miércoles, enero 26

COMENTARIO SOBRE FILIPENSES CAPITULO 1

Filipenses 1



Resumen: Después de saludarles, Pablo da gracias a Dios por la fe y la comunión de los filipenses con él en el evangelio. Les habla libremente de su ferviente amor por ellos, y de sus ora­ciones por su crecimiento. Explica cómo la persecución que él había sufrido ayudó para adelantar la obra de Cristo. Men­ciona la obra de algunos que por motivos malos anuncian a Cristo, pero aun en eso Pablo se regocijaba de que Cristo fuera predicado. Presenta en esta primera parte de la carta una actitud hermosa en cuanto al propósito de su vida, en la vida o en la muerte. Les exhorta a seguir "combatiendo unánimes por la fe del evangelio".

La salutación: Las salutaciones de Pablo y otros escritores inspirados tienen mucho significado. Están llenos de con­ceptos espirituales. No se escriben como una mera formalidad o cortesía (no son palabras huecas). La verdad es que el es­tudio de alguna carta sin fijarse bien en la salutación es un estudio deficiente.

1:1 -- "Pablo y Timoteo ... " Timoteo es­tuvo en Roma con Pablo cuando éste es­cribió esta carta (véase 2:20, comentarios sobre la fidelidad de este evangelista joven). Timoteo no era coautor de la carta, sino un fiel y amado compañero. Pablo habla de Timoteo en otras cartas (2 Cor. 1:1; Col. 1:1; 1 Tes. 1:1; 2 Tes. 1:1). Los hermanos filipenses conocieron a Timoteo, y Pablo pensaba enviarlo pronto a Filipos (2:19). Es probable que hubiera lazos fuertes entre Timoteo y los fili­penses.

-- "siervos de Jesucristo". No dice San Pablo y San Timoteo. No dice Padre Pablo y Padre Timoteo. Tampoco "Reverendos", ni "Doctores", ni nada por el estilo, sino simplemente "siervos" (douloi, esclavos) "de Jesucristo" (1 Cor. 6:20). Eran de esos "esclavos" que estaban bien ligados a sus amos y no solamente es­taban muy sumisos, sino que también los amaban mucho, porque eran muy buenos con ellos. Con gozo les servían con toda sumisión. El esclavo fiel no tiene voluntad propia, porque su voluntad es la del maes­tro. Desde luego, Cristo es nuestro per­fecto amo y merece el perfecto amor de nosotros.

Pablo no dice, "apóstol de Jesucristo" como dice en otras cartas, porque no era necesario recordar a estos hermanos de su autoridad apostólica. Parece que estos hermanos no solamente tenían mucho res­peto por Pablo, sino también mucho amor y afecto.

-- "a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos", los hermanos vivos en Filipos. En la Biblia no los "santos" no son imágenes, y no son personas que murieron hace muchos años que durante su vida ejemplificaron en forma muy excepcional ciertas virtudes y ahora han sido "canonizadas" por el clero romano. En esta práctica pagana se observa la deifi­cación de tales "santos", y se les ora como se ora a Dios. Este error vino del paga­nismo: los emperadores y otros hombres eminentes son deificados al morir.

La palabra "santo" viene de la palabra, "santificado", que significa sencillamente "apartado". Los santos son los que se han apartado del pecado. Son cristianos. "Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos" (Efes. 5:3).

Los cristianos son diferentes de los del mundo. Barclay comenta que para los judíos la palabra "santo" (kadosh en he­breo, jagios en griego) básicamente indi­caba diferente. Los sacerdotes eran san­tificados y, por eso, diferentes de los demás (Lev. 21:6), porque su trabajo era único. El diezmo era santificado (Lev. 27:30,32) y, por lo tanto, era diferente; tenía uso especial. La parte central del templo era el lugar santo (Ex. 26:33); era diferente de los demás edificios del tem­plo. La nación misma era santa (Lev. 20:26), era diferente de las demás na­ciones. Ahora el pueblo especial de Dios es la iglesia y cuando Pedro nos llama "nación santa" (1 Ped. 2:9) debemos siem­pre recordar que básicamente esta pala­bra significa que somos diferentes de los demás.

-- "con los obispos..." La palabra "obispo" (episcopos) quiere decir "ver sobre" (supervisor). Los "obispos" son los "ancianos" (Hech. 20:17,28), y son los "pastores" (Heb. 13:17). Es muy impor­tante observar que estos tres términos (obispos, ancianos, pastores) se usan para los mismos hombres (del mismo oficio). Los apóstoles designaron ancianos (número plural) en cada congregación (Hech. 14:23). No existió la práctica sec­taria de tener un "Pastor" en ninguna de las iglesias del Nuevo Testamento. Además, esta verdad nos enseña que cada iglesia es independiente (autónoma) porque cada iglesia tiene su propio gobierno. No había gobierno central de la iglesia de Cristo, aparte de Cristo la Cabeza. Si alguien busca alguna "iglesia central" o "iglesia madre" en el Nuevo Testamento, buscará en vano.

Los hermanos designados como an­cianos (obispos) deben reunir los requisitos nombrados por Pablo (por el Espíritu Santo) en 1 Tim. 3:1-7 y en Tito 1:5-9.

El trabajo de los "obispos" se enseña en Hech. 20:28 ("mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor"); "vuelan por vuestras almas" (Heb. 13:17). Dice 1 Ped. 5:1-3 "apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella ... siendo ejem­plos de la grey". La supervisión de los an­cianos se limita a la congregación "en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos". Deben apacentar la grey de Dios "que está entre vosotros". No había "ancianos patrocinadores" en Filipos, ni en Jerusalén, ni en Antioquía, ni en otra parte. Toda congregación debe tener sus propios ancianos, porque cada congregación es independiente y autónoma.

-- "y diáconos", la palabra "diácono" sig­nifica siervo o ministro (diákonos). Los "diáconos" no tienen autoridad como los ancianos para "ver sobre" la iglesia. Si al­guna iglesia no tiene ancianos, no debe es­coger diáconos, porque en tal caso los diá­conos harían el papel de ancianos. Hasta que la congregación tenga ancianos, todos los varones fieles deben aceptar sus responsabilidades para que la iglesia fun­cione con buen orden. Pero téngase presente que una iglesia sin ancianos es "deficiente" (Tito 1:5). Tampoco es bíblico escoger "líderes" o "administradores". La Biblia habla solamente de "santos ... con los obispos y diáconos". No dice "santos ... con los líderes" o "santos ... con los ad­ministradores", ni nada por el estilo.

Pablo revela los requisitos para ser diá­cono en 1 Tim. 3:8-10,12,13. La palabra, diakonía, se usa en Hech. 6:1 ("la distribu­ción"). De esta palabra el léxico de Thayer dice, "la ministración de aquellos que ministran a otros los oficios de amor cris­tiano, 1 Cor. 16:15; Apoc. 2:19, especial­mente, de aquellos que suplen la necesi­dad de otros por medio de recoger o repartir beneficios (Hech. 12:25); el cuidado de los pobres, el suplir o el dis­tribuir caridades: Hech. 6:1; 2 Cor. 9;13".

