lunes, noviembre 22

COMENTARIO DE HECHOS DE LOS APOSTOLES CAPITULO 10

Hechos 10



El evangelio es para todos



Lucas relata con muchos detalles la conversión de Cornelio y su casa, porque no fue simplemente otro caso de conversión, sino la conversión de los primeros gentiles. A través de la historia podemos ver que los gentiles llegaban a ser hijos de Dios al convertirse en judíos por medio de la circuncisión, y observamos en Hechos 2:10 que había prosélitos entre los judíos que escucharon el evangelio y probablemente había prosélitos entre los tres mil que obedecieron al evangelio (ver. 41). Para los judíos, el bautismo de estos prosélitos era completamente aceptable, porque a través de la circuncisión éstos ya se habían hecho judíos. Eran, pues, prácticamente iguales a los judíos. Se llamaban "prosélitos de justicia" o "del santuario".

Pero la conversión de este centurión romano y su casa abre una nueva etapa, pues ahora los gentiles llegan a ser hijos de Dios sin la circuncisión (sin llegar a ser judíos). A veces los gentiles como Cornelio se llamaban "prosélitos de la puerta", pero no eran circuncisos y aunque asistían a las sinagogas, los judíos no los recibían en sus casas ni entraban en las casas de ellos.

Esta cuestión causó problemas muy serios en la iglesia, como se ve en Hechos 15 y también en las cartas (especialmente la carta a los gálatas).



10:1 -- Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión (comandante sobre cien soldados) de la compañía (la cohorte, LBLA, "unidad militar romana compuesta de varias centurias, margen LBLA) llamada la Italiana, -- Lucas dedica una parte significativa del libro a este hombre, porque él es el primer converso gentil. Los apóstoles entendían que habían de predicar el evangelio a todas las naciones (Mat. 28:19; Mar. 16:15; Hech. 1:8; 2:39), pero hasta ese momento no entendían que los gentiles incircuncisos podían obedecer al evangelio para ser salvos. Al convertirse Cornelio, se abrió la puerta para que todas las naciones pudieran oír el evangelio para ser salvas, sin tener que llegar a ser judíos por medio de la circuncisión.



10:2 -- piadoso -- reverente, obediente.

-- y temeroso de Dios con toda su casa, -- Cornelio no era un prosélito. Si hubiera sido circuncidado, Pedro y los otros podrían haber comido con él sin problema alguno. Los temerosos (phoboumenos) de Dios se mencionan también en 13:16, 26. Así se llamaron los gentiles que creían en Dios, oraban a Dios, y asistían a las sinagogas para oír la palabra de Dios. Otro término se usa para hablar de los mismos: sebo (adorar, ser temeroso, ser piadoso) 13:50; 17:4, 17 ("judíos y piadosos"). La misma palabra describe a Lidia (16:14) y a Justo (18:7).

-- y que hacía muchas limosnas al pueblo, -- es decir, al pueblo judío (10:42; 26:17, 23; 28:17). Compárese el centurión de Luc. 7:5 que edificó una sinagoga para los judíos. Probablemente el centurión recibía un buen sueldo. Cornelio hacía muchas limosnas al pueblo con su propio dinero. Mucha gente que se dedica a la obra benévola solamente gasta el dinero de otros (Coffman).

-- y oraba a Dios siempre. -- Guardaba las horas de oración, ver. 30. Al saber de las buenas cualidades de este hombre, ¿cuántos dirían que a este hombre le faltó algo? Muchos dirían que era un buen cristiano, pero aunque en algunas cosas Cornelio era un hombre ejemplar, Pablo dice que todos hemos pecado (Rom. 3:23) y que todos necesitan del perdón de Dios a través de Cristo.



10:3 -- Este vio claramente en una visión, -- esta experiencia no era como un sueño confuso. El sabía con toda seguridad que un ángel de Dios le había visitado, le había hablado, e incluso le había dado instrucciones específicas que tenían que ser entendidas sin confusión alguna.

-- como a la hora novena del día (a las tres de la tarde), que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. -- Dios conoce a todo hombre, cómo se llama, dónde vive, qué hace, y cómo es. Que sepamos este ángel no tenía alas.

Al estudiar este texto nos urge observar el propósito verdadero de la visita del ángel. No fue para producir fe en el corazón de Cornelio, porque Pedro dijo, "Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen" (Hech. 15:7). El ángel no le apareció para animarle a buscar al Espíritu Santo. No le visitó para decirle, "Cornelio, tus pecados son perdonados". El ángel no le dejó regocijándose (Hech. 8:39; 16:34). ¿Por qué, pues, le apareció?



10:4 -- El, mirándole fijamente, y atemorizado, -- Aquí está un soldado romano, un centurión, que seguramente era un hombre valiente, pero cuando el ángel de Dios le habló, se llenó de temor. El fenómeno sobrenatural registrado en la Biblia llevó a cabo los propósitos de Dios y hoy en día nadie tiene experiencias semejantes. Sin embargo, es indispensable que todos entiendan que la religión de Cristo es una religión sobrenatural, y los que rechazan lo sobrenatural de ella que tan claramente se revela en las Escrituras, no pueden ser salvos.

-- dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. -- Este es el lenguaje del sistema sacrificial para indicar que Dios aceptó el servicio que le ofreció Cornelio (Lev. 2:2, 9, 12; Fil.. 4:18; Heb. 13:15, 16). ¿Oye Dios la oración del pecador? Dice Prov. 28:9, "El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable", pero Cornelio no apartó su oído para no oír la ley de Dios, sino que le escuchaba con reverencia. Un hombre expresó la verdad general de que "Dios no oye a los pecadores" (Jn. 9:31), pero Cornelio estaba sirviendo a Dios lo mejor que podía. Dios no mandaba a los gentiles a que se circuncidaran ni que guardaran la ley de Moisés y hasta esta ocasión no le había sido posible obedecer al evangelio de Cristo. Por eso, Cornelio no se puede comparar con los que por alguna razón solamente oran a Dios pero que no obedecen al evangelio. Los que son "adoradores sinceros" deben escudriñar las Escrituras (Hech. 17:11) para saber lo que Dios requiere de ellos para obedecerle cuanto antes. Cornelio hacía todo lo que podía hacer, pero hoy en día la gente que sigue orando sin obedecer no hacen todo lo que pueden para que Dios les acepte. La oración no substituye la obediencia. Ananías no le dijo a Saulo que siguiera orando por otros tres días para ser salvo, sino que se levantara para bautizarse (Hech. 22:16).



10:5 -- Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. -- Ahora los gentiles tendrán la oportunidad de obedecer al evangelio. Por eso, era necesario que oyeran el evangelio y Pedro dijo, "Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen" (15:7), porque Jesús le había dicho, "Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos" (Mat. 16:19). Como Pedro empleó estas llaves para abrir la puerta a los judíos (Hech. 2, el día de Pentecostés), así también ahora le tocará a Pedro abrir la puerta a los gentiles.



10:6 -- Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas. -- "El te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa" (11:14). Según la idea de muchos evangélicos, si algún ángel nos visitara, sería para decirnos que nos regocijáramos porque Dios nos había salvado (u otro mensaje semejante), pero la visión de Cornelio no le salvó, sino que este ángel apareció para decir a Cornelio que buscara a Pedro para que le dijera lo que debería hacer para ser salvo. Compárense 9:6; Rom. 1:16; 10:17.

Si todo el propósito de traer a Pedro fue para que le dijera qué hacer para ser salvo, ¿por qué no le dijo el ángel mismo lo que debería hacer? Porque el plan de Dios es que los hombres prediquen a los hombres. El ángel envió a Felipe para que predicara al eunuco y ni siquiera el Señor Jesús le dijo a Saulo lo que debería hacer, sino que le envió a Damasco para que Ananías le enseñara.



10:7 -- Ido el ángel que hablaba con Cornelio, éste llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían; -- Al salir el ángel Cornelio obedece inmediatamente. La palabra devoto indica que también este soldado era "temeroso de Dios" (ver. 2, notas).



10:8 -- a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo. -- En esto vemos otra cualidad buena de Cornelio. Siendo centurión él no estaba obligado a explicar nada a sus siervos y soldados, pero siendo hombre de carácter y gentileza les considera y les explica lo que había pasado para que entendieran el propósito de su viaje. Desde luego, el soldado "devoto" estaba muy interesado en el asunto. Parece que salieron esa misma tarde para hacer el viaje de unos 45 kms. para llegar al día siguiente después de medio día.

El comentarista Adam Clarke compara el caso de Jonás con el de Pedro, puesto que los dos fueron enviados desde Jope para predicar a los gentiles.



10:9 -- Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta (al medio día). -- Los terrados de los israelitas se usaban para el culto a los ídolos (Jer. 19:13; Sof. 1:5), pero Pedro "subió a la azotea para orar" a Dios. Los apóstoles persistían "en la oración y en el ministerio de la palabra" (6:4). "Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz" (Sal. 55:17; Dan. 6:10). Tanto Pedro como Cornelio recibieron mensajes de Dios cuando oraban.



10:10 -- Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; -- 11:5; 12:11; 22:17. "Extasis: Arrobamiento del alma, que se siente transportada fuera del cuerpo" (Larousse); "condición en la cual se desvanecía la conciencia ordinaria y la percepción de las circunstancias naturales, y el alma quedaba sólo sensible a la visión impartida de Dios" (Vine).



10:11-14 -- y vio el cielo abierto (7:56), y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo (tanto inmundos como limpios). Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. -- Pedro se atrevió a discutir con Dios porque la ley de Moisés explícitamente condenaba el comer animales inmundos. "De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, éste comeréis" (Lev. 11:3, Deut. 14:3-20). Los otros fueron clasificados por la ley de Moisés como inmundos. En cuanto a la violación de estas leyes, véanse Lev. 11:24, 40; 17:15.

La ley de Moisés ya no estaba en vigor. Hacía varios años Cristo la había clavado a la cruz (Col. 2:14-17). El sacerdocio había cambiado y, por eso, hubo cambio de ley (Heb. 7:12). Sin embargo, difícilmente se apartaban los judíos de sus prácticas tradicionales (Rom. 14:3-5). En esta visión Pedro aprendió claramente que esa ley quedó cumplida y que ya no estaba en vigor.

Aun antes de morir en la cruz Jesús dijo, "¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina?" Y Mateo agrega: "Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos" (Mar. 7:18, 19). Sin embargo, Pedro habla de lo que él jamás había hecho, y lo que los hombres siempre han hecho o no han hecho llega a ser, para la mayoría de la gente, el criterio de su vida.



10:15 -- Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. -- Este es el punto clave del capítulo. La ley de Moisés se había cumplido y quitado. Ya no estaba en vigor la sombra o figura de la ley de Moisés, sino la substancia y la realidad de la ley de Cristo. En 1 Tim. 4:3-5 Pablo habla de la apostasía de los que "prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado". A los colosenses dice (2:16), "Por tanto, nadie os juzgue en comida".



10:16 -- Esto se hizo tres veces; -- Se hizo tres veces para que quedara bien grabada en la mente de Pedro.

-- y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo. -- La visión de Pedro confirmó la visión de Cornelio, como la visión de Ananías confirmó que Saulo vio al Señor en el camino a Damasco.



10:17 -- Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, -- Imagínese la perplejidad de Pedro: ¡una visión celestial le dice que debe hacer algo que en toda la vida no había hecho! Pronto había de entender la relación entre el comer la carne de animales inmundos y la predicación a los gentiles (ver. 28, 34, 35). En otra ocasión Jesús le dijo: "Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después" (Jn. 13:5-7); así fue en esta ocasión: "estaba perplejo" pero pronto entendería el significado de la visión.

-- he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. -- Todo esto fue dirigido por Dios quien hizo llegar a estos hombres en el momento en que tenía preparado a Pedro. Compárese 8:26, 27, el encuentro de Felipe y el eunuco. La llegada de estos mensajeros de Cornelio explicará el propósito de la visión acerca de lo inmundo que Dios había limpiado.



10:18-20 -- Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu (ignoramos cómo le habló el Espíritu): He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. -- Pedro había de ir con ellos (aunque eran gentiles) sin dudar, sin vacilar, sin tener mente dividida, (Rom. 14:23; Sant. 1:6). En Rom. 4:20 se traduce "no titubeó, LBLA). Están a la puerta porque Dios les había enviado. Pedro nunca hubiera ido con ellos sin mandamiento de Dios, pero el Señor le dijo que "yo" (yo enfático) los he enviado. Ahora comienza a entender la visión. El comer la carne de animales inmundos se interpretaba como el comer y asociarse con los gentiles. Las dos visiones de Cornelio en Cesarea y la de Pedro en Jope enseñaban la misma verdad: ahora Dios llama a judíos y a gentiles a la salvación y a su reino y gloria mediante el mismo evangelio (1 Tes. 2:12; 2 Tes. 2:14).



10:21 -- Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido? -- Pedro entendía que Dios le iba a enseñar alguna verdad nueva, que el Espíritu Santo había enviado a estos tres hombres, y que él había de ir con ellos. Lo demás lo iba a aprender de ellos y de Cornelio.



10:22 -- Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, -- Ellos agregan algo más a lo que Lucas dice (ver. 2) acerca del buen carácter de Cornelio. Cornelio no era "varón justo" por no haber pecado, sino porque él respetaba y guardaba la ley de Moisés en lo que le afectaba. Si los judíos lo respetaban, tenía que ser hombre excepcional. Lucas habla de otro centurión romano que fue respetado por los judíos (Luc. 7:1-5).

-- ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras. -- Cornelio no aprendió el evangelio por medio de la visión que recibió, ni por medio del ángel que le habló, sino que (como Pedro explica después, 15:7), "Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen".



10:23 -- Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. -- De la manera más breve Lucas dice, "los hospedó", pero eso fue un momento histórico. Desde ese momento hubo un cambio monumental en la vida de Pedro. En ese acto hizo a un lado la costumbre de toda la vida pasada. Hizo lo que jamás había hecho.

-- Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope. -- Sin duda Pedro explicó todo el asunto a estos hermanos, como Cornelio lo explicó a sus siervos y el soldado devoto. Según la ley se requería que dos o tres testigos confirmaran cualquier testimonio (Deut. 19:15; 2 Cor. 13:1), pero Pedro llevó seis testigos (11:12). Seguramente sabía que sería criticado por comer con gentiles (11:2, 3).



10:24 -- Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. -- Probablemente estos eran temerosos de Dios como Cornelio. En esto se ve otra cualidad buena de Cornelio. Amó a su parientes y amigos y quería compartir con ellos esta gran bendición de Dios. ¡Aquí está la base y la esencia de la verdadera obra personal! Cornelio era hombre de influencia. Aunque era un militar no hemos de suponer que él obligara a sus parientes y amigos a que se reunieran para escuchar el evangelio. Era buen hombre, justo, y dadivoso; tales hombres tienen buena influencia.



10:25 -- Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. -- Esto nos extraña porque Cornelio era hombre "temeroso de Dios", pero aunque era un hombre ejemplar, todavía le faltaba entendimiento. Sin embargo, aun el apóstol Juan se postró a los pies de un ángel para adorarle (Apoc. 19:10); a él también le faltó entendimiento, porque el ángel le dijo, "Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos ... Adora a Dios". Seguramente en la mente de Cornelio Pedro tenía que ser un hombre muy importante porque un ángel de Dios le dijo que lo trajera. Este militar romano mostró mucha humildad al postrarse a los pies de un judío pescador.

Este texto demuestra claramente que el adorar es un acto. No es un sentimiento o emoción, sino algo que se hace. La palabra adorar traduce proskuneo, un verbo transitivo que significa hincarse hacia y se usa de adorar a Dios (Mat. 4:10; Jn. 4:21-24; 1 Cor. 14:25; Apoc. 4:10); de adorar a Cristo (Mat. 2:2, 8, 11; 8:2; 9:18; 28:8, 17; Jn. 9:38; Heb. 1:6); de adorar al dragón (Apoc. 13:4); de adorar demonios (Apoc. 9:20); y de adorar ídolos (Hech. 7:43). Así, pues, este verbo siempre se asocia con el hacer y no con el sentir. El culto prescrito por el Nuevo Testamento son actos: cantar, orar, predicar, participar de la cena del Señor y ofrendar. (Coffman).



10:26 -- Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre. -- Algunos minimizan el acto de adoración de Cornelio y explican lo que él pensaba. Pedro no sabía el pensamiento de Cornelio pero lo que Cornelio hizo no era correcto y le dijo, "Levántate, pues yo mismo también soy hombre".

En esto hay aun más evidencia de que Pedro no era el primer Papa de la iglesia. ¿El Papa de Roma habla así a los que se hincan delante de él? Aun tenemos que preguntarnos si rechazaría "toros y guirnaldas" (14:13).



10:27 -- Y hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido. -- Lucas no relata esta conversación. Los muchos que se habían reunido eran "los parientes y amigos más íntimos" (ver. 24), cuya presencia indica la prominencia e influencia de Cornelio.



10:28 -- Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable (ilícito, LBLA) es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; -- La ley de Moisés edificó "una pared intermedia de separación" entre judíos y gentiles. Era necesario que los judíos fueran un pueblo apartado de los gentiles para que no participasen de sus prácticas corruptas (Lev. 18:24-30; Deut. 7:3-12). A través de la nación de Israel Dios iba a enviar al Cristo, el Salvador del mundo.

-- pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; -- Cristo quitó la "pared intermedia de separación" y reconcilió a los judíos y gentiles en un solo cuerpo (Efes. 2:14-16).

Pedro dice, "a mí me ha mostrado Dios". Esto es un buen ejemplo de la inferencia necesaria, porque Pedro tuvo que relacionar la visión con el mandamiento del Señor de ir con los gentiles. Dios ha revelado su voluntad, pero requiere que los hombres usen su inteligencia para entenderla.



10:29 -- por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. -- Cuando el Señor le dijo, "Levántate, Pedro, mata y come", Pedro sí replicó, pero cuando el Señor le dijo que fuera con los hombres que El había enviado, él fue "sin replicar" y sin demorar.

-- Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir? -- Al escuchar la explicación de Cornelio Pedro podía comparar su propia experiencia (el éxtasis, la visión, la instrucción del Espíritu) y todo quedó claro en su mente.



10:30 -- Entonces Cornelio dijo: hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, (compárese 1:10, 11). -- Ver. 3. No hay detalles adicionales en este relato de Cornelio.



10:31-33 -- y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios. (Ver. 4). Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro (Juan 1:41, 42), el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. (Vers. 4, 5). Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado. -- Con mucha reverencia Cornelio atribuyó el asunto a Dios, reconoció que Pedro era el mensajero de Dios, no se ofendió cuando Pedro explicó que era ilícito que el judío se juntara con gentiles, y su único pensamiento era ¿qué es lo que Dios quiere que hagamos?

¡Qué buena actitud! ¡Qué buena audiencia! ¡Qué buen ejemplo de la semilla "que cayó en buena tierra" (Luc. 8:15)! Es interesante comparar Cornelio con el centurión de Luc. 7:1-10 que respetó la autoridad de Jesús.

¿Cuántos pueden decir con toda sinceridad que están dispuestos a oír y recibir "todo lo que Dios" ha mandado? ¿Decimos de corazón que estamos dispuestos a recibir la enseñanza de Jesús, cueste lo que cueste? Mat. 5:28-30, 32; 10:34-39; 19:9; 28:19; Luc. 14:33; etc.

Cornelio quería "oír todo lo que Dios te ha mandado" y Jesús había dicho a los apóstoles, "enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mat. 28:20). Cornelio quería lo que Jesús requería.



10:34 -- Entonces Pedro, abriendo la boca (Mat. 5:2; 13:35; Hech. 8:35; 18:14, una forma solemne de empezar a enseñar), dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, -- Pedro quedó completamente convencido que un ángel había hablado con Cornelio y que le había "mostrado" en la visión que Dios ya no hace acepción de personas; es decir, ahora los gentiles también pueden obedecer al evangelio y ser salvos. No serían cristianos secundarios sino "conciudadanos de los santos" (Efes. 2.19). Hacer "acepción de personas" significa no recibir o tratar a otros según lo que en realidad son, sino conforme a sus circunstancias externas (por ejemplo, su género, estado, raza, color, nacionalidad, nivel económico, etc., Gál. 3:28).

Lo que Pedro afirma aquí es el "misterio" del cual Pablo habla en Efes. 3:3-6, "... que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio". ¡Lección dura para los judíos! Muchísimos judíos nunca aceptaron esta verdad. Aun muchos judíos que eran miembros de la iglesia no la aceptaron. Era una verdad muy humillante para ellos. ¿Cómo era posible que después de tantos siglos de ser el pueblo escogido, Dios ahora dejara de hacer acepción de personas? ¿Desde ahora los judíos no serán su "pueblo escogido"? ¿Dios estará aceptando a los gentiles sin que primero lleguen a ser judíos? ¡Increíble!

El gran conflicto entre el apóstol Pablo y los judaizantes tuvo que ver con este asunto, porque éstos insistían en que los conversos gentiles se circuncidaran para llegar a ser judíos, y de esa manera llegar a ser verdaderos hijos de Dios.



10:35 -- sino que en toda nación (no solamente en la nación de los judíos) se agrada del que le teme y hace justicia (sin circuncidarse para llegar a ser judío). -- Entonces la enseñanza acerca de la predestinación de algunos para vida eterna y de otros para condenación es una falsa doctrina. Hacer justicia significa obedecer los mandamientos del Señor (Mat. 3:15; Sal. 119:172). En seguida Pedro dice que "todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre" (ver. 43); por lo tanto, creer en Cristo no significa la fe sola, sino que equivale a hacer justicia. Compárese Rom. 1:5, "la obediencia a la fe"; Rom. 16:26, "para que obedezcan a la fe". La palabra hace es la palabra obra (ergazomenos); Dios se agrada del que le teme y obra justicia.

Pablo dice (Rom. 4:4), "Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda". En este texto ocupa la misma palabra (ergazomeno). Entonces, ¿hay conflicto entre lo que Pablo dice y lo que Pedro dice? Claro que no. Tampoco hay conflicto entre Rom. 4:4 y Rom. 1:5; 16:26. Para ser salvos debemos reconocer que hemos pecado y que estamos "destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3:23), y que, por eso, necesitamos el perdón de Dios que El ofrece a los que obedecen al evangelio (Hech. 2:38). Al obedecerle aceptamos su gracia, su salvación que se ofrece gratuitamente a todos (Rom. 6:23). El obrar justicia significa, pues, cumplir con los mandamientos del evangelio.

Pero en Rom. 4:4 Pablo no se refiere a los que obran justicia (los que obedecen al evangelio, 1:5; 16:26), sino a los que quieren salvarse solos como si nunca hubieran pecado y como si fueran perfectos. Estos no buscan la gracia de Dios. No tienen interés alguno en Cristo y el evangelio.

Como dice a Tito, "nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación del Espíritu Santo" (Tito 3:5). Por bueno que sea, ningún hombre puede salvarse solo, por su buena vida o por sus buenas obras, sino que tiene que aceptar la misericordia de Dios a través del evangelio, siendo bautizado para perdón de sus pecados y para recibir el don del Espíritu Santo. Compárese Tito 3:5 con Hech. 2:38.



10:36 -- Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; -- Lo que Lucas escribe aquí es, desde luego, una condensación breve del sermón de Pedro. "Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos (gentiles), y a los que estaban cerca (judíos)" (Efes. 2:17).

-- éste es Señor de todos. -- Este es el mensaje central de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. En este segundo tratado Lucas sigue proclamando el mismo pensamiento. Jesucristo "es Señor de todos"; este fue el tema de Pedro en esta ocasión, como siempre era el tema de la predicación apostólica, y debe ser el tema de la predicación ahora. Fil. 2:10, 11.

En esta oportunidad Pedro predicó a Cristo: sus obras, su muerte, sepultura y resurrección, que El es Señor de todos, que El será el Juez de todos en el día final, y que el hombre recibe la remisión de pecados por medio de la fe en El.



10:37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: -- Porque, como Pablo dijo al rey Agripa, "no se ha hecho esto en algún rincón" (26:26). Habían oído del ministerio de Juan.



10:38 -- cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. -- Algunos emplean este texto -- combinado con Fil. 2:7 -- para enseñar que cuando Cristo vino a la tierra, se despojó de sus atributos divinos, que el único poder que tenía era el poder recibido del Espíritu Santo, y que el poder que El tenía era igual al poder que los apóstoles tenían. Tal enseñanza niega la Deidad de Cristo, porque hubiera sido imposible que El siguiera siendo Dios sin los atributos de Dios. La expresión "se despojó a sí mismo" (Fil. 2:7) se explica en el mismo versículo: es decir, "tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres". Este texto simplemente dice que Cristo, sin dejar de ser Dios, llegó a ser hombre también. Bien sabemos que durante su ministerio personal El perdonó pecados (Mar. 2:5), se identificó con el "Yo Soy" de Ex. 3:14 (Jn. 8:58), y en toda manera posible demostraba los atributos de Dios. Aun cuando era bebé, fue adorado por los magos (Mat. 2:11).

Al decir que "Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret" Pedro se refiere a Mat. 3:16, 17. Cuando Jesús fue bautizado, el Espíritu Santo vino sobre El como paloma; de esta manera -- pública y visiblemente-- Jesús de Nazaret fue ungido y proclamado como el poderoso Mesías. Dios (Padre, Hijo, Espíritu Santo) es uno, con un solo propósito y con perfecta unidad de acción. Era necesario identificar al hombre Jesús, quien se conocía simplemente como el hijo de José y el carpintero de Nazaret, como el Hijo de Dios (igual a Dios, Jn. 5:18), y para hacerlo, "los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia". ¡Aquí están unidos los tres: Dios el Padre (hablando desde el cielo); Dios el Espíritu Santo (descendiendo sobre El como paloma); y Dios el Hijo.

Jesús dijo, "Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre ... " (Juan 14:26) y también, "Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre ... " ¿Significan estas frases que de alguna manera el Espíritu Santo es inferior al Padre y al Hijo porque ellos lo envían? Claro que no. Los tres son Uno.

No es correcto, pues, enseñar que Jesús no tenía poder o autoridad en sí mismo. No es correcto enseñar que El no tenía poder inherente, o que no tenía autoridad inherente. Es imposible ser Dios y estar desprovisto de los atributos de Dios. Es imposible ser Dios y estar reducido al nivel de los apóstoles.



10:39 -- Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; -- "Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea", pero nosotros (los apóstoles) somos testigos de Cristo.

-- a quien mataron colgándole en un madero. -- 5:30; 13:29; 1 Ped. 2:24. Se emplea la palabra madero en lugar de cruz para recordarnos que Cristo fue "hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)" (Gál. 3:10).



10:40 -- A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; -- Compárese el sermón de Pedro en el cap. 3:13-16 en el cual forma un contraste entre lo que los judíos hicieron y lo que Dios hizo con respecto a Cristo. La resurrección de Jesús fue el clímax de los eventos que probaron que El "es Señor de todos". La resurrección de Jesús es el tema central de la predicación de los apóstoles.



10:41 -- no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, -- Los apóstoles no eran los únicos testigos oculares de la resurrección de Cristo (más de quinientos hermanos lo vieron); más bien eran hombres escogidos y ordenados por Dios para ser testigos especiales.

-- a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. -- Luc 24:41-43. Recuérdese que los apóstoles no creyeron a las mujeres cuando éstas testificaron que Jesús había resucitado (Luc. 24:11; Mar. 16:14), pero éstos conocían muy bien a Jesús, pues habían estado con El por unos tres años. Durante los cuarenta días que Jesús estuvo con ellos -- después de su resurrección y antes de su ascensión al cielo -- aun comió con ellos. Por eso, no estaban equivocados ni engañados. Al comer con El no podían negar su resurrección. La primera vez que lo vieron después de su resurrección estaban "espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu", pero El les dijo, "Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo ... y comió delante de ellos" (Luc. 24:37-43). Compárese la incredulidad de Tomás (Jn. 20:24-28). Pero desde el día de Pentecostés hasta el día de su muerte los apóstoles nunca más dudaron de la resurrección de Cristo.

Los apóstoles testificaron de lo que habían visto o oído. La religión de Cristo es histórica, siendo confirmada por testigos competentes.



10:42, 43 -- Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. (17:30, 31; 24:25; Jn. 5:22-29; Apoc. 20:11-15). De éste dan testimonio todos los profetas, -- 3:24; 8:32, 33; 1 Ped. 1:10-12. Recuérdese que los "temerosos de Dios" asistían a las sinagogas de los judíos y oían cada sábado la lectura de Moisés y los profetas.

-- que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre. -- Por primera vez se ofrece el perdón a los gentiles sin que lleguen a ser judíos. Cornelio y su casa no recibirían el perdón de pecados por la circuncisión y por guardar la ley de Moisés (15:1, 5), sino por obedecer al evangelio de Cristo. "Todos los que en él creyeren" reciben perdón de pecados porque éstos son los que obedecen al evangelio (2:38, 41) como se ha observado en los casos de conversión (los samaritanos, el eunuco, Saulo de Tarso) y como se observará otra vez en este capítulo, ver. 48. En la carta a los romanos (1:5; 16:26) Pablo habla de "la obediencia de la fe".



10:44 -- Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, -- Mientras Pedro predicaba y mientras Cornelio y su casa escuchaban con toda atención y reverencia.

-- el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. -- "Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos" (11:15). Algunos enseñan que Cornelio y su casa fueron bautizados con el Espíritu Santo en base a su arrepentimiento y fe, pero todavía no habían oído las palabras que deberían oír para ser salvos (11:14); Pedro apenas había comenzado a hablar cuando el poder cayó sobre ellos. Por eso, el propósito no era para dar evidencia de salvación, sino para convencer a Pedro y a los seis hermanos (judíos) de que "también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida" (11:18). Los judíos siempre habían recibido a los gentiles con tal que éstos se circuncidaran, pero ahora los gentiles podían obedecer el evangelio y ser salvos sin circuncidarse; es decir, no tenían que convertirse primero en judíos para poder ser cristianos.

Este es otro ejemplo del bautismo con el Espíritu Santo, como Pedro explica después (11:15, 16). Dice que el Espíritu Santo cayó sobre Cornelio y su casa como había caído "sobre nosotros al principio", es decir, el día de Pentecostés. "Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo". Luego concluye diciendo que Dios "les concedió también el mismo don que a nosotros". Por lo tanto, Cornelio y su casa fueron bautizados con el Espíritu Santo. El Nuevo Testamento solamente relata estos dos ejemplos de este bautismo.

Puesto que Cornelio y su casa recibieron poder del Espíritu Santo antes de bautizarse en agua, algunos suponen que el bautismo en agua no es necesario, pero ¿por qué no dicen que Cornelio y su casa fueron salvos aun antes de caer el Espíritu Santo sobre ellos porque ya le había visitado un ángel?

La verdad es que la venida del Espíritu Santo sobre ellos no fue para salvarles, sino que probó que ahora los gentiles podían ser bautizados con agua para perdón de pecados: "Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?" (ver. 47).



10:45 -- Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. -- Se quedaron atónitos porque "cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros (los apóstoles) al principio" (11:15; 2:1-4); es decir, el poder vino directamente de Dios sobre los gentiles, como había venido sobre los apóstoles. Si primero Pedro hubiera bautizado a Cornelio y su casa y luego impuesto sobre ellos las manos para que recibiesen el Espíritu Santo (como en el caso de los samaritanos, 8:14-17), no habría habido tanta sorpresa, pero Pedro no podía decir que el Espíritu cayó "como sobre los otros que oyeron y obedecieron al evangelio", porque no había otro ejemplo comparable excepto el caso de los apóstoles en el día de Pentecostés. El caso de Cornelio fue, pues, un caso especial y cumplió lo que dijo el profeta Joel (citado por Pedro, 2:17), "Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne" (es decir, tanto sobre gentiles como sobre judíos).

Pedro dijo (11:16), "Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo"; es decir, Cornelio y su casa fueron bautizados con el Espíritu Santo.

Este capítulo registra tres milagros: (1) La visión de Cornelio, para que enviara mensajeros para traer a Pedro (ver. 3); (2) la visión de Pedro, para que fuera a la casa de Cornelio (ver. 10-16); y (3) el bautismo con el Espíritu Santo de Cornelio y su casa, para que Pedro y los seis hermanos (11:12) se convencieran que el evangelio es para todos.

"El don del Espíritu Santo" de este versículo no debe confundirse con "el don del Espíritu Santo" de Hech. 2:38. Es la misma expresión, pero es obvio que las circunstancias fueron muy diferentes. (Véase 2:38, notas). Tampoco debe confundirse con Hech. 8:14-17 (véanse notas), porque en este caso el poder del Espíritu Santo fue impartido a los bautizados, pero el poder cayó sobre Cornelio y su casa antes de bautizarse en agua.



10:46 -- Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. -- 2:4-11. "Las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos" (1 Cor. 14:22). Las lenguas de Hechos 2 convencieron a los que no creían en Cristo; las lenguas de Hechos 10 convencieron a los judíos que no creían que los gentiles podían ser cristianos sin ser judíos.



10:47 -- Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? -- Esta pregunta explica el propósito del milagro: servía para convencer a los judíos que los gentiles también pueden obedecer al evangelio y ser salvos. Si no hubiera caído el Espíritu Santo sobre estos gentiles, los hermanos judíos habrían impedido el agua para que fueran bautizados.



10:48 -- Y mandó bautizarles -- Este caso de conversión es muy importante porque Cornelio y su casa fueron los primeros gentiles que llegaron a ser cristianos. Obedecieron al mismo evangelio que los judíos obedecieron (Mar. 16:16; Hech. 2:38).

Muchos evangélicos nunca mandan bautizar a nadie, porque dicen que no es necesario bautizarse para ser salvo, pero Pedro lo mandó porque sabía que el bautismo "nos salva" (1 Ped. 3:21). Cuando Jesús les dio la gran comisión de predicar el evangelio a todas las naciones, dijo, "El que creyere y fuere bautizado será salvo" (Mar. 16:16). En el día de Pentecostés Pedro, bajo la dirección del Espíritu Santo, dijo, "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (2:38). En los otros casos de conversión presentados en este libro (los samaritanos, el etíope, Saulo, Lidia, el carcelero, etc.) la obediencia al evangelio incluye el bautismo en agua.

Según este texto Cornelio y su casa fueron bautizados por los compañeros de Pedro que no eran evangelistas como Felipe o Esteban, sino simplemente "seis hermanos". Compárese 9:10, 18, "un discípulo llamado Ananías" bautizó a Saulo de Tarso.

-- en el nombre del Señor Jesús. -- Esto no significa, como dicen los "Sólo Jesús", una fórmula que repetir al bautizar, sino que los bautizaron por la autoridad del Señor Jesús. Véase 2:38, notas. Bautizar "en el nombre del Señor Jesús" (o por la autoridad de Cristo) equivale a bautizar "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo", porque este es el bautismo enseñado y autorizado por Cristo.

-- Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.



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