jueves, noviembre 4

COMENTARIO DEL EVANGELIO DE JUAN 17

Juan 17



La oración conocida como el "Padre nuestro" (Mat. 6:9-13) no es la oración del Señor, porque contiene peticiones que El no haría, sino la explicación de cómo los discípulos deben orar. Juan 17 registra la verdadera oración del Señor, la oración que ningún hombre puede orar. Jn. 13-16 narra el discurso largo de Jesús en el cual quería animar y consolar a sus apóstoles y, muy apropiadamente, lo terminó con esta oración al Padre en la cual oró por sí mismo para que el Padre le glorificara (17:1-5), por sus apóstoles para que los guardara en su nombre, para que fueran uno, y para que los guardara del maligno (17:6-19), y por los que serían convertidos por la palabra de los apóstoles, que fueran "uno en nosotros" (17:20-26).



17:1 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo (11:41; Sal. 121:1, 2; 123:1), dijo: Padre, la hora ha llegado (12:23, 27; 13:1, 31); -- "¿Qué hora? Era la hora por la cual Jesús había venido al mundo, la hora para el cumplimiento de todas las profecías del Antiguo Testamento, la hora cuando la verdadera Pascua sería sacrificada, la hora cuando el Hijo de Dios heriría la cabeza de Satanás y llevaría a cabo el propósito de Dios de efectuar la salvación del hombre" (JBC).

-- glorifica a tu Hijo -- ¿Qué pide Jesús? ¿De qué manera quería que el Padre lo glorificara? Véanse 12:23; 13:31, "Ahora es glorificado el Hijo del Hombre". En muy poco tiempo Jesús tendría la experiencia más humillante que el ser humano podría experimentar: la crucifixión. Cristo, sin embargo, sería glorificado por su muerte en la cruz, Gál. 6:14, como también por su resurrección y ascensión. Al llevar a cabo su obra Cristo glorificó al Padre (Efes. 1:3-12), y el Padre glorificó al Hijo (Efes. 1:20-23).

-- para que también tu Hijo te glorifique a ti; -- El gran objetivo en todo esto era la gloria de Dios. Sin cesar Cristo oraba al Padre (11:41; 12:27; Mat. 11:25; Mar. 1:35; 6:46; Luc 3:21; 5:16; 6:12; 9:18, 28, 29; 11:22, 42; 23:34, 46).



17:2 como le has dado potestad sobre toda carne (Mat. 11:27; 28:18; Luc. 10:22; 1 Ped. 3:22; Col. 2:10), para que dé vida eterna a todos los que le diste. -- Esto fue el propósito de su venida (Luc. 19:10; 1 Tim. 1:15). El Padre le dio "la obra" (17:4), "los hombres" (17:2, 6, 9, 24), "todas las cosas" (17:7), "las palabras" (17:8, 14), el "nombre" divino (17:11, 12), y "la gloria" (17:22, 24).

Dicen los calvinistas que este texto se refiere a "la soberana elección de Dios, por la cual El escogió un número específico para ser su pueblo especial" (AWP), y hablan de la gracia irresistible. "Cuando Jesús se refiere a la actividad divina de traer, emplea un término que indica claramente que esto significa más que influencia moral. El Padre no se limita a rogar o a aconsejar -- ¡trae! ... indica una actividad muy poderosa -- incluso, podríamos decir, irresistible. Claro está, el hombre resiste, pero su resistencia es ineficaz" (GH). Pero la verdad es que el Padre trae a Cristo solamente a los que creen en El como el Hijo de Dios y obedecen al evangelio. Dios no puede traer a los demás a Cristo, porque su único poder para la salvación es el evangelio (Rom. 1:16). El evangelio es la única red.

"Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí" (6:45). Dicen los calvinistas que "No es cierto que 6:45 anule o, por lo menos, debilite 6:44. La expresión, Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios, no coloca en modo alguno en manos de los hombres el poder de aceptar a Jesús como Señor" (GH). Tal enseñanza hace que Dios sea responsable por la salvación del hombre, no solamente al proveer la salvación sino también en cuanto a la aceptación de ella. Aquí está la sencilla verdad que los calvinistas rehúsan aceptar: Dios sí provee la salvación, pero el hombre tiene que aceptarla.



17:3 Y esta es la vida eterna: que -- Compárese 3:19, "Esta es la condenación: que ... "; es decir, como Cristo explica la base y el camino para llegar a la condenación en 3:19 ("que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz"), aquí explica la base y el camino para llegar a la vida eterna: "que te conozcan a ti ... y a Jesucristo" (quien es el camino, 14:6; "estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Es es el verdadero Dios, y la vida eterna", 1 Jn. 5:20).

-- que te conozcan -- que "sigan conociendo" (ATR); es decir, no solamente creer que existe (Heb. 11:6), sino que continuamente se conformen a la voluntad de Dios. ¿Cuántos hombres y mujeres profesan conocer a Dios? Todos los religiosos -- y algunos que no profesan ninguna religión -- hablan de conocer a Dios. Cualquiera tendrá sus ideas acerca de Dios, y en cada oportunidad las expresa, pero este tema tan solemne se trata muy superficial y aun profanamente. Conocer a Dios no es simplemente un conocimiento intelectual, sino el ser aprobado por El por haberle obedecido para poder tener comunión con El. "Yo sé que su mandamiento es vida eterna" (12:50). "Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él" (1 Jn. 2:3, 4); "El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor" (1 Jn. 4:8). Los que conocen a Dios son los que han nacido de nuevo (o de arriba), es decir, del agua y del Espíritu (3:3, 5) y, siendo nuevas criaturas (2 Cor. 5:17), participan de la naturaleza divina (2 Ped. 1:4).

"Esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna" (1 Jn. 2:25); "y en el siglo venidero la vida eterna" (Mar. 10:30); "En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios ... prometió" (Tito 1:2); "

-- a ti, el único Dios verdadero, (los unitarios citan este texto para negar la Deidad de Cristo, pero Juan dice que Cristo es el verdadero Dios (1 Jn. 5:20); ¿pensaba excluir al Padre? Cuando Jesús dijo, "nadie conoció al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo" (Mat. 11:27), ¿pensaba excluir al Espíritu Santo quien escudriña lo profundo de Dios (1 Cor. 2:10)? Claro que no. Al hablar del "único Dios verdadero", Cristo excluía a los ídolos (que no son dioses, 1 Tes. 1:9; 1 Cor. 8:5, 6).

-- y a Jesucristo, a quien has enviado (3:17, 34; 5:23, 30, 36, 37; 6:44, 57; 8:18; 12:49; 14:24; 20:21). -- ¡y! "que te conozcan a ti, y a Jesucristo". El Padre, el único Dios verdadero, no puede ser conocido aparte del Hijo Jesucristo, y sin El no hay vida eterna. Esta es la única vez que Jesús se refiere a sí mismo como "Jesucristo"; de esta manera vuelve a afirmar que El es el Mesías que había de venir. Cristo fue enviado al mundo para revelar al Padre: 8:18; 12:45; 14:6-9; los que conocen a Cristo conocen a Dios.

"Ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios" (Gál. 4:9). "El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él" (1 Jn. 2:4).