La palabra se traduce "servicio" en Rom. 12:7. Los diáconos son, pues, siervos o ministros, tanto en asuntos materiales como en asuntos espirituales. Esteban y Felipe, dos de los siete hermanos men­cionados en Hech. 6:5, eran evangelistas. "Los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha con­fianza en la fe que es en Cristo Jesús" (1 Tim. 3:13).

1:2 -- "Gracia ... " Pablo quería que los hermanos fueran recipientes de la gracia (favor inmerecido) de Dios. Nadie puede merecer la salvación y, por lo tanto, el mensaje de salvación es el mensaje de gracia (Jn. 1:17; 1 Cor. 15:10; Efes. 1:7; Hech. 4:16). Pero no hay otra palabra que se haya pervertido más que la palabra "gracia". La gracia no es incondicional como muchos suponen. No somos salvos por la "gracia sola". 2 Cor. 5:19 ("no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados") significa que Dios perdona los pecados de los que obedecen al evangelio, pero no significa que los pecados del cris­tiano no son cargados a su cuenta. La doc­trina de que la justicia personal de Cristo es contada al cristiano de tal manera que Dios no puede ver los pecados de éste es falsa doctrina. Aunque esta enseñanza es llamada "gracia" por muchos, en realidad convierte la gracia de Dios en libertinaje (Judas 4). ¡Qué lástima que la doctrina bíblica de gracia sea pervertida por tantos hombres "religiosos"!

-- "Dios nuestro Padre", Gál. 4:4,5, so­mos hijos adoptivos.

-- "del Señor Jesucristo", Hech. 2:33-36, sentado a la diestra del Padre, teniendo toda autoridad (Mat. 28:18).

1:3 -- "Doy gracias ..." A los romanos dijo, "doy gracias a mi Dios ... de que vues­tra fe se divulga por todo el mundo" (Rom. 1:8). A los tesalonicenses dijo, "Damos siempre gracias ... acordándonos ... de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la espe­ranza" (1 Tes. 1:2,3). También Pablo es­taba sumamente agradecido con los her­manos filipenses "siempre que me acuerdo de vosotros", y es probable que se acordara de ellos frecuentemente, mayormente en esos días por causa de la visita de Epafra­dito, el mensajero de Filipos (2:25).

Pablo tuvo una experiencia muy amarga en Filipos (Hech. 16:19-24), pero en lugar de recordarla con resentimiento él prefería recordar el amor, la fidelidad y la comunión de la iglesia. ¡Qué bueno fuera si este mismo espíritu de apoyo, ter­nura, ánimo y hermandad existiera hoy en día entre todos los predicadores y las igle­sias con las cuales trabajan!

1:4 -- "rogando con gozo por todos vosotros". En esta carta aparecen las palabras "gozo" y "regocijo" diez y seis ve­ces. Parece que un pensamiento que corre a través de la carta es el siguiente: "Me re­gocijo; regocijaos vosotros". Si Pablo podía regocijarse aunque estaba preso en Roma, entonces no debería ser imposible que los hermanos filipenses se regocijaran tam­bién. Toda la carta respira gozo y opti­mismo.

Es un gozo que no depende de circun­stancias favorables. 2 Tim. 4:13 ("Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo") puede indicar que Pablo se sentía con frío e incómodo, aparte de la molestia de las cadenas y de estar privado de libertad. En Hech. 16:24,25 vemos a Pablo y Silas en la cárcel en esa misma ciudad de Filipos, y aunque estuvieron "en el calabozo de más aden­tro, y se les aseguró los pies en el cepo" aun en esta condición oraban y cantaban himnos a Dios. El gozo verdadero es un gozo indestructible. Es el fruto del Es­píritu Santo (Gál. 5:22,23).

En 2 Cor. 8:2 Pablo dice respecto de las iglesias de Macedonia (Filipos era ciudad de Macedonia) "que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad". Tenían gozo en medio de mucha tribulación y profunda pobreza.

El gozo del cual Pablo habla es el gozo de la fe (1:25); el gozo de ver unidos a los cristianos (2:2), porque no puede haber gozo en una iglesia dividida; el gozo de es­tar reunidos con hermanos amados des­pués de una separación dolorosa (2:28); el gozo de recibir a tales hermanos (2:29); el gozo de estar en el Señor (3:1); el gozo de hermanos ganados por el evangelio (4:1); y el gozo de recibir ayuda de hermanos amados.

1:5 -- "por vuestra comunión", Koinonia. Esta comunión o compañerismo no se re­fiere a la "comunión" de comer juntos en la "Sala de Comunión" construida adyacente al sitio de reunión. Así hablan de comunión los hermanos liberales. No pueden pronunciar la palabra "comunión" sin oler café y pan dulce. Los cristianos deben comer juntos "en las casas" como hacían los hermanos primitivos (Hech. 2:46). Pero no es la obra de la iglesia proveer salas, cocinas, mesas y sillas, equipo de ping pong, cancha de básquet­bol, etc. en nombre de "comunión". La palabra no se usa así en la Biblia.

Comentando sobre esta palabra dice Vine, "'comunión', de la participación en lo que se deriva del Espíritu Santo, 2 Cor 13:14 ... Fil 2:1; de la participación en los sufrimientos de Cristo, Fil 3:10 ... y en el coadyuvar en la extensión del Evangelio mediante la aportación de dones, Fil 1:5, 'comunión (en el evangelio)'".

La comunión bíblica incluye, pues, la ayuda económica (2:25; 4:14-18). En 2 Cor. 8:4 la misma palabra se traduce "participar", y en Rom. 15:26 se traduce "ofrenda". La ofrenda para los santos en Jerusalén fue el fruto de la participación de los contribuyentes, y la comunión entre los que ofrendaron y los que recibieron la ofrenda. "El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye" (Gál. 6:6). La comunión de los filipenses abarcó la buena atención que dieron al evangelio desde el día que lo oyeron con mentes abiertas, su perseve­rancia en el evangelio a pesar de toda oposición, y la demostración de su amor fraternal hacia Pablo supliendo sus necesidades económicas. "En mis pri­siones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia" (ver. 7).

¡Qué estrecho lazo había entre los fili­penses y Pablo! ¡Qué hermosa la íntima relación que existía entre ellos!

Algunos evangelistas reciben ayuda económica de iglesias y de individuos. Debemos sentirnos muy agradecidos con estos hermanos y debemos imitar a Pablo en la manifestación de nuestra gratitud: orando por ellos, recordándoles ("os tengo en el corazón" 1:7), y escribiéndoles.

Esta ayuda se llama "olor fragante, sa­crificio acepto, agradable a Dios".

-- "desde el primer día hasta ahora" in­dica que los hermanos filipenses ayudaron a Pablo desde el principio de su obra en Filipos y hasta el momento de escribir esta carta. ¿Por qué? Porque amaron el evan­gelio y amaron a Pablo. Los hermanos que no quieren tener comunión con el evan­gelista -- dándole ayuda monetaria para que pueda predicar el evangelio -- no aman ni al evangelista ni al evangelio. El amor del cristiano por el Señor y por el evangelio no se mide solamente por su fervor para cantar himnos y orar, sino también por su disposición de ofrendar con sacrificio para que se lleve el evange­lio a los que nunca lo han oído.

1:6 -- "estando persuadido ... perfec­cionará'". Pablo expresó mucha confianza en los filipenses. Pablo tenía la plena con­fianza de que como ellos comenzaron bien (Hech. 16:11-40), también seguirían fieles hasta el fin. El que comenzó la obra es Dios, y Pablo esperaba que El seguiría obrando en ellos, produciendo "así el querer como el hacer, por su buena volun­tad" (2:13), es decir, a través de su palabra (1 Tes. 2:13). Fil. 2:13 y 1 Tes. 2:13 son textos paralelos.

Los hermanos no eran pasivos sino ac­tivos en todo esto. Dios no puede perfeccionar su obra en nosotros si somos pasivos. Tenemos que ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor (2:12).

-- "hasta el día de Jesucristo", 1:10; 2:16; 1 Cor. 1:8; 1 Tes. 5:2; 2 Tes. 1:10. Es el gran día final (2 Ped. 3:10; 2 Tes. 1:7-10, etcétera).

1:7 -- "como me es justo sentir esto de todos vosotros". Era correcto, apropiado, que Pablo tuviera esa actitud, porque los filipenses eran dignos de su confianza.

-- "por cuanto os tengo en el corazón", una verdadera amistad. Cuando Pablo obedeció al evangelio, perdió la amistad de muchos, pero ganó al Amigo Mejor, y también ganó a muchos amigos en Cristo, como los filipenses. ¿Cuántos verdaderos amigos tenemos? Algunos de los "amigos" de Jesús "volvieron atrás, y ya no andaban con él" (Jn. 6:66) porque les habló de cosas espirituales (ver. 63). En el mo­mento más crítico cuando más necesitaba del apoyo de sus discípulos "dejándole, huyeron" (Mat. 26:56). "En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon" (2 Tim. 4:16). Pablo estimaba en gran manera la amistad de los filipenses. Con razón podía decir, "os tengo en el corazón" y "hermanos míos amados y deseados ("añorados", BAS) gozo y corona mía" (4:1).

-- "y en la defensa y confirmación del evangelio". Pablo estaba en cadenas y su vida estaba en gran peligro, pero el pen­samiento principal de su mente no era su propia defensa, sino la defensa (apologia) del evangelio y la confirmación de él. Cuando Pablo hizo su "defensa" en Hech. 22, 24 y 26, en lugar de presentar argu­mentos a favor de su liberación, aprovechó la oportunidad para predicar a Cristo. Los filipenses eran verdaderos compañeros de Pablo en la obra. No de­jaron que nada les desanimara en la de­fensa del evangelio.

-- "todos vosotros sois participantes con­migo de la gracia". Como ellos habían par­ticipado en la predicación, la defensa y confirmación del evangelio, participarán también de la bendición de Dios que acompaña tales esfuerzos.

1:8 -- "Dios me es testigo", un juramento serio. Cristo y Santiago condenan la prác­tica de jurar a la ligera (Mat. 5:33-37; 23:16-22; Sant. 5:12), pero Pablo invoca el nombre de Dios en forma solemne y re­verente, tanto aquí en Fil. 1:8 como en 2 Cor. 1:23. Recuérdese también que Pablo escribió bajo la inspiración del Espíritu Santo.

-- "de cómo os amo a todos vosotros", "os añoro" (BAS), epipotheo, se acordaba de ellos con mucha emoción. La palabra aparece otra vez en 2:26, Epafrodito "os añoraba" y en 4:1, "hermanos míos, ama­dos y añorados"; también en 2 Cor. 9:14, "su anhelo por vosotros". El amor de Pablo por ellos era grande, pero no dejó de exhortarles (3:1; 4:2).

-- "con el entrañable amor de Jesucristo". La palabra, "entrañas" (splanchnon), se re­fiere a lo que también se llama "el corazón" en la Biblia, con referencia en particular a la ternura, compasión y mi­sericordia. Los hebreos hablaron de las entrañas como el sitio de las emociones más tiernas. Esta palabra se traduce "corazón" en 1 Jn. 3:17; 2 Cor. 6:12; y Filemón 20. En 2 Cor. 7:15 se traduce "cariño".

1:9 -- "Y esto pido en oración", Pablo oraba mucho por los hermanos, Efes. 1:16; 3:14-19; Col. 1:9-12. ¡Qué aliento para los filipenses al saber que Pablo oraba por ellos! ¿Qué pidió por los fili­penses?

-- "que vuestro amor abunde". En esta carta (1:17; 2:1,2), como en las otras, se refiere constantemente al amor. No hay palabra en el vocabulario humano más pervertido que la palabra "amor". Se em­plea comúnmente como alguna emoción, pasión o sentimiento, pero Pablo pide en oración que el amor de los filipenses sea inteligente, enterado y juicioso. El conocimiento sin amor no vale nada (1 Cor. 13:1-3), pero el amor no será bíblico si no aprende la voluntad de Dios.

"Si amamos algo deseamos saber cada vez más de ello; si amamos a una persona queremos saber cada vez más de ella; si amamos a Jesús, cada día deseamos aprender más de él y de su verdad. El amor es siempre sensible a la mente y al corazón de la persona amada. Si el amor hiere torpemente y ciega los sentimientos de la persona que se pretende amar, de ninguna manera es amor" (énfasis aña­dido, wp) (Barclay).

-- "... en ciencia y en todo conocimiento", "en conocimiento verdadero y en todo dis­cernimiento" (BAS). Quería que el amor de ellos creciera en conocimiento. Sin el conocimiento de la palabra de Dios el pueblo queda indefenso (Oseas 4:6). Los filipenses tenían conocimiento, pero Pablo quería que su amor creciera más, que ellos tuvieran "abundancia" de conocimiento y discernimiento. Véase 2 Ped. 1:8; 3:18.

La palabra "discernir" indica que el cristiano tiene que hacer muchas decisiones. No debe amar lo que Dios aborrece. No debe dar su devoción y su lealtad al error. El amor del cristiano no es ciego.

En esta misma carta Pablo dice "Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los muti­ladores del cuerpo" (3:2). Este man­damiento requiere la prudencia y cordura para discernir entre el bien y el mal y en­tre las cosas que importan y las que no importan. Véase también 3:17-19.

La tragedia principal en el mundo reli­gioso es que millones de personas aceptan alguna religión falsa por no haberla inves­tigado. Su amistad y confianza son ganadas por algún falso maestro (sacerdote, pastor, evangelista, "élder", "siervo" u otro) y sin hacer un estudio ob­jetivo de lo que se enseña (1 Tes. 5:21; 1 Jn. 4:1) aceptan lo que se afirma, se com­prometen a ese sistema falso y llegan a ser fieles y fuertes miembros de dicha religión falsa. Los cristianos verdaderos -- por fuertes que sean en la verdad -- deben in­vestigar con todo cuidado toda enseñanza que se presente. Les conviene estudiar y tener convicciones fuertes para no ser en­gañados por los que enseñan el error, sean sectarios, sean hermanos liberales, o sean hermanos "conservadores" que enseñan error sobre la Deidad de Cristo, o sobre el divorcio y segundas nupcias, o que impo­nen sus opiniones sobre la iglesia para causar disensión y división. Es impres­cindible que los miembros de toda con­gregación sean doctrinados en todo el consejo de Dios (Hech. 20:20,27) para no ser víctimas del error.

1:10 -- "para que aprobéis lo mejor". El amor que crece en ciencia puede discernir entre el bien y el mal, entre lo que agrada a Dios y lo que no le agrada. El lenguaje que se usa aquí se basa en pesar y exami­nar metales. Después de examinar bien algún asunto, los maduros escogen y aprueban lo mejor. Dice La Biblia de las Américas (margen), "distingáis entre cosas que son diferentes". Debemos ser cristianos inteligentes y juiciosos. Debe­mos imitar a los de Berea (Hech. 17:11), investigando y examinando todo a luz de las Escrituras, y juzgando todas las cosas según su naturaleza verdadera, nunca siendo guiados por la apariencia, ni tam­poco por los sentimientos y emociones. Los ingenuos pueden ser engañados fá­cilmente. Es indispensable que todo miembro crezca "para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina" (Efes. 4:14). ¡Qué trabajo urgente tenemos los evange­listas de enseñar y confirmar a todo con­verso! Cuesta tiempo estudiar para prepararnos y luego enseñar, enseñar, en­señar. Todo evangelista debe leer fre­cuentemente lo que Pablo dice a Timoteo (2 Tim. 4:1-5), "que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo ... " Muchos, tanto hermanos como visitantes, tienen "comezón de oír" cosas placenteras (2 Tim. 4:3; Isa. 30:9,10), pero lo que necesitan oír es la palabra de Dios no adulterada.

En cada reunión de la iglesia y en cada clase debe haber edificación. Lamentablemente muchos hermanos (por haberse convertido de iglesias pentecostales o por haber comenzado con hermanos liberales) dedican mucho tiempo en cada reunión a lo que ellos con­sideran "exhortación" con muy poca subs­tancia bíblica, y dedican aun más tiempo a los cantos. Hay hermanos que cantan y cantan y cantan, con muy poco deseo de estudiar la Biblia. (En estos casos proba­blemente nadie preparó clase bíblica o sermón). Se oye a veces exhortaciones usan­do el himnario como "biblia", porque se sabe más del himnario que de la Biblia. Es importante cantar (Efes. 5:19; Col. 3:16) pero no es correcto que el cantar substituya la predicación y la enseñanza. Aun cuando aprovechamos bien el tiempo para enseñar la palabra, estamos en­señando solamente una pequeña porción de la Biblia a la gente en la predicación y en clases bíblicas.

Amados hermanos, "os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros heren­cia con todos los santificados" (Hech. 20:32). Si los miembros no reciben en­señanza bíblica, no podrán discernir, no podrán hacer buenas decisiones, y serán llevados por falsas doctrinas, por las opiniones de los extremistas, y por impul­sos carnales. El mundo en que vivimos es un mundo que ya perdió todo sentimiento de lo que en realidad vale. Para muchos no hay nada sagrado. La vida misma no vale para ellos como se puede en la aceptación del aborto. Para muchos el matrimonio no vale (muchos prefieren vivir en unión libre). ¡Cuántos "apenas existen" de un día al otro tomando alcohol y usando drogas! La revolución sexual sigue en pie. Los miembros de la iglesia necesitan oír y aprender mucha Biblia para poder combatir la influencia de "la moda". Los jóvenes tienen que aprender argumentos fuertes para combatir la evolución y otros aspectos del humanismo en la escuela. El diablo no descansa.

-- "para que seáis sinceros", como cosas expuestas a la luz brillante del sol, y ha­biendo sido examinadas, se manifiestan como puras y sin falta. La palabra "sincero" viene del latín (sine cera), sin cera, la miel sin la cera. El cristiano ver­dadero acepta solamente la verdad, no mezclada con error. No usa el engaño en los negocios. No usa la religión de Jesús como máscara. Es como Natanael (Jn. 1:47), "un verdadero israelita, en quien no hay engaño". El cristiano es cumplido: cumple sus promesas, su palabra es con­fiable, es cumplido en el trabajo, es justo con el patrón, con los trabajadores, y con los clientes. El cristiano es lo que profesa ser.

-- "irreprensibles", aproskopoi, sin ocasión de tropiezo, sin reproche, intachables (véanse 1 Tim. 3:2; 4:12). Esta palabra puede significar no dar ocasión de tropiezo, o simplemente no tropezar. En este contexto el sentido pasivo cabe mejor: ser irreprensibles, no tropezar nosotros.

-- "para el día de Cristo", ver. 6, (2 Ped. 3:10). Es necesario ser irreprensibles (Judas 24; Efes. 5:27) para el día final, cuando Cristo venga.

1:11 -- "llenos de frutos de justicia", figura de un hermoso árbol lleno de fruto celestial. Pablo quiere que haya una cosecha espiritual y abundante. ¿De qué? "El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe (fidelidad), mansedumbre, templanza (dominio propio)", Gál. 5:21,22. "El fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad, comprobando lo que es agradable al Señor", Efes. 5:9,10. "En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto", (Jn. 15:8). "El fruto del justo es ár­bol de vida" (Prov. 11:30). Sant. 3:18, "Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz".

¿Qué tan "llenos" estamos de los frutos de justicia? El servicio que el cristiano ofrece a Dios no debe ser mediocre. Su conducta debe resultar "en beneficio de la obra" (1:22). Su amor debe "abundar" más y más en conocimiento y discernimiento. Dice Pablo "completad" mi gozo (2:2). Dios suplirá "todo lo que os falta con­forme a sus riquezas" (4:19); por eso, debemos ser generosos en nuestro servicio a Dios. Los que solamente quieren saber el "mínimo" de lo que Dios requiere de nosotros no estarán "llenos" de frutos de justicia.

-- "que son por medio de Jesucristo", 3:7-11, no por medio de la ley de Moisés.

-- "para gloria y alabanza de Dios". Dios no es alabado solamente por los himnos, oraciones y sermones, sino también por las varias actividades de nuestras vidas fieles que demuestran que en verdad sostenemos la relación de hijos de Dios. Alabamos a Dios diariamente con vidas obedientes y cumplidas, vidas sujetas a su voluntad. "En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos" (Jn. 15:8).

1:12 -- "Quiero que sepáis", 1 Cor. 11:3; Col. 2:1, una expresión que da más énfasis a lo que dice, tal vez para contestar una pregunta. Pablo escribío esta carta aproximadamente diez años después de haber establecido la iglesia en Filipos. Epafrodito fue enviado por la iglesia a Roma para llevar ayuda a Pablo y para que, en turno, pudiera traer informes a la iglesia de la condición de Pablo. Los fili­penses lo amaban mucho, y habiendo aprendido de sus prisiones, querían saber de él y también de la causa de Cristo.

-- "hermanos", una palabra que tenía significado muy importante para Pablo. Hoy en día esta palabra se usa tan ligera­mente entre gente latina que prácticamente ha perdido su importancia. Todo el mundo es "hermano", y no tiene ni la importancia de "amigo" porque a mu­chos se les dice "hermano" cuando son to­talmente desconocidos. ¡Es una lástima!

También algunos acostumbran decir "hermanos" a los "evangélicos" simple­mente porque a nosotros nos dicen "hermanos", y si alguna persona está asistiendo a las reuniones de la iglesia y aceptando estudios en el hogar, para tales hermanos éstos ya son "hermanos". De esta manera una palabra bíblica pierde su significado especial (1 Ped. 4:11). Es mi hermano el que obedece al evangelio de Cristo y llega a ser hijo de Dios. Si él es hijo de Dios y si yo soy hijo de Dios, los dos somos hermanos.

Es verdad que los apóstoles decían "hermanos" a los judíos, porque éstos eran hijos de Dios bajo la ley de Moisés. Du­rante el tiempo de la predicación apos­tólica que se registra en Los Hechos (por ejemplo, 2:29; 13:15,26, etcétera), les lla­man "varones hermanos" y se convirtieron muchos de ellos. Pero esta relación no se puede comparar con la relación entre cris­tianos y evangélicos o simpatizadores. Es­tos llegan a ser nuestros hermanos cuando obedecen al evangelio.

-- "que las cosas que me han sucedido", acusaciones falsas que le obligaron a apelar a César (Hech. 28:17-19), encar­celamientos, sufrimientos, persecuciones, en fin, todos los eventos narrados por Lu­cas desde Hech. 21 hasta Hech. 28, y tam­bién mencionados en las cartas de Pablo mismo (1 Cor. 4:9-13; 2 Cor. 11:24-28; etcétera). Es importante observar en este texto que aunque Pablo se refiere a "las cosas que me han sucedido", el tema no es Pablo y sus sufrimientos, sino el efecto de tales cosas sobre el evangelio. El pen­samiento principal es que el encarcelamiento de Pablo había obrado siempre para la gloria de Cristo (vers. 13-26). Lo que se había aprendido fue que Pablo no era un prisionero político común y corriente, y que no había cometido ningún crimen, sino que todo lo que sufría fue causado por su relación con Cristo.

-- "han redundado más bien para el pro­greso del evangelio". Aunque Pablo llegó a Roma en cadenas, no dejó de predicar el evangelio (Hech. 28.19, 30,31). La cárcel no era impedimento a la proclamación del evangelio; aun podía evangelizar la casa de César (4:22). Por eso Pablo podía hablar del "progreso" del evangelio. Esta palabra (prokope) significa "un golpear hacia delante ... Originalmente esta pala­bra se utilizaba de un pionero abriéndose paso a machetazos a través de arbustos" (Vine). Tiene que ver, pues, con quitar impedimentos u obstáculos. Pablo estaba en cadenas pero "la palabra de Dios no está presa", 2 Tim. 2:9. Las cadenas no ce­rraron la puertas de oportunidad para el evangelio, sino que, más bien, las abrieron. Como hombre libre Pablo no pudiera haber predicado en la casa de César.

¿Por qué permitió Dios que el apóstol Pablo, poderoso embajador a los gentiles, quedara "inmovilizado" (en cadenas) en tiempos tan importantes para el evangelio? El Señor dijo a Ananías (Hech. 9:15) acerca de Pablo, "instrumento escogido me es éste, para llevar mi nom­bre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel". ¿Cómo podía Pablo predicar a Félix, a Festo, a Agripa y aun a los de la casa de César? ¿Cómo podía Dios abrir la puerta para que Pablo predicara a tales hombres emi­nentes? ¿Cómo podía Dios quitar los obstáculos puestos por Satanás para que el evangelio no avanzara? Simplemente por medio de convertir los obstáculos en oportunidades. Los impedimentos llegaron a ser pasaderas o escalones para que el evangelio siguiera adelante. Es otro ejemplo de la providencia de Dios. El dia­blo piensa obrar en contra nuestra, pero Dios lo convierte en bendición para nosotros. Cuando José se dio a conocer a sus hermanos, les dijo, "Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme ven­dido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros ... Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien" (Gén. 45:5; 50:20).

Pablo entendió esto. Entendió que no podía predicar a los gobernadores y reyes como hombre libre, sino solamente como preso. Pero "la palabra de Dios no está presa" (2 Tim. 2:9; Isa. 40:8; 55:11). Hubo conversos aun en "la casa de César" (4:22), y el César de ese tiempo era el famoso Nerón, que con tanta furia persiguió a la iglesia.

1:13 -- "de tal manera ... el pretorio", la guardia del emperador que consistió de varios miles de soldados, muchos de los cuales oyeron a Pablo. Dice Hech. 28:30,31, que Pablo tenía libertad de recibir gente y predicarles, teniendo con­sigo "un soldado que le custodiase" (Hech. 28:16). Estos turnaban, y de esta manera muchos soldados escuchaban al evangelio, y observaban la conducta de este hombre ejemplar cuando conversaba con los her­manos, o cuando tuvo que comparecer delante de sus jueces. Bien sabían que Pablo no era un prisionero ordinario, que su problema no era político, y que no era un criminal. Podían oír el evangelio predi­cado y verlo demostrado en Pablo: en su paciencia, en su amor genuino, en su ter­nura y en su gran valor. Le escuchaban dictar cartas a iglesias e individuos. Le es­cuchaban orar. (En Filipos "a media­noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían", Hech. 16:25. Sabían que Pablo estaba "preso en el Señor", Efes. 4:1).

-- "y a todos los demás", una afirmación muy notable. Pero recuérdese que los soldados custodiaban a Pablo por turno, y por eso había por lo menos cuatro solda­dos cada día con él; éstos hablaban con otros de este prisionero excepcional y muy interesante, y a consecuencia había santos "de la casa de César" (4:22).

1:14 -- "Y la mayoría de los hermanos". Ya había una iglesia en Roma antes de llegar Pablo. Les escribió una carta antes de conocerles (Rom. 1:9-13). Al acercarse Pablo a Roma, "de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento" (Hech. 28:14,15). Tenía gran deseo de conocerlos en per­sona. También cuando Pablo predicó a los judíos en Roma, "algunos asentían a lo que decía" (Hech. 28:24). Lucas termina el libro de Hechos informándonos que "Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesu­cristo, abiertamente y sin impedimento" (Hech. 28:30,31).

-- "cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones" (Efes. 6:18-20). El buen ejemplo es un sermón poderoso. Es muy posible que, antes de llegar Pablo, los hermanos hubieran sido un poco intimidados por los romanos y otros perseguidores ("en nada intimidados por los que se oponen", 1:28), pero al ver la conducta de él se animaron, sabiendo bien que él estaba "puesto para la defensa del evangelio" (1:17). Toda la historia de Pablo les animó. Sabían del naufragio (Hech. 27) y cómo el Señor es­taba con Pablo para sostenerle. Sin duda Pablo repetía a muchos lo que está escrito en Hechos, de cómo Dios estaba con él y cómo estaba completamente confiado en el Señor (Hech. 27:23-25). Podían ver que también en Roma Pablo creía y decía que "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (4:13). Había mucho en Pablo y en sus prisiones para animar y motivar a los hermanos. ¡Qué ejemplo!

-- "se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor". Es lo que pasó con Pe­dro y Juan: cada vez que les echaron a la cárcel salieron más valientes (Hech. 4,5). Lo mismo sucede ahora. Es importante que haya hermanos en cada congregación que hablen con denuedo por Cristo. ¿Por qué hay tantos hermanos callados? Debemos abrir la boca (Hech. 8:35).

1:15 -- "Algunos ... predican a Cristo por envidia y contienda", ("rivalidad", BAS). phthonos, envidia, es el sentimiento de disgusto producido al ser testigo u oir de la prosperidad de otros ... Mat 27:18 ... Gál 5:21; Fil 1:15" (Vine). eris, riña, con­tención, es la expresión de la enemistad, Fil 1:15, 'contienda'" (Vine). Como hay rivalidad entre abogados, médicos, profe­sores, otros profesionales y empleos, también la hay entre predicadores. Entre los apóstoles había rivalidad y contención en cuanto a quién sería mayor en el reino (Luc. 22:24). Desde el ver. 12 Pablo ex­presa su optimismo, porque Cristo fue anunciado por él y por la mayoría de los hermanos, pero él no se engañó, sino que reconoció que no todos predicaron con motivos sanos. Algunos, movidos por la envidia, obraban en contra de él. Envidia­ban la influencia de Pablo.

Es importante observar que Pablo habla de hermanos que anunciaron a Cristo. Esto significa que predicaron la verdad. No eran falsos maestros. No eran los judaizantes que imponían la ley de Moisés y la circuncisión sobre los gentiles (3:2). De estos Pablo escribió en Gál. 1:8-9. Este texto (Fil. 1:15-18) tiene que ver con el propósito de estos predicadores y con la falta de sinceridad (Mat. 6:1-18). Pablo no defiende la insinceridad en la predicación. El se regocijaba cuando Cristo era anunciado, porque la fe viene por el oír (Rom. 10:17). La gente que oye el evangelio de labios de los tales puede obedecer y ser salva. Es importante que el evangelio se predique con propósito sano, pero hay gran diferencia entre predicar la verdad con propósitos indignos y no predicar la verdad. Pablo se regocijaba cuando Cristo se predicaba imperfecta­mente, pero nunca se regocijó cuando se predicó el error.

-- "pero otros de buena voluntad", con propósito bueno, con sinceridad.

1:16 -- "Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones". La última frase explica las palabras "contienda" (rivalidad) y "contención". En su modo torcido de pensar tales predicadores en­vidiaban a Pablo y aun querían aumentar el sufrimiento de él. ¡Increíble! ¿Cómo es posible que algunos predicadores anun­ciaran la verdad acerca de Cristo y la sal­vación con el propósito de despreciar y causar más aflicción para el gran emba­jador de Cristo que estaba en cadenas (Efes. 6:20)? Así actúa él que tiene ambi­ción vana y carnal. La raíz de ella es el egoísmo. Tales predicadores solamente quieren promover su propia causa. Estos se incluirían en lo que Pablo dice en 2:21, "Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús". Los tales bus­can más prestigio para sí mismos.

1:17 -- "sabiendo que estoy puesto", "designado" (BAS), una comisión sagrada, Gál. 1:15,16; Efes. 3:8; 1 Cor. 9:15, etcétera.

-- "defensa del evangelio". Siempre es obvio que Pablo estaba más interesado en la defensa del evangelio que en su propia defensa. De hecho cuando leemos de la "defensa" de Pablo, por ejemplo, en Hech. 22:1; 25:16, él no dedica mucho tiempo a su propia defensa, sino que su mente se está concentrada en aprovechar la opor­tunidad de predicar a Cristo. Pablo se de­fiende a sí mismo a veces para defender su doctrina y su ministerio. Por ejemplo, en 1 Cor. 9:3 dice, "Contra los que me acusan, esta es mi defensa", y luego nos da una explicación bien clara del plan de Dios de que "ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio" (ver. 14). A los mismos corintios hizo su de­fensa en la segunda carta (cap. 10,11) pero no con propósito egoísta, sino para defender su ministerio. Si los oponentes de Pablo hubieran destruido la influencia de Pablo, habrían destruido el evangelio predicado por Pablo. Pablo habla muy poco de su defensa personal, por ejemplo en 2 Tim. 4:16. La "defensa" que le in­teresaba siempre era la del evangelio. Ex­horta a los filipenses a hacer lo mismo: "combatiendo unánimes por la fe del evangelio" (1:27). "Contendáis eficaz­mente por la fe" (Judas 3). Pablo quería cultivar el mismo espíritu en Timoteo: "Pelea la buena batalla de la fe" (1 Tim. 6:12); "no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder" (2 Tim. 1:7); "Tú, pues, sufre penalidades como buen sol­dado de Jesucristo" (2 Tim. 2:3). Cuando Pablo fue prendido, siguió proclamando y defendiendo el evangelio. Anunció el nombre del Señor, "dando testimonio a pequeños y a grandes" (Hech. 26:22).

1:18 -- "por pretexto ("fingidamente", BAS) o por verdad, Cristo es anunciado". La actitud de Pablo era maravillosa. No le ofendió la conducta de los de mala volun­tad. No buscó venganza, sino que le dio gusto saber que, de cualquier manera, Cristo fuera anunciado. Algunos fingieron la sinceridad y amor por la palabra, aunque en realidad su propósito era causar problemas para Pablo. Gracias a Dios, la salvación no depende de la fideli­dad de la persona que nos enseña la ver­dad. De ser así, la salvación de miles de almas estaría en duda. La gracia de Dios no se transmite al alma del converso a través del maestro, ni a través de la per­sona que bautice. No hay sistema sacerdo­tal ni sacramental en la iglesia del Señor.

Es importante repetir que Pablo no habla aquí de falsos maestros, sino de hermanos en Cristo que en verdad con­vertían a la gente a Cristo con el evangelio puro. El problema no era el mensaje predicado, sino el propósito carnal de ga­nar influencia para sí mismos y causar problemas para Pablo. El caso de estos predicadores envidiosos era que querían "matar a sus propios soldados", en lugar de matar al enemigo verdadero.

Pablo condena la envidia, la contienda y la hipocresía (Gál. 5:19-21 y otros tex­tos). Pero en Fil. 1:15-18 no usa un parén­tesis para condenar estas obras carnales, porque se está concentrando en el tema de la victoria del evangelio en medio de pruebas severas. Desde el ver. 12 habla del optimismo que él sentía a pesar de la oposición de los paganos y a pesar de las tácticas de hermanos envidiosos. Si se hu­biera desviado de esa línea de pen­samiento para tratar ampliamente el mal de tales hermanos, tal paréntesis habría reducido el impacto del pensamiento principal.

1:19 -- "esto resultará en mi liberación". Pablo tenía mucha confianza en la eficacia de la oración de los filipenses, como tam­bién en la de otros hermanos (véanse Rom. 15:30,32; 2 Cor. 1:11; Col. 4:2; 1 Tes. 5:25; 2 Tes. 3:1). Estaba de acuerdo con lo que Santiago dice acerca de la oración eficaz del justo (5:16).

-- Es una verdad importante de que "La oración eficaz del justo puede mucho", pero no hay esperanza de recibir nada de Dios sin la "suministración (provisión) del Espíritu de Jesucristo". Anhelaba ver de nuevo a estos hermanos, y tenía la espe­ranza de hacerlo (2:23,24), pero la palabra traducida "liberación" es la palabra "salvación", y no se puede afirmar con se­guridad que Pablo se refiera en este ver­sículo a la liberación física.

1:20 -- "será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte", el propósito principal de su vida. Quería las oraciones de los santos por él, y quería la ayuda del Espíritu quien "ayuda nuestra debilidad" (Rom. 8:26), para poder sopor­tar aflicciones, y para seguir predicando "el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo". Quería todo esto para que Cristo fuera siempre magnificado en su cuerpo, o por vida o por muerte. El dejó en manos de Dios el asunto de cómo servirle, es decir, Dios diría si "por vida o por muerte".

Pablo magnificó a Cristo cuando obe­deció al evangelio (Hech. 9:18; 26:19). Magnificó a Cristo cuando inmediata­mente comenzó a predicar la fe que una vez destruía (Hech. 9:20; Gál. 1:23), y al seguir predicando "a tiempo y fuera tiempo" hasta el momento de escribir esta carta. Magnificó a Cristo en su sufrimiento por el evangelio (Hech. 21:13). Además, Pablo estaba dispuesto a magnificar a Cristo en el acto de morir por su predi­cación del evangelio.

Si Dios seguiera dándole vida, seguiría magnificando a Cristo con esa vida, en Roma o en otro lugar. Sin embargo, si lle­gara la sentencia de muerte, magnificaría a Cristo en su muerte, con espíritu sumiso y tranquilo, demostrando la confianza de un verdadero hijo de Dios cuando llegara su momento de atravesar el "valle de sombra de muerte". Muchos cristianos lo han hecho, exhibiendo el poder sostene­dor de la fe, confiadamente entregando su espíritu al Padre de los espíritus.

1:21 -- "Porque para mí el vivir es Cristo" (véanse Rom. 14:8; Gál. 2:20). Cristo es nuestra vida (Col. 1:27). La meta de Pablo no era el honor humano, ni el placer, ni el oro. Cristo era su vida. Estaba entregado alma y cuerpo a Cristo. El empeño de Pablo se puede comparar con la entrega del soldado que no "se enreda en los ne­gocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado" (2 Tim. 2:4). En cuanto al fervor de espíritu, Pablo se puede comparar con el político muy am­bicioso de ganar cierto puesto, o con el atleta que, con tanto entusiasmo, corre con toda la energía que posee para ganar el premio corruptible (1 Cor. 9:24,25). El ministerio de Pablo se puede comparar con los esfuerzos muy intensivos de los comerciantes que promueven sus negocios para enriquecerse. Como los hombres de este mundo se entregan totalmente a sus profesiones, carreras y pasiones, así Pablo se entregó totalmente a su ministerio. El mismo llamó su vida y ministerio una "batalla" y una "carrera" (2 Tim. 4:7).

¿Cuál es nuestro concepto de la vida? ¿Cuál es nuestra meta y nuestra mira? ¿A qué dedicamos el tiempo, la energía, los recursos, el tiempo? Pablo quiere que para todos "el vivir" sea Cristo. "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús" (2:5); "gozaos en el Señor" (3:1); "regocijaos en el Señor siempre" (4:4); nuestra "ganancia" incluye el "conocimiento de Cristo Jesús" (3:8); nuestro anhelo es "ser hallado en él" (3:9); y "todo lo puedo en Cristo que me for­talece" (4:13).

-- "y el morir es ganancia", la muerte física fue "ganancia" para Pablo, y lo es para todos los fieles. "Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor" (2 Cor. 5:8). "Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día" (2 Tim. 1:12). Pablo tenía muchas inversiones con Cristo. Ya había estimado sus ganancias terrenales como pérdida por Cristo (3:7,8). Por lo tanto, no temía la muerte. Si se puede decir "para mí el vivir es Cristo", también se puede decir, "el morir es ganancia". La muerte es ganancia para los fieles porque en la muerte seremos libertados del pecado en otra manera.

En esta vida fuimos libertados del do­minio del pecado cuando obedecimos al evangelio (Rom. 6:12-18), pero en la muerte seremos libertados aun de la pre­sencia del pecado. "Porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos ini­cuos de ellos" (2 Ped. 2:8). En esta vida nunca sabemos cuándo seremos tentados o probados -- ni cómo, ni dónde, ni qué tan fuerte -- pero después de la muerte, ya no habrá más tentación. Los fieles serán librados de todos los enemigos, perseguidores, calumniadores y burladores; la muerte del santo le suelta de toda persecución. No habrá más sufrimiento causado por enfermedades, ni por la separación de los seres amados, ni por causa alguna.

Dios no quiere que sus hijos teman la muerte. La muerte es un evento tan normal como el nacimiento. Dice Pablo (1 Cor. 3:21,22) que "todo es vuestro: ... sea la vida, sea la muerte". Por lo tanto, Pablo dijo que la muerte es ganancia para el cristiano. Nosotros también debemos con­siderarla de esta manera. En un sentido somos prisioneros que desean la libertad; somos como enfermos que desean la salud; y como peregrinos que desean lle­gar a la "ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios" (Heb. 11:10). La muerte es la puerta por la cual tenemos que pasar para realizar estos anhelos. Léase 2 Cor. 4:16 - 5:4.

1:22 -- "Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra..." Sin duda el "vivir en la carne" resultaría en más sufrimiento. El sufrió mucho durante su ministerio (véase 2 Cor. 11:24-28). Pero estaba dispuesto a sufrir todo para adelan­tar la obra de Cristo. Si Dios le concediera más vida, seguiría magnificando a Cristo al convertir más almas y confirmarlas en el Señor. Pablo siempre puso su vida en se­gundo lugar (Hech. 20:34; 21:13), porque buscó "primeramente el reino de Dios y su justicia" (Mat. 6:33). El beneficio de la obra siempre era la cosa principal en la experiencia de Pablo, y debe ocupar el mismo lugar en nuestra vida.

1:23 -- "Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho". "Ambas cosas" eran (1) el deseo de partir y estar con Cristo, y (2) el deseo de seguir viviendo para el beneficio de la obra.

-- "teniendo el deseo (intenso, anhelar o desear ansiosamente) de partir" (eufemismo para "morir"). Se refiere, tal vez, a soltarse y alejarse del puerto como marino, levar anclas y hacerse a la vela. También puede ser la figura de levantar el campo, como hacen los soldados, para mudarse a otro sitio, pero es probable que use la figura del barco anclado que siempre es agitado y azotado por vientos violentos que quieren empujarlo hacia alta mar. Se re­presenta el apóstol Pablo en semejante condición: su gran amor por ellos ligaba su corazón a ellos como el ancla detiene el barco, pero había influencia celestial que también le atraía como el viento que em­pujaba el barco y quería llevarle a la pre­sencia de Cristo.

En 2 Cor. 5:1 Pablo presenta el mismo pensamiento bajo la figura de deshacerse un tabernáculo ("si ... este tabernáculo se deshiciere"). En 2 Tim. 4:6 Pablo habla de su "partida", por fin el momento había llegado.

-- "y estar con Cristo", porque "entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor ... más quisiéramos es­tar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor" (2 Cor. 5:6-8).

-- "lo cual es muchísimo mejor", literal­mente, "mucho muy mejor", muy enfático. Si vivimos preparados para morir, pode­mos decir la misma cosa. Será mucho mejor el partir y estar con Cristo. Muchas personas están dispuestas a morir, y aun desean la muerte, creyendo que "es muchísimo mejor", pero no todos pueden decir esto como Pablo lo dijo. Algunos lo dicen por estar sufriendo fuertes dolores físicos o emocionales; algunos lo dicen por estar muy desanimados, y aun desespera­dos; y otros lo dicen por estar abrumados con problemas económicos. Todos estos pueden convencerse que al morir es­caparán de su miseria y resolverán sus problemas. Para ellos la muerte es una salida de los apuros inaguantables de la vida.

Sin embargo, el mero hecho de que al­guno desee morir, por fuerte que sea su deseo, no significa necesariamente que tal persona está preparada para morir. Pablo podía decir "lo cual es muchísimo mejor", porque estaba completamente preparado para la muerte. Podía decir, "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia", (2 Tim. 4:7,8), pero la persona que muere sin haber obedecido al evangelio y sin haber seguido fiel hasta la muerte no debe an­helar la muerte, porque no está preparada para la muerte. Al contrario, al morir en­contrará más miseria. (Véase Luc. 16:22-24).

Algunos desean la muerte porque creen que en la muerte el alma del hom­bre duerme (que está inconsciente), o que es aniquilada. Pero si fuera así, ¿por qué dijo Pablo que es muchísimo mejor morir? Este precioso texto nos alienta en medio de los problemas de la vida. Nos convence de que "hay un mundo feliz más allá". No hay otra religión que pueda inspirar tal ac­titud de esperanza y optimismo con res­pecto a la muerte.

1:24 -- "pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros". Esta afirmación enfatiza su sentimiento de res­ponsabilidad. Pablo sabía que era necesario que él quedara en la carne de­bido a los grandes problemas que siempre amenazan a la iglesia (véanse 3:1-3,18,19; Hech. 20:28-30; 2 Tes. 2:7-12; 1 Tim. 4:1-4; 2 Tim. 3:1-5; 4:3,4, etcétera). Con toda humildad Pablo reconoció que su vida contaba para algo muy importante en el servicio de Dios. El sabía que su ministe­rio era necesario para el bienestar espiri­tual de los hermanos. Dichoso el hermano que piensa de sí con cordura. El cristiano no debe tener más alto concepto de sí que el que debe tener (Rom. 12:3,16; Gál. 6:3), pero sí debe reconocer la importan­cia de su servicio a Dios. Pablo da mucho énfasis a esto en 1 Cor. 12:14-27. Todo miembro cuenta. Todo miembro es im­portante. Tiene su función en el cuerpo. Por esto cada cristiano debe decir con Pablo "quedar en la carne" todos los años que Dios permita es necesario y útil para el adelanto de la obra. Ningún miembro sobra. Todo cristiano sincero reconoce que su vida no tiene tanto valor como la de Pablo, pero la vida de cada cristiano sí vale.

La persona que dice, "no importa si vivo o muero", indica que su vida está vacía y sin propósito. El cristiano no habla así. Al contrario, éste dice "Pues si vivi­mos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor so­mos" (Rom. 14:8). El cristiano tiene un propósito noble para su vida, y no esconde sus talentos (Mat. 25:26,27).

Al decir Pablo, "pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros", él reconoce que lo que sería "muchísimo mejor" para él personalmente no sería lo mejor para los hermanos. Cuando llegó el momento de su "partida", su muerte fue una gran pérdida para los hermanos filipenses y para muchos otros hermanos.

1:25 -- "Y confiado en esto, sé que quedaré". Tenía buen ánimo porque es­peraba ser liberado de sus prisiones para poder visitarles otra vez (2:24 "confío en el Señor que yo también iré pronto a vosotros".) Después de dos años de encar­celado en Roma fue librado por un tiempo, posiblemente con la ayuda de los cristianos "de la casa de César".

-- "para vuestro provecho". Compárese 1:12, sus prisiones servían para el "progreso" del evangelio en Roma, y su liberación sería para el "provecho" de los hermanos filipenses y de muchos otros.

-- "y gozo de la fe". Mientras más pro­gresemos en el evangelio, más gozo habrá, porque de una fe fuerte resulta el gozo.

1:26 -- "para que abunde vuestra gloria de mí ... por mi presencia". En primer lu­gar, los filipenses tendrían más gozo y glo­ria al recibirlo otra vez entre ellos, como siempre nos regocijamos al recobrar lo que estuvo por un tiempo perdido. Pero la palabra "gloria" también sugiere la idea de victoria. Los enemigos de Pablo (los ju­daizantes) usaron el argumento que el apostolado de Pablo fue puesto en duda por su encarcelamiento; su presencia en­tre ellos otra vez destruiría este argu­mento. La palabra "presencia" viene de la palabra parousia, que significa, en muchos textos, "venida", mayormente en los textos que se refieren a la segunda venida de Cristo. Aun en este texto la presencia de Pablo entre los filipenses requería su "venida". Son dos significados bien rela­cionados entre sí. La llegada de Pablo sería ocasión de más gozo que la visita del emperador romano.

1:27 -- "Solamente que os comportéis como es digno del evangelio". "Que os comportéis", politeuesthe, que viene de la palabra polites, ciudadano). Significa, pues, vivir como ciudadanos. Hech. 23:1, "Con toda buena conciencia he vivido (como ciudadano) delante de Dios (en la república de Dios) hasta el día de hoy". Pablo y los filipenses eran ciudadanos ro­manos, y esta exhortación que se refiere a la ciudadanía espiritual se basa en el buen comportamiento del ciudadano romano. En la conversación, en el modo de vivir, en los negocios, en el modo de vestirse, en las actividades de recreo y diversión, y en toda la conducta diaria, debe haber una distinción clara entre el cristiano y los del mundo. Como fiel ciudadano del reino de Dios debemos ser honrados, justos, rectos y procurar nunca avergonzar a los conciu­dadanos ni al nombre de la "patria" (sea la patria terrenal o la patria celestial).

Efes. 4:1, "Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados". Tito 2:10, "mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador". 2 Cor. 3:2, "Nuestras cartas sois vosotros ... conocidas y leídas por todos los hombres". ¡Cuán importante es el comportamiