tienen amistad con los que comparten su forma de vida, y al mismo tiempo, aborrecen a los que se les oponen. Los del mundo son gobernados por el egoísmo; es decir, son amigos de los que están con ellos (los que son de su partido, que están al lado de ellos). Se habla de "honor entre ladrones", pues aun los más perversos son amigos cuando les conviene.

Cuando la conducta de los profesados santos es como la del mundo, no hay oposición alguna. "¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas" (Luc. 6:26). Había mucha diferencia entre los apóstoles y los líderes de los judíos (saduceos, fariseos, sumos sacerdotes, ancianos), como también entre los apóstoles y los paganos (idólatras, filósofos, magos, hechiceros, supersticiosos). Los apóstoles condenaban la mundanalidad de todos, aun la de los hermanos.

-- pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo (17:14, 16; 1 Jn. 3:8-10; 4:5; por eso, los separó del mundo para formar parte de un reino que no es de este mundo, 18:36), por eso el mundo os aborrece (acción continua, sigue aborreciéndoles). -- Ellos fueron elegidos por Cristo y separados del mundo por la palabra (15:3), no solamente para ser santos, sino también para ser apóstoles (Luc. 6:12-16). Entre más cercano se identificaban con Cristo más odiados serían por el mundo.

Los que son de Cristo antes eran del mundo y Cristo los ha rescatado de la esclavitud del mundo; por eso, el mundo los aborrece. Cuando alguien obedece al evangelio, muere al mundo, y Satanás pierde otro esclavo (Rom. 6:3-7).



15:20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor (13:16, por eso, deberían estar dispuestos a lavarse los pies los unos a los otros; Luc. 6:40, "El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro"; por eso, al aprender de Cristo y del Espíritu Santo y al imitar el ejemplo de Jesús, los apóstoles podrían perfeccionarse lo suficientemente como para llevar a cabo el ministerio que Jesús les encomendó; Mat. 10:24 es como este contexto; es decir: Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; -- 15:18, "Si el mundo os aborrece", "os perseguirán" (15:20). La persecución siempre sigue al aborrecimiento. La experiencia de los apóstoles sería paralela a la de Jesús. Habría dos reacciones a la palabra predicada: algunos la aceptarían con gozo, pero otros no solamente la rechazarían, sino que también perseguirían a los mensajeros. La regla que gobernaría la experiencia de los apóstoles ya había quedado bien establecida por la experiencia de Jesús. El siervo tal cual su Maestro. Ellos sabían perfectamente cómo la gente había tratado a Jesús; por eso, podrían saber perfectamente cómo los tratarían a ellos. Ellos deberían -- y nosotros deberíamos -- estar dispuestos siempre a participar del sufrimiento de Cristo con gozo.

-- si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. -- La historia de la iglesia bien confirma esto: al apartarse de la enseñanza de los apóstoles, el mundo religioso se aparta de Cristo, y los que respetan la enseñanza de los apóstoles y siguen el ejemplo establecido por los apóstoles, honran a Cristo. "El que a vosotros recibe, a mí me recibe" (Mat. 10:40); "El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha" (Luc. 10:16); "Nosotros (los apóstoles) somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye" (1 Jn. 4:6).



15:21 Mas todo esto (ser rebeldes y desobedientes a su predicación, burlarse de ustedes, odiarles, perseguirles, juzgarles falsamente, azotarles y aun darles muerte; compárese Hech. 4:17; 9:14; 26:9; 1 Cor. 4:11-13; 2 Cor. 11:24-27) os harán por causa de mi nombre, -- El Sanedrín acusó a Jesús de blasfemia para poder crucificarlo, pero la verdadera causa de su odio era el carácter, la conducta y las palabras espirituales de Jesús. Todo lo que Jesús era y decía exponía la falsedad, la hipocresía y el orgullo de los líderes de los judíos y, por esta causa, se llenaban de ira e hostilidad contra El.

Primero Jesús dice que sus apóstoles iban a sufrir como El había sufrido, y ahora agrega que van a sufrir por causa de El (Mat. 5:11, 12; Hech. 9:4, 5). Los judíos preguntaron a Pedro y Juan, "¿En qué nombre habéis hecho esto? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo ... en el nombre de Jesucristo ... les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús" (Hech. 4:7, 8, 10, 18), pero no fueron intimidados por la "majestad" del Sanedrín, sino que siguieron predicando en este nombre y cuando fueron azotados "salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre" (Hech. 5:41). El sufrir por causa del nombre de Jesús era un verdadero honor para los apóstoles. (Compárese 3 Jn. 7, "Porque ellos salieron por amor del nombre de El").

-- porque no conocen al que me ha enviado. -- Profesaban conocerle y se jactaban de su conocimiento de las Escrituras, pero al rechazar a Cristo, mostraban su ignorancia de Dios y su palabra, y que no lo amaban. Si hubieran amado al Padre -- apreciando su amor y santidad -- habrían aceptado al Hijo, "el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia" (Heb. 1:3).



15:22 Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado (no en sentido absoluto, sino que no tendrían el pecado de haberlo rechazado); pero ahora no tienen excusa por su pecado (Sant. 4:17). -- Las palabras y obras de Jesús los dejó sin excusa. Si Cristo los hubiera dejado solos, sin venir al mundo para predicarles, sin molestarles en sus pecados, sin exponer su hipocresía, sin traer la luz verdadera a los que estaban en tinieblas, entonces no habrían sido culpables de pecar contra la luz que no habían visto, pero ahora la ceguera de ellos era voluntaria. Los judíos tuvieron muchas oportunidades para creer en Cristo, por las cuales tendrían que dar cuenta (Mat. 11:21-24; 12:41, 42; Luc. 12:42-48). No tenían excusa alguna. Tuvieron el privilegio de andar en la luz y rehusaron hacerlo. Por lo tanto, eran culpables no solamente de no aceptar la luz, sino también de rechazarla.

Satanás no quiere ser estorbado; ("¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno?" Mar. 1:24). Así dicen los mundanos ahora; así dicen los que están en el error religioso. ¡Déjenos en paz! ¡No nos moleste!



15:23 El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece. -- Porque "Yo y el Padre uno somos" (10:30); "El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió" (12:44); "y el que me ve, ve al que me envió" (12:45); "el que me recibe a mí, recibe al que me envió" (13:20); "Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais" (14:7); "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (14:9). Repetidas veces Jesús afirma su identidad con el Padre. Por eso, el rechazamiento de Cristo exponía claramente que en realidad el pueblo aborrecía a Dios. Así pues, los judíos seguían leyendo la Escritura en la sinagoga y adorando a Dios en el templo, pero al aborrecer a Cristo, confirmaban que aborrecían a Dios. ¡Adoraban a Dios y al mismo tiempo lo aborrecían! ¡Qué conducta tan extraña!



15:24 Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; (el pecado de haberlo rechazado) pero ahora han visto y han aborrecido a mí a mi Padre. -- En 15:22 Jesús dice que "Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado", y en 15:24 se refiere a sus obras. Las palabras de Jesús y las obras de Jesús eran adecuadas para convencer a todos los judíos (3:2; 9:30-33), y para convencer a todos ahora. Sin lugar a dudas, si los judíos lo hubieran juzgado objetivamente, esto es, según su enseñanza y sus señales, lo habrían recibido como el prometido Mesías (1:34, 41, 45, 49; 4:42; 6:69; 9:38; 11:27; 20:28), en lugar de acusarle de echar fuera demonios por el poder de Beelzebú.



15:25 Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: -- "Su ley", la ley que leían y citaban y con todo desprecio ignoraban e invalidaban (Mat. 15:3). Esa misma ley -- su ley -- les juzgaba y condenaba (5:46, 47), porque hablaba de Cristo. De hecho, en esos mismos momentos el plan de Dios claramente expuesto en las Escrituras estaba en el proceso de cumplirse.

-- Sin causa (justa, legítima) me aborrecieron. -- Sal. 35:19; la ley incluía los salmos.



15:26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, -- El odio del mundo sería severo, pero los apóstoles no estarían solos, porque el Espíritu Santo estaría con ellos para ayudarles y consolarles. Les había dicho que el "Padre ... os dará otro Consolador", 14:16; ahora Jesús dice, "a quien yo os enviaré del Padre". En esto no hay ninguna contradicción, porque "Yo y el Padre uno somos" (10:20). Jesús ya había afirmado que "todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente" (5:19; 6:44; 12:32; 10:28-30). Aquí otra vez Jesús afirma la prominencia de su propia autoridad, porque el enviar al Espíritu Santo era acción tanto del Hijo como del Padre.

Cristo envió al Espíritu Santo; ¿indica esto que el Espíritu Santo era inferior a Cristo? De ninguna manera. Tampoco indican inferioridad los textos que dicen que el Padre envió al Hijo; más bien establecen claramente la identidad de Cristo con el Padre, como también este texto (15:26) indica la identidad del Espíritu Santo con Cristo. Algunos hermanos que profesan ser "conservadores" propagan la herejía de que cuando Cristo vino a la tierra se despojó a sí mismo de sus atributos divinos (omnipotencia, omnisciencia, etc.), y que no tenía poder inherente (poder en sí mismo), sino que tuvo que recibir poder del Espíritu Santo. Es cierto que muchos textos dicen que Cristo recibió poder del Padre y del Espíritu Santo, pero tales textos no indican inferioridad, sino identidad. Podemos afirmar con toda confianza que aquí en la tierra Cristo era Dios porque demostraba repetidas veces la omnipotencia, la omnisciencia y otros atributos divinos. (Algunos hermanos tratan de suavizar su herejía diciendo que Cristo sí tenía los atributos divinos, pero que nunca los demostraba; es decir, no usó su propio poder para hacer milagros, perdonar pecados, etc. Esta teoría es la misma que la otra, sólo con otro vestido para engañar a los ingenuos. Es igualmente falsa).

-- el Espíritu de verdad (Efes. 6:17; 1 Jn. 5:6), el cual procede del (lado del) Padre, -- "La preposición pará ... indica posición y no fuente) (Westcott, citado por AH).

-- él dará testimonio acerca de mí. -- El es llamado el Espíritu de Dios y también el Espíritu de Cristo (Rom. 8:9; Gál. 4:6; Fil. 1:19; 1 Ped. 1:11). Su obra principal sería dar "testimonio acerca de" Cristo (16:13-15). Los apóstoles recibirían fuerte apoyo del Consolador. El no evitaría la persecución del mundo, pero daría la fuerza necesaria a los apóstoles para soportarla.



15:27 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio. -- Luc. 1:2; Hech. 1:21, 22. Darían testimonio doble, porque testificarían de lo que ellos mismos habían visto, y también darían el testimonio del Espíritu Santo (JWM).



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