Cristo es el Verdadero Dios



I. El Dios Verdadero.

A. Jn. 17:3, "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado". Los arianistas y socinianistas modernos (por ejemplo, mayormente los "testigos" del Atalaya) rechazan la afirmación de Rom. 9:5; Col. 2:9; Tito 2:13; 2 Ped. 1:1 que Cristo es Dios. Rechazan la afirmación de Juan de que Jesucristo es Dios (1:1; 8:58; 14:9; 1 Jn. 5:20, etc.) y enseñan que "esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a la criatura Jesucristo, a quien has enviado". ¡Imagínese! ¡para obtener la vida eterna es necesario conocer a una criatura! Juan 17:3 dice que el Padre es "el único Dios verdadero" y 1 Juan 5:20 dice que "estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna". La palabra "Este" se refiere a su antecedente inmediato: "Jesucristo". Como el Padre es el verdadero Dios, así también Jesucristo es el verdadero Dios.

B. También hay hermanos (que son conservadores en cuanto al institucionalismo) que profesan creer en la Deidad de Cristo, pero la niegan diciendo que cuando vino a la tierra se despojó a sí mismo de sus atributos divinos; es decir, el inmutable Cristo (Heb. 13:8) tuvo un cambio radical de su Deidad durante unos treinta y tres años. Según esa herejía Cristo no es verdadero Dios.

C. Apoc. 3:7, "Esto dice el Santo, el Verdadero". Algunos eruditos prefieren el antecedente remoto -- "al que es verdadero" -- pero según esto Juan hubiera dicho, "el verdadero Dios es el verdadero Dios". Para escoger el antecedente remoto (en lugar del antecedente inmediato) debe haber una razón fuerte para hacerlo. Si Juan hubiera dicho, "Este es el verdadero Mesías", nadie habría dicho que "Este" no se refiere a su antecedente inmediato.

D. ¿Habrá algo en los escritos de Juan que contradiga la afirmación de que Jesucristo es el verdadero Dios y la vida eterna? Por el contrario, lo afirma muchas veces: en El está la vida, El da vida al mundo, El es el pan de vida, sus palabras son vida, etc. 1 Juan 5:20 -- al igual que 1 Juan 1:2 -- afirma que Cristo es la vida. Desde luego la vida eterna procede del Padre, pero en los escritos de Juan siempre se relaciona la vida o la vida eterna con Cristo.

E. Si Juan no quería decir que Jesucristo es el verdadero Dios, entonces ha usado una expresión que puede entenderse mal. Al leer este texto -- así como está -- es razonable que lleguemos a la conclusión de que debemos adorar a Jesucristo como el Dios verdadero. Pero si El no es el Dios verdadero, entonces este texto nos podría engañar y causar que hagamos precisamente lo que Juan prohíbe en el siguiente versículo: adorar a los ídolos (1 Jn. 5:21). Si Cristo no es el verdadero Dios, entonces El no puede ser adorado (Mat. 4:11), y los que le adoran están adorando una criatura (Rom. 1:25).



II. Juan ya había afirmado repetidas veces la Deidad de Jesucristo.

A. 1:1, "el Verbo era Dios" (literalmente, Dios era el Verbo, así lo dice el griego para dar énfasis a su Deidad); 1:18, ha dado a conocer al Padre (¿podría alguna criatura representar y revelar al Padre? "revelar" no significa decir o escribir alguna descripción, sino revelarlo o exhibirlo en su persona; 5:30-47, hay cinco testigos seguros de la Deidad de Cristo: Juan, el Padre, las obras de Jesús, las Escrituras y Moisés; 8:19, "si a mí me conocieseis, también a mi Padre conocerías"; se identifica a sí mismo con el "Yo Soy" (Jehová, el Ser Eterno) de Ex. 3:14 (8:24, 58; 18:5); los judíos entendían perfectamente que Jesús afirmaba que El mismo era Deidad (10:33, "te haces Dios"); "El que ha visto a mí, ha visto al Padre" (14:9).

B. Después de tantas afirmaciones de su Deidad, ¿quién puede creer que en Juan 17:3 Jesús diría que El era simplemente una criatura o un dios sin los atributos de Dios? El pensamiento de Juan 17:3 es que es imposible conocer al Padre aparte de Cristo (14:6); este texto y otros (p. ej., 1 Tes. 1:9) presentan el contraste no solamente entre el Dios verdadero y los dioses paganos, sino también entre el Dios verdadero revelado a través de Jesucristo y el supuesto "Dios" de los judíos incrédulos que rechazaban a Jesucristo como su Mesías. No había Padre aparte del Padre revelado por Jesucristo. Al rechazar a Cristo también rechazaron a su propio Dios y Padre, porque ese rechazamiento indicaba que no lo conocían. El único Dios verdadero es el Dios revelado por Jesucristo. Juan 8:19: "Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conocerías". Juan 10:30, "Yo y el Padre uno somos"; Juan 12:45, "y el que me ve, ve al que me envió"; Juan 14:9, "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre".

C. Por esta razón Jesús dice (17:3) que la vida eterna requiere "que te conozcan a ti ... y a Jesucristo". Esto es precisamente el pensamiento de este texto. No tiene nada que ver con el concepto de los "testigos" (arianistas) de que Jesucristo fuera una criatura y que no era de la misma substancia con el Padre (Heb. 1:3), ni con el concepto de los hermanos que niegan la Deidad de Cristo al decir que en la tierra no tenía ningún atributo divino.



III. ¿Jesús es solamente el Señor?

A. 1 Cor. 8:6, "para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él". Los "testigos" y otros niegan la Deidad de Jesucristo diciendo que Pablo afirma que Jesucristo no es Dios (theos), sino solamente el Señor (kurios), como si el Señor fuera una criatura.

B. En el versículo anterior Pablo dice que "hay muchos dioses y muchos señores" paganos. Por eso el ver. 6 debe entenderse a la luz de esa afirmación; es decir, forma un contraste con el ver. 5. La afirmación de Pablo en el ver. 6 tiene el propósito de excluir a todos los dioses y señores paganos. Pablo no dice esto para atribuirle a Jesucristo una posición inferior al Padre. Al hablar de los dioses y señores paganos no se refiere a su rango ("señores" eran hombres deificados, por eso, dioses); tampoco habla de rango (superioridad o inferioridad) al hablar del Dios verdadero y del Señor verdadero, sino que habla de la unidad de la Deidad verdadera. El Padre es Dios y también es Señor; Cristo es Señor y también Dios. Dice Pablo que "hay un Dios, el Padre"; por eso ¿Dios el Padre no es el Señor? ¿No tiene dominio sobre el mundo? El es Dios el Padre, pero no deja de ser el Señor del universo. Asimismo Jesucristo es el Señor, pero no por eso deja de ser Dios (theos), como Pablo afirma en varios textos (Rom. 9:5; Col. 2:9; Tito 2:13).

C. Si los "testigos" no creen que el Padre es el Señor, ¿por qué traducen la palabra Señor (kurios) Jehová en muchos textos? Ellos afirman que así se debe traducir, pero son muy inconsecuentes; por ejemplo, traducen la palabra kurios Jehová en Rom. 14:4, 6 (tres veces), el ver. 8 (dos veces), y luego en el ver. 9 Pablo llama a Cristo kurios y la Traducción del Nuevo Mundo deja de traducirla Jehová y la traduce Señor. Estos traductores son arbitrarios y falsos -- rechazando su propia regla en cuanto a la traducción de kurios -- porque están resueltos a negar la Deidad de Jesucristo.

D. La enseñanza de los arianistas, socinianistas y "testigos" demuestra una profunda ignorancia de la palabra Señor; Jesucristo no podía ser Señor si no era Dios. Dios es llamado Señor en muchísimos textos. Consúltese cualquier concordancia. Por lo tanto, Pablo no dice que Jesucristo es inferior al Padre, sino que es igual al Padre (compárese Juan 5:18), y se identifica con El como el Señor de todo, diciendo "por medio del cual son todas las cosas". El afirmar que por medio de una criatura han sido creadas todas las cosas no solamente es incredulidad, sino también insensatez. (Véanse Juan 1:3; Col. 1:16, 17; Heb. 1:2). Si Jesucristo es el Creador, como estos textos claramente afirman, entonces El es Dios. Una criatura no puede ser el Creador. No puede haber omnipotencia delegada (o Dios delegado). En lugar de afirmar la inferioridad de Jesucristo, este texto afirma su igualdad con el Padre porque es Señor de todo, tiene autoridad para dar leyes a los hombres y para juzgarles en el día final.



IV. Durante su vida terrenal Jesucristo demostraba repetidas veces los atributos divinos (atributos de Deidad).

A. La omnipotencia (haciendo muchas señales que solamente Dios puede hacer); la omnisciencia (Jn. 2:24, 25; Mat. 9:4; 12:25; Luc. 5:22; 11:17, etc.); era adorado (9:38; Mat. 4:11, solamente Dios es adorado); perdonaba pecados (Mar. 2:5, solamente Dios perdona pecados), etc. No hay nada en 1 Cor. 8:6 que contradiga esta verdad.

B. El problema verdadero de los arianistas, "testigos", etc. es que no creen y no pueden aceptar que "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo" (2 Cor. 5:19) y, a menos que se arrepientan, no hay esperanza de salvación para los tales.



V. Rom. 16:27, "Al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén".

A. Los que citan este texto para afirmar que el Padre es el único Dios y que Jesucristo es una criatura rechazan el concepto bíblico de la necesidad de un Mediador (Jn. 14:6; 1 Tim. 2:5; Heb. 4:15, 16, etc.), que tiene que ser tanto Dios como hombre. El Verbo, Dios verdadero (Jn. 1:1), fue hecho carne (Jn. 1:14) para revelar al Padre (Juan 8:19; 14:9) (aparte de Jesucristo Dios no puede ser conocido), y para ser nuestro perfecto Mediador.

B. Por lo tanto, Pablo afirma en este texto que a través de Jesucristo Dios es glorificado para siempre. Muchos textos afirman esto. No hay otra manera de glorificar a Dios. Los "testigos" no pueden glorificar a Dios porque es imposible glorificarle a través de una criatura (una criatura -- por ejemplo, un ángel -- no puede representar a Dios).



VI. Juan 10:33-36, "tú, siendo hombre, te haces Dios".

A. Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?"

B. Los que rechazan la Deidad de Jesucristo argumentan que El era un dios inferior, un mero hombre como los jueces de Israel, pero los jueces no eran dioses en el sentido de poseer naturaleza divina. Además, Cristo no dijo que El era "un dios", ni mucho menos que era un dios como los jueces de Israel.

C. Jesús dice (ver. 30), "Yo el Padre uno somos". Con esto afirma su Deidad. Los judíos tomaron piedras para apedrearle por blasfemia "porque tú, siendo hombre, te haces Dios", pero eran inconsecuentes, porque nunca se quejaron de que los jueces y magistrados se llamaran dioses. En esto demostraron su prejuicio contra Cristo.

D. En el Sal. 82:6, Dios dice a los jueces y magistrados: "Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo". El nombre elohim se aplica a los jueces y magistrados de Israel porque eran representantes de Dios (así se usa en Ex. 21:6; 22:9, 28). ¿Qué derecho tenían los jueces para que se les llamara con el nombre elohim? Por una sola causa se les aplicaba este nombre: eran "aquellos a quienes vino la palabra de Dios", es decir, recibían su oficio (su autoridad) de Dios. Así es que era una aplicación sumamente limitada.

E. Desde luego, Jesús difería grandemente de aquellos jueces. Varios contrastes importantes se pueden mencionar: no se puede decir que Dios santificó y envió al mundo a los jueces, pero a Cristo sí (fue santificado o apartado por Dios y enviado al mundo para ser nuestro Salvador); los jueces eran muchos y eran hijos de Dios en el sentido general, mientras que Jesucristo era y es el unigénito Hijo de Dios (Juan 1:14, 18; 3:16); el trabajo de los jueces no se podía comparar con el trabajo de Jesucristo (Juan 10:10, 14; Mat. 20:28; etc.); y otras diferencias se pueden mencionar.

F. Pero Jesús no cita este texto para explicar -- ni mucho menos negar -- su Deidad, sino solamente para hacer callar a los rabinos, recordándoles que su propia ley -- la palabra innegable e indestructible de Dios -- llamaba dioses a los hombres que eran comisionados por Dios y que, por eso, no les convenía acusarle a El de blasfemia cuando decía que era el Hijo de Dios, porque El también había sido santificado (consagrado, apartado) por Dios y autorizado para hacer una obra de Dios.

G. Inmediatamente después de decir esto Jesús les propuso la evidencia empírica: "Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras" (Juan 10:37, 38). Fue un argumento incontestable. A los jueces "vino la palabra", es decir, su oficio o trabajo de aplicar la ley de Dios era autorizado por Dios. Entonces, cuanto más Jesús tenía el derecho de llamarse el Hijo de Dios ya que a El el Padre santificó y envió al mundo para llevar a cabo su obra. De ninguna manera dice o implica que era Dios (o el Hijo de Dios) solamente en aquel sentido en el que los jueces eran dioses. (Véanse notas sobre este texto, 10:33-36).



17:4 Yo te he glorificado en la tierra; -- 11:4; 14:13. Lo hizo al demostrar los atributos de Dios. Aunque Dios había sido glorificado de muchas maneras a través de los siglos, nunca había sido glorificado como Cristo lo glorificaba. Jesús dijo que "esta enfermedad (la de Lázaro) no es para muerte, sino para la gloria de Dios" (11:4); cuando sanó al paralítico, "la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios" (Mat. 9:8); pero ahora al llegar al clímax de su misión y obra, lo glorificaría al máximo en su muerte, sepultura, resurrección, y ascensión (12:16, 23; 13:31).

-- he acabado la obra que me diste que hiciese. -- Al contemplar su vida entera -- desde el principio de su ministerio hasta su ascensión -- podía ver una sola cosa: la glorificación del nombre del Padre (CEWD). Pensando humanamente diríamos que estas palabras deberían encontrarse después de la resurrección de Jesús, porque en estos momentos todavía le esperaba la cruz, pero habla proféticamente; es decir, para Jesús su muerte ya era una realidad y la victoria sobre Satanás y el sepulcro estaba asegurada. Dios habla del futuro como si fuera historia. Compárese Isa. 53; el profeta habla de la muerte de Cristo como si ya hubiera acontecido, unos ochocientos años antes de nacer Jesús.

Cristo dijo, "He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad" (Heb. 10:7). El vino al mundo "para poner fin a la transgresión, para terminar con el pecado, para expiar la iniquidad, para traer justicia eterna" (Dan. 9:24, LBLA).

Cuando tenía apenas doce años de edad dijo, "¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (Luc. 2:49). Durante toda su vida Jesús tuvo como propósito terminar la obra que el Padre le había dado: "Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra" (4:34); "he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió" (6:38); "yo hago siempre lo que le agrada" (8:29); "Me es necesario hacer las obras del que me envió" (9:4). Es muy importante observar y recalcar que al contemplar la cruz -- e incluso al sufrir sobre la cruz --, Jesús nunca se sintió frustrado. Con esta actitud durante todo su ministerio le fue posible expresar las palabras triunfantes, "Consumado es" (19:30).

Entonces, debería ser glorificado. "Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento" (Isa. 53:10); pero léase el resto del versículo 10 y también el ver. 12: "Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada ... Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos". "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Fil. 2:9-11). Véanse Hech. 2:32-36; Efes. 1:17-23; Apoc. 5. Había mucha distancia entre las cortes del cielo y Belén de Judea, como también entre el lavamiento de los pies de los apóstoles y el ocupar su majestuoso trono en el cielo, pero ¡gracias a Dios! Jesús pudo cumplir toda la jornada.

Cristo nos dejó un ejemplo perfecto al terminar la obra que Dios le había dado. A Pablo le encargó la obra importante de evangelizar a los gentiles, y poco antes de morir éste pudo decir, "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe" (2 Tim. 4:7). ¿Qué de nosotros? Al llegar a la conclusión de nuestra vida, ¿podremos hablar de esta manera? Al morir ¿podremos decir que hemos acabado la obra que el Señor nos dio? Esto depende de lo que sea nuestra comida (4:34).

Cristo terminó su obra en la tierra y volvió al Padre. Pedro dijo (Hech. 2:33) que Cristo ocupó su trono (el trono de David, Luc. 1:32). Por lo tanto, cuando vuelva la segunda vez no será para establecer su reino. Muchos sectarios -- e incluso algunos que profesan ser miembros de la iglesia del Señor -- enseñan que el plan de Cristo para establecer su reino falló porque los judíos no lo aceptaron. Esto contradice Hech. 2:22, 23, que dice que Cristo murió de acuerdo con el predeterminado plan y consejo de Dios.

"Esto es una opinión popular, ¡pero se establece sobre un fundamento errado! (1) El premilennialismo hace inválidas las profecías del Antiguo Testamento, porque dice que el reino no fue establecido durante el Imperio Romano como se profetizó en Dan. 2:31-45. (2) Limita el poder de Dios. Si Satanás derrotó el plan de Dios la primera vez, ¿qué seguridad habría de que no suciediera lo mismo la próxima vez? Mar. 1:14-15; 9:1. (3) Esta opinión destronaría a Cristo quien resucitó para ocupar el trono de David. Ahora está reinando sobre el pueblo de Dios tanto como Sacerdote como Rey, Hech. 2:;29-36; Ef. 1:20-23; Zac. 6:12-13. (4) Los proponentes de esta doctrina buscan un reino material y terrenal en lugar de un reino espiritual. De esa manera cometen la misma falta que los judíos que crucificaron a Cristo, Jn. 18:36-37; Luc. 17:20-21; Jn. 3:5. (5) Hacen que la iglesia sea un substituto durante el llamado "periodo de paréntesis". La iglesia, sin embargo, es el reino espiritual y estaba en el plan eterno de Dios, Mat. 16:16-18; Efes. 3:10, 11. (6) Los que niegan que el reino de Dios fue establecido representan a los escritores del Nuevo Testamento como confusos cuando éstos hablan de los cristianos como los súbditos actuales del reino, Col. 1:13; Apoc. 1:5-6; 5:9-10. (7) Para colmo de males, esta doctrina se basa en el fundamento de que Cristo no cumplió su misión y que fue crucificado porque el mundo no estaba preparado para su reinado sobre la tierra. Sin embargo, la muerte de Cristo fue predicha aun antes de que Daniel profetizara acerca del tiempo del reino, Isa. 53; Sal. 22. Su muerte fue predestinada por Dios para que fuéramos salvos, Hech. 2:23-36; 1 Cor. 15:17-22. ¿Qué más podría El hacer durante un reinado de mil años sobre la tierra que no se llevó a cabo durante su primera misión? Ef. 1:7 - compró la salvación; Mar. 9:1, prometió que el reino vendría con poder; Hech. 1:8 - el poder vendría con la venida el Espíritu Santo; Hech. 2:4 - el Espíritu Santo vino el día de Pentecostés; por eso, ¡el reino se estableció!" (RH). ¡Antes de volver al cielo Jesucristo terminó su obra aquí en la tierra! Al volver la segunda vez, quemará la tierra (2 Ped. 3:10).



17:5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese (Fil. 2:6-11). -- A través del libro Juan se refiere a la preexistencia (eternidad) de Cristo: 1:1, 18; 8:38, 58; 16:28; 17:24. Aquí en la tierra Cristo demostró su gloria divina (1:14; 2:11; Mat. 17:2; Heb. 1:3), pero la gloria celestial es incomparablemente mayor. "Exaltado por la diestra de Dios" (Hech. 2:33); "se sentó a la diestra del trono de Dios" (Heb. 12:2); "Esteban ... vio los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios" (Hech. 7:55).



17:6 He manifestado tu nombre (17:4) -- Cristo, siendo Dios, manifestó los atributos de Dios (p. ej., omnipotencia, omnisciencia, perfecto amor, perfecta santidad, perfecta justicia) y su divina voluntad a los hombres, pues al ver a Cristo vieron al Padre (14:9, es decir, una perfecta representación del Padre) y al aprender la enseñanza de Jesús aprendieron la voluntad del Padre. Cristo dijo repetidas veces que las palabras que El enseñaba eran las palabras del Padre, y que las obras que El hizo eran las obras del Padre. De esta manera El manifestó el nombre de Dios.

-- a los hombres que del mundo me diste (15:16, 19); -- Todos los hombres pertenecen a Dios (Ezeq. 18:4, "He aquí que todas las almas son mías"), pero no todos son dados a Cristo. En este texto Jesús se refiere a los apóstoles, pero también los que obedecen al evangelio son dados a Cristo por el Padre. Desde luego, el evangelio debe ser predicado a todos los hombres, pero el Padre da o trae a Cristo a los que obedecen al evangelio.

-- tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. -- Primero Jesús habla de lo que el Padre ha hecho, y lo que el Hijo ha hecho; ahora habla de lo que los apóstoles han hecho. En base a las cosas nombradas en los versículos 6-8 Jesús hace su petición por los apóstoles. Estos tenían sus debilidades, pero habían guardado la palabra de Dios. "Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel" (Luc. 22:28-30). Habían sido fieles (6:67-71), porque practicaban la verdad (3:21). Cristo es nuestro Mediador delante de Dios y intercede por nosotros con tal que guardemos la palabra de Dios (Heb. 4:15; 1 Tim. 2:5; 1 Jn. 2:2).

17:7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado (su enseñanza y sus obras), proceden de ti; -- Han discernido que la enseñanza de Jesús era en realidad la enseñanza del Padre, y de esa manera la han recibido (1 Tes. 2:13).



17:8 porque las palabras que me diste (3:34; 5:47; 6:63), -- La comunicación de la mente de Dios a la mente humana ha sido por medio de palabras. Dios dio palabras a Cristo; Cristo dio palabras a los apóstoles; los apóstoles nos han dado palabras a nosotros (1 Cor. 2:9-13). Dios no sólo ha revelado pensamientos, sino también palabras, para que su revelación fuera precisa, exacta e infalible. Estas palabras nos juzgarán en el Día Final (12:47, 48).

-- les he dado; -- "Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros" (2 Cor. 4:7). El tesoro (el evangelio) fue entregado a los apóstoles, vasos de barro. "Para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles" (2 Ped. 3:2). ¡Qué responsabilidad tan grande era la suya!

-- y ellos las recibieron (6:68), y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído (6:69; Mat. 16:16) que tú me enviaste (17:8, 18, 21, 23, 25). -- Han conocido ... han recibido ... y han creído. Reconocían la Deidad de Cristo, que El había venido del Padre y que las palabras y obras de Cristo eran las palabras y obras del Padre (5:19, 20, 30, 36), y que "todo lo que tiene el Padre es mío" (16:15).



17:9 Yo ruego por ellos (en base a lo que ha dicho acerca de ellos: que el Padre los dio a Cristo, que habían guardado las palabras del Padre que Cristo les dio, y que habían creído que Cristo había venido del Padre; ruego por ellos, este presente que me has dado, este fruto de mis labores (FLG); no ruego por el mundo, (el mundo no había sido dado por el Padre al Hijo porque no había guardado las palabras del Padre, y no habían creído que Cristo vino del Padre) sino por los que me diste; porque tuyos son, -- Después oró indirectamente por todos (17:20). Para el mundo El pide el perdón (para los que se arrepienten y le obedecen), pero aquí pide que Dios guarde (17:11, 15) a los que son suyos. Jesús ruega por los hombres que el Padre le había dado, los que le habían glorificado. Esta oración, pues, es muy específica: "por los que me diste". (Compárese Heb. 2:13, "He aquí, yo y los hijos que Dios me dio").

Pidió que el Padre perdonara a los que le crucificaban (Luc. 23:34); es decir, pidió compasión por ellos, y que el Padre les perdonara cuando se humillaran para obedecer al evangelio (Hech. 2:37, 38). El dijo, "perdónalos, porque no saben lo que hacen", pero ahora ruega por los apóstoles que habían conocido la verdad y que la habían guardado.

Jesús nos enseña que debemos orar aun por los enemigos (Mat. 5:44), y Pablo nos enseña que debemos orar por todos los hombres (1 Tim. 2:1). Hemos de dejar de orar por los del mundo solamente cuando dan evidencia clara no solamente de ser enemigos de Dios, sino también de que quieren y piensan permanecer así (2 Tes. 2:10-12; Rom. 1:28; 1 Jn. 5:16).

También en los vers. 20-26 ruega por todos sus discípulos ("los que han de creer en mí por la palabra de ellos"). Compárese Ex. 28:29, "Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entre en el santuario, por memorial delante de Jehová continuamente"; nuestro Sumo Sacerdote lleva los nombres de sus discípulos sobre su corazón al interceder por nosotros.



17:10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; -- "Todo hombre puede decir, todo lo mío es tuyo; pero solamente el Hijo puede decir, y lo tuyo mío" (Lutero, citado por FLG). Los pronombres no son del género masculino, sino del neutro. Siempre habían tenido en común todas las cosas. En esto Jesús afirma otra vez la inseparable unidad de su conocimiento, voluntad y acción con el Padre (AH). Las palabras incluyen absolutamente todo, y aseveran la absoluta comunidad de todas las cosas con el Padre (HWW).

-- y he sido glorificado en ellos. -- Porque habían reconocido y habían confesado que El es el Hijo de Dios, y llevarían este mensaje a todas las naciones. Por esta causa Jesús pide al Padre que los guarde.

Lo que se puede saber de Cristo viene por medio de los apóstoles inspirados. Cristo ha sido glorificado por los Hechos de los apóstoles. Los apóstoles eran (y a través de su palabra siguen siendo) los testigos verdaderos de Cristo (15:26; Hech. 1:8), sus embajadores (2 Cor. 5:20). Por eso, la iglesia debe perseverar en su enseñanza, Hech. 2:42; 1 Jn. 4:6.



17:11 Y ya no estoy en el mundo; -- Ahora especifica la circunstancia que le mueve a hacer esta petición. Habla proféticamente como si ya hubiera ascendido al cielo, pero habla de esta manera porque cuando Dios piensa hacer algo, su cumplimiento es seguro y, por eso, aun antes de que suceda ya es una realidad. Al volver al Padre Cristo todavía estaría en el mundo en la persona del Espíritu Santo (14:18; Mat. 28:20).

-- mas éstos están en el mundo, (15:18-21, en el mundo hostil, perseguidor, seductor y cruel) y yo voy a ti. Padre santo, (17:1, 4, 11, "Padre"; 17:11, "Padre santo"; 17:25, "Padre justo") a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, (guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, LBLA) -- 17:12, "yo los guardaba en tu nombre" (Hech. 4:12; Fil. 2:9). Cristo pidió que el Padre guardara a los apóstoles en su nombre, porque al salir Jesús de la tierra, habría peligro de que otra vez fueran esparcidos. "Líbranos del mal (o del malo, LBLA, margen)" (Mat. 6:13). Serían expuestos al odio del mundo (15:18-21) y, por eso, el cuidado especial del Padre sería muy necesario, mayormente durante los próximos tres días (cuando Jesús sería prendido, "juzgado", crucificado, y sepultado). Para estos días difíciles -- y para todo el tiempo de su ministerio -- Jesús los pone en los brazos del Padre.

-- para que sean uno, así como nosotros. -- "Ruego ... por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros" (17:20, 21). Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo son tres personas, pero son uno en comunión, en propósito y en todo aspecto de la obra, y esta unidad era el modelo perfecto para los apóstoles, y lo es para todos los discípulos. La única manera de mantener esta unidad es por medio de permanecer en la esfera de la verdad y la comunión con Dios. Mantenemos esta unión con Dios por medio de seguir oyendo, enseñando y practicando las palabras que el Padre dio al Hijo y que el Hijo y el Espíritu Santo dieron a los apóstoles (17:8, 14; 1 Cor. 2:9-14; 2 Tim. 3:16, 17).



17:12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba (eteroun, vigilar sobre, proteger, preservar de daño) en tu nombre (en la esfera de la comunión con Dios, dirigiéndoles conforme a la voluntad de Dios revelada en las palabras de Dios. Jesús, el Buen Pastor, los guardaba por medio del ejemplo de su perfecta vida personal, su enseñanza, vers. 8, 14, sus exhortaciones, advertencias y reprensiones y sus maravillosas obras); a los que me diste (17:6, notas), yo los guardé (ephulaxa, Jesús era su guarda o centinela, Hech. 5:23), y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, -- El término hijo tiene varios usos en el Nuevo Testamento. En este texto se refiere a la consecuencia (el fin o destino) de cierta clase de vida; es decir, a los que llevan una vida perdida les espera la perdición. Los "hijos de desobediencia" (Efes. 2:2, es decir, esa clase de gente) son también "hijos de ira" (Efes. 2:3) o "hijos de perdición". Véase 2 Tes. 2:3.

Cuando Jesús escogió a Judas para el apostolado él no era "el hijo de perdición". "Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera ... Los nombres de los doce apóstoles son estos: ... y Judas Iscariote, el que también le entregó" (Mat. 10:1-4). Judas podía echar fuera demonios, pero si él ya era un diablo (6:70), entonces Satanás echaba fuera a Satanás (Mat. 12:26). Junto con los otros once apóstoles Judas fue dado por el Padre al Hijo, Cristo lo había guardado y enseñado pero, a pesar de toda la ayuda que Cristo dio a sus apóstoles (enseñanza, ejemplo, poder milagroso), él cayó.

Los calvinistas están muy equivocados con respecto a Judas, porque no es cierto que él era un diablo desde el principio, sino que después cayó y llegó a ser un diablo. (Compárense 12:6, "era un ladrón" y 13:27, "Satanás entró en él").

-- para que la Escritura se cumpliese. -- 13:18. "Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar" (Sal. 41:9; este texto probablemente se refiera al caso de Ahitofel, íntimo amigo de David que llegó a ser consejero de Absalón, 2 Sam. 17:15. Este caso -- u otro semejante -- era tipo de la traición de Judas).

Esto no quiere decir que su condenación era predestinada, sino simplemente que cuando él cayó, cumplió esta Escritura. El "anticipado conocimiento" de Dios (Hech. 2:23) no afecta el libre albedrío del hombre. De su propia voluntad Judas entregó al Señor. Voluntariamente "cayó por transgresión, para irse a su propio lugar" (Hech. 1:25).



17:13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos (15:11; 16:22, 24). -- El gozo de Cristo era el gozo de perfecto amor, de perfecta pureza y de perfecta unidad con el Padre. El quería que sus apóstoles tuvieran este mismo gozo.

Los apóstoles escuchaban esta oración, y estas palabras estarían en su mente durante los días siguientes para fortalecerles y traerles gozo. Jesús los dejaría solos esa misma noche por "un poco" de tiempo; durante ese tiempo sería muy necesaria la protección del Padre porque las pruebas serían severas. De lo que se puede leer de ellos durante ese tiempo el gozo vino después de la resurrección de Jesús.

"¡Cuan maravilloso fue que Jesús pudiera hablar de gozo poco antes del beso traidor de Judas, el arresto, la condenación, los insultos ... el sangrado azotamiento, la corona de espinas y la cruz! Como el de los apóstoles nuestro gozo ha de ser encontrado en Jesucristo para que con Pablo podamos decir, 'Regocijaos en el Señor siempre' (Fil. 3:1; 4:4) (FP).



17:14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo (el dominio o reino de Satanás, Col. 1:13), como tampoco yo soy del mundo. -- 15:18-21. Por esta causa Jesús pidió que el Padre los guardara. El mundo aborrece el mensaje apostólico; por eso los persiguió, y todavía persigue a los que enseñan el mismo mensaje. Todos los que reciban el mensaje de Dios serán odiados por el mundo.



17:15 No ruego que los quites del mundo, -- Jesús pronto terminaría su trabajo aquí en el mundo, pero el trabajo principal de los apóstoles les esperaba (Mat. 28:19; Mar. 16:15; Hech. 1:8). El "autor de la salvación de ellos" era perfeccionado por aflicciones (Heb. 2:10); por eso, era necesario que ellos también se quedaran en el mundo para que de la misma manera ellos también se perfeccionaran.

Si los hubiera quitado del mundo, habría sido por medio de la muerte (Hech. 12:1, 2), y Pablo dijo que para él la muerte hubiera sido "muchísimo mejor" (Fil. 1:23) para evitar tanta persecución, pero si los apóstoles se hubieran quitado del mundo, ¿qué habría pasado con el mundo de pecadores que urgentemente necesitaban del evangelio?

"El mundo es bendecido por la presencia del cristiano (Mat. 5:13-16), y el vivir en el mundo le da al cristiano la oportunidad de la conquista y la recompensa (Rom. 8:37; Apoc. 2:26 3:21)" (JWM).

-- sino que los guardes del mal. -- "Guardar. Tereo denota (a) vigilar sobre, preservar ... Hch 12:5, Error! Reference source not found." ... Jud 1, Error! Reference source not found. (WEV). Guardar quiere decir, pues, proteger, preservar, sostener en pruebas, cuidar. Jesús ya había prometido que las ovejas que oyen su voz y le siguen "no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano", porque "Mi Padre ... es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre" (10:29). Pero algunos de los discípulos "volvieron atrás, y ya no andaban con él" (6:66), Judas iba a entregarlo, y les había dicho que Pedro iba a negarle y que todos serían esparcidos. Por eso, había mucha necesidad del cuidado del Padre para que no se perdieran (Sal. 17:8, 9; 23; 121:5-8; Ezeq. 34:11-17).

El mal equivale al maligno; como dice Juan en su primera carta (5:18), "Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca". En cuanto a este maligno recuérdense los siguientes textos del libro de Juan: "vosotros sois de vuestro padre el diablo" (8:44); "ahora el príncipe de este mundo será echado fuera" (12:31); "el diablo ya había puesto en el corazón de Judas ... que le entregase" (13:2); "después del bocado, Satanás entró en él" (13:27); "viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí" (14:30); "el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado" (16:11). También en Hechos y en las cartas hay mucha explicación o advertencia acerca del adversario. Con mucha razón, pues, Jesús ruega al Padre "que los guardes del mal (maligno)". Cristo, el Buen Pastor, los había guardado, y ahora los encomienda al cuidado del Padre.

El Espíritu Santo habla mucho acerca del cuidado de Dios de su pueblo: p. ej., "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tes. 5:23); es decir, que Dios nos guarde totalmente separados del mundo, que estemos completamente apartados del mal en todo sentido, que seamos guardados irreprensibles (sin mancha, sin arruga, Efes. 5:27), para la venida del Señor.

Dios nos guarda, pero también nos guardamos nosotros mismos: "Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee" (Luc. 12:15); "Alejandro el calderero me ha causado muchos males ... Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras" (2 Tim. 4:14, 15); "Guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza" (2 Ped. 3:17). Sin la ayuda de Dios no podríamos guardarnos, pero sin nuestra propia ayuda Dios no nos puede guardar.

La palabra retener es sinónimo de guardar: "retén la forma de las sanas palabras" (2 Tim. 1:13); "retengamos firme hasta el fin nuestra confianza" (Heb. 3:14); "retengamos nuestra profesión" (Heb. 4:14); "lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga" (Apoc. 2:25); "retén lo que tienes" (Apoc. 3:11).



17:16 No son del mundo, -- La palabra mundo significa: (1) el universo, 1:10; 17:5; (2) la tierra habitada, Mat. 24:14; (3) la humanidad, 1:29; 3:16; (4) el mundo pecador que persigue a Cristo y sus discípulos, 15:19, y (5) el mundo de los deseos malos; en su primera carta (1 Jn. 2:15-17) Juan explica el significado de la palabra mundo al decirnos "lo que hay en el mundo, los deseos de la carne (que se muestran en las obras de la carne, Gál. 5:19-21), los deseos de los ojos (los deseos carnales que emplean la vista para satisfacerse, Gén. 3:6; Josué 7:21; 2 Sam. 11:2; Job 31:1; Mat. 5:28, 29; el instrumento principal para satisfacer los deseos carnales de los ojos es la televisión), la vanagloria de la vida" (la arrogancia, la jactancia, Sant. 4:13-16; así es el humanismo, que enseña que no se necesita la dirección divina). El cristiano se separa del mundo (Rom. 12:2; Efes. 2:2; Sant. 1:27; 4:4).

Debemos esforzarnos para que el Señor diga lo mismo de nosotros ("No son del mundo"). Los que no son del mundo no están bajo el dominio de Satanás; no pertenecen al príncipe del mundo maligno y hostil. No son de él porque son de Dios. En su actitud, su conducta, su habla y en toda actividad y relación de la vida son diferentes, pues son extranjeros y peregrinos en este mundo (1 Ped. 1:17; 2:11). Su "ciudadanía está en los cielos" (Fil. 3:20).

Los discípulos de Cristo no tendrán poder para convertir al mundo si imitan al mundo. Si el mundo no puede ver una diferencia clara entre los que profesan ser cristianos y los del mundo, éstos no tendrán ningún deseo de cambiar.

Otro aspecto del mundo es la mundanalidad "respetable". Los que practican esto no van al baile y no toman licor, pero no buscan primeramente el reino de Dios, sino que lo primero en su vida es el trabajo (o el negocio) o el placer (el juego de pelota, la pesca, etc.) que en sí no son malos. Compárese Luc. 8:14, "La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto". Las bendiciones materiales son de Dios, pero pueden llegar a ser ídolos (Col. 3:5; 1 Tim. 6:9, 10). En la parábola de la gran cena (Luc. 14:15-20), los que no fueron a la cena no eran borrachos, sino que fueron detenidos por la hacienda, por cinco yuntas de bueyes, y por el matrimonio. Estos también son del mundo.

-- como tampoco yo soy del mundo. -- 15:19; 17:14. Jesús se asociaba con los pecadores para salvarlos, pero nadie podía probar que había pecado alguno en El (8:46).



17:17 Santifícalos en (en la esfera de) tu verdad; tu palabra es verdad. -- Cristo no solamente pide que Dios los guarde del maligno, sino que los santifique para la obra (2 Cor. 5:18-20). Básicamente la palabra santificar no quiere decir purificar, pues se usa de Cristo también (10:36 "al que el Padre santificó y envió al mundo"; 17:19, "yo me santifico a mí mismo"). Más bien, significa consagrar o dedicar enteramente al servicio de Dios. Compárese Ex. 40:13. Jesús ya había dicho que "tuyos eran, y me los diste" (17:6) y que no son del mundo; por eso, se habían apartado para los usos de Dios, es decir, para el ministerio de la palabra (17:8, 14; Mat. 28:19, 20; Mar. 16:15; Luc. 24:47-49; Hech. 1:8). Habían de dedicar su vida a esta Gran Comisión. Desde luego, la santificación requería que se abstuvieran de todo mal, pero básicamente tenía que ver con su dedicación a la obra. Como ya habían dejado todo por Cristo, ahora llevarían a cabo su ministerio (Luc. 14:33; Mat. 19:27; Mar. 10:29, 30).

Como los apóstoles fueron santificados en la esfera de la verdad, también todos los discípulos son santificados en la esfera de la verdad, porque no es posible santificarnos para Dios fuera de la palabra de Dios (2 Tes. 2:13). Muchísimos religiosos se santifican no en la esfera de la verdad, sino en la esfera de la doctrina humana (los mandamientos, especulaciones, teorías y opiniones de los hombres). Los que se santifican en la enseñanza humana no son santificados para Dios, sino para los hombres.

Por medio de la palabra nos consagramos al servicio de Dios y evitamos la contaminación del mundo (Tito 2:11, 12). "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tes. 5:23). "Llegamos a ser todo lo que el Señor quiere que seamos por medio de la fiel obediencia a su palabra. Esta es la santificación por la cual Jesús oró" (GNW).



17:18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. -- La comisión de Jesús era divina, y también la comisión de los apóstoles era divina, pues fueron escogidos y enviados por Cristo.



17:19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. -- En Cristo se ve la perfecta santificación o entrega total de la vida como el sacrificio por los pecados del mundo (Heb. 9:14), y en base a la santificación de El, los apóstoles podían ser santificados en la esfera de esa verdad para predicarla al mundo.

"La oración de nuestro Señor por los apóstoles es, por eso, una petición triple: a saber, que ellos fueran guardados en unidad, que fueran guardados del mundo y del diablo, y que fueran consagrados y equipados para el servicio evangélico" (JWM).



17:20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos (Hech. 15:7; Rom. 10:17), -- Primero ruega por sí mismo (el autor de la salvación, Heb. 5:9) y por los apóstoles (sus embajadores, los vasos que llevarían el tesoro, 2 Cor. 4:7) y, por último, ruega por el objeto de esta obra, los que aceptarían la palabra para ser salvos.



17:21 para que todos sean uno (Hech. 4:32, "de un corazón y un alma"; Efes. 4:3-6 en "una fe"); como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti -- El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están perfectamente unidos en el mismo propósito en la misma obra. 8:19; 14:7 (los que conocieron a Cristo conocieron al Padre); 12:45; 14:9 (los que vieron a Cristo vieron al Padre); 12:44 (los que creyeron en Cristo creyeron en el Padre); 14:21-24 (los que aman a Cristo aman al Padre); 13:20 (los que reciben a Cristo reciben al Padre); 5:23 (los que honran a Cristo honran al Padre); 15:23 (los que rechazan a Cristo rechazan al Padre).

-- que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. -- ¿Ruega Jesús solamente por la unidad de sus discípulos entre sí? No, sino que seamos uno en el Padre y en el Hijo. Muchos grupos están unidos entre sí, y se jactan de esa "unidad", pero la oración de Jesús no tiene nada que ver con la unidad de religiones humanas.

El ser uno en el Padre y en el Hijo requiere la sumisión a la enseñanza de Cristo y los apóstoles que está registrada en los veintisiete libros del Nuevo Testamento, es decir, no solamente la enseñanza acerca de Cristo mismo en Mateo, Marcos, Lucas y Juan, sino también la enseñanza y el ejemplo de los apóstoles en Hechos de los Apóstoles y en las epístolas y en el Apocalipsis (1 Cor. 2:11-13; 2 Ped. 3:1; 1 Jn. 4:6). Los que se apartan de la verdad se apartan de Dios y también de los discípulos fieles. Cuando los discípulos de Cristo se extravían y no perseveran en la doctrina de Cristo (2 Jn. 9), se alejan de Dios, e ineludiblemente se alejan los unos de los otros y, al hacerlo, ya no promueven la causa de Cristo, sino la causa de Satanás.

Pablo explica cómo evitar y cómo corregir la división: "cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios" (1 Tes. 2:13); "que habléis todos una misma cosa" (1 Cor. 1:10); "Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu ... una misma esperanza ... un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre" (Efes. 4:3-6).

Cristo no oró por la unión de las muchas denominaciones porque son iglesias establecidas por los hombres. Son humanas en todo sentido: en nombre, en organización, en doctrina, en culto y en propósito (obra). En realidad los fundadores y proponentes de tales iglesias ni siquiera buscan la unidad. No creen que sea posible ni deseable. Cada religión defiende su derecho de existir y de trabajar para su crecimiento. No creen que la doctrina sea la base de la unidad, y creen que su organización eclesiástica es cosa insignificante. En cuanto al culto creen que hay completa flexibilidad y libertad, pues todo grupo simplemente hace lo que agrade a sus feligreses y lo que les pueda ayudar a ganar más miembros. La religión más popular del tiempo moderno es el pentecostalismo, porque el llamado "culto" es nada más una libre expresión de las emociones. La oración de Jesús en este capítulo no tiene nada que ver con alguna supuesta unidad de tales grupos.

Muchos religiosos -- hasta miembros de la iglesia del Señor -- dicen que la doctrina no es la base de la unidad. Entonces, si la base de la unidad no es la doctrina, ¿cuál será? Si no importan las diferencias en cuanto al culto, la organización y la obra de la iglesia, ¿qué cosas tendrán importancia? Puesto que la unidad tiene que ver con la comunión, ¿en qué otras cosas habrá comunión? La verdad es que precisamente en estas cosas (la doctrina, el culto, la organización y la obra de la iglesia) debe haber unidad, pero no puede haber unidad entre las denominaciones porque no la quieren.

Pero esta oración sí tiene que ver con la necesidad de unidad entre los miembros de la iglesia de Cristo. Durante los pocos años del ministerio de este servidor ha habido divisiones amargas causadas por la enseñanza de las doctrinas y mandamientos de los hombres: p. ej., (1) el establecimiento de instituciones e "iglesias patrocinadoras" que se encargan del dinero de muchas (potencialmente todas) las congregaciones para hacer obras de edificación, evangelismo y benevolencia; (2) varios aspectos del calvinismo con respecto al pecado y al plan de salvación; (3) el llamado "individualismo" que niega la existencia de la iglesia local; (4) la doctrina de que el adulterio mencionado por Cristo en Mat. 19:9 no es sexual, sino sólo los trámites legales para divorciarse y volver a casarse; y (5) la doctrina de que al venir al mundo Cristo se despojó a sí mismo de sus atributos divinos. Todas estas cuestiones afectan la comunión y causan divisiones en la iglesia.

Los hermanos liberales son los que no respetan la autoridad de Cristo y los apóstoles con respecto a la naturaleza, organización y obra de la iglesia y otras prácticas (no conservan el patrón apóstolico, 2 Tim. 1:13). Es triste leer los comentarios de estos mismos hermanos acerca de la división: p. ej., "Cuando los hombres siguen sus propias opiniones y enseñanzas, hacen barreras entre los creyentes" (FP). "Es precisamente en la cuestión de división que la iglesia de Dios está más indefensa en el tiempo presente. Ninguna cosa produce más infidelidad e injusticia que las doctrinas conflictivas de los profesados seguidores de Cristo. Por medio de multiplicar las divisiones, Satanás ha evitado que innumerables millones obedezcan al evangelio" (JBC). "El espíritu de esta oración es totalmente ajeno al espíritu faccioso que frecuentemente caracteriza a los miembros de la iglesia; y los que promueven partidos, facciones y divisiones en el cuerpo del Señor son culpables del pecado grave ... Dos de las cinco peticiones son por la unidad del pueblo del Señor, y mientras que las divisiones que ahora desgarran el cuerpo de Cristo evitan la consumación de su sincero deseo para su pueblo, esperemos y oremos y trabajemos con el fin de que todos los que lleven el nombre de Cristo algún día puedan ser uno y que todos los cismas, divisiones, contenciones, enajenaciones, con toda la rivalidad y amargura, terminen para siempre, y que los que profesan ser sus seguidores ¡manifiesten delante del mundo la bendita unidad por la cual El oró!" El autor de esta última cita (Guy N. Woods) era el campeón, el debatista principal, que por muchos años defendió las innovaciones principales -- la "iglesia patrocinadora" y las instituciones de la iglesia -- que causaron tantos "cismas, divisiones, contenciones, enajenaciones ... y amargura" entre hermanos".

Aparte de las divisiones causadas por el error doctrinal, también ha habido muchas divisiones a causa de la carnalidad de los miembros (1 Cor. 3:1-4). Las obras de la carne (Gál. 5:19-21) no solamente destruyen la unidad de la iglesia, sino también a la iglesia misma: "acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios". La unidad es uno de los temas dominantes de las epístolas (p. ej., Rom. 12:16; Efes. 2:16; Fil. 1:27; 2:1-4). Lucas describe la unidad que existió entre los apóstoles y otros discípulos (1:14; 2:1, 46; 2:46; 4:32).

Para promover la unidad es necesario que todo cristiano practique las exhortaciones en cuanto a la relación correcta los unos con los otros (13:34, 35; Rom. 12:10; 1 Cor. 12:25; Gál. 5:13-15, 26; 6:2; Efes. 4:2, 32; 1 Tes. 5:11; Heb. 10:24; Sant. 4:11; 5:9, 16).



17:22 La gloria que me diste (1:14), yo les he dado (1:12; 1 Jn. 3:1), para que sean uno, (unidos en una familia espiritual, Efes. 2:19) así como nosotros somos uno. -- La gloria de la cual Jesús habla en este texto es la unidad de los discípulos, los unos con los otros en el Padre y el Hijo, por medio de la perfecta revelación del Padre por Cristo. Para enfatizar la unidad de los cristianos Pablo habla de la iglesia como el cuerpo de Cristo ("son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo", 1 Cor. 12:20).

Cristo ha dado la gloria que El recibió del Padre a su iglesia, pues "amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante" (Efes. 5:25-27).

Por medio de las enseñanzas de Jesús y los apóstoles, la iglesia tiene comunión con el Padre y con el Hijo (1 Jn. 1:1-4, 7), y se hace participante de la naturaleza divina: "Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina" (2 Ped. 1:3, 4).

En consecuencia de esta naturaleza gloriosa, la iglesia fiel y unida es el reflejo de Dios. Pablo predicó el evangelio de Cristo "para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales ... A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén". (Efes. 3:10, 21).



17:23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. -- "Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" (Efes. 4:3). ¿Por qué? Para que el mundo conozca que Dios envió a Cristo para salvarnos, y que en verdad Dios los ha amado (3:16). Si la unidad produce este fruto precioso, ¿qué fruto lleva la división?

La unidad de la iglesia le da mucha influencia y fuerza para convertir al mundo. Sin lugar a dudas, las muchas divisiones de la iglesia son el obstáculo más grande en la obra del Señor.



17:24 Padre, aquellos que me has dado, quiero (es la voluntad de Cristo) que donde yo estoy (al decir "donde yo estoy" Jesús habla proféticamente, 14:3), también ellos estén conmigo, (14:3; Fil. 1:23, el gozo supremo) para que vean mi gloria que me has dado; -- 17:5. "Cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es" (1 Jn. 3:2). Jesús quiere que sus apóstoles y todos sus discípulos no solamente vean, sino que participen del estado celestial. Para ser "semejantes a él" en Aquel Día, los discípulos de Cristo tienen que ser "semejantes a él" ahora, siendo del mismo carácter y vida, siendo obedientes a la enseñanza divina e imitadores de Jesús.

Los apóstoles habían visto la gloria de Cristo aquí en la tierra: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre)" (1:14); "Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria" (2:11); "y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz" (Mat. 17:5); al hablar de ese evento Pedro dijo, "él recibió de Dios Padre honra y gloria" (2 Ped. 1:17). Pero Cristo quería que vieran su gloria celestial (17:5).

-- porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. -- 1:1, "el Verbo era con Dios".



17:25 Padre justo, el mundo no te ha conocido -- El mundo no ha conocido, es decir, no ha aprobado la voluntad de Dios y no la ha aceptado, pues rechaza a Cristo como la revelación perfecta de Dios; por eso, siendo justo el Padre lo castigará.

-- pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. -- Estos, sus discípulos, los que obedecen al evangelio, han aprobado y aceptado a Cristo como la revelación perfecta de Dios. Dios, siendo justo, aceptará a los tales.



17:26 Y les he dado a conocer tu nombre (el carácter y voluntad de Dios; compárese Ex. 34:5-7; Jesús -- en su vida y en su enseñanza -- dio a conocer los atributos, voluntad y mandamientos de Dios; reveló su amor y plan de salvación, 3:16; 12:32; 3:3-5), y lo daré a conocer aún, (por medio del Espíritu Santo, 14:26; 15:26; 16:7-14; esta promesa se refiere al entero Nuevo Testamento) para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos. -- Rom. 5:5. El amor del cual Jesús habla abarca todas las bendiciones que Dios derrama sobre sus hijos por medio de Cristo (Efes. 1:3).



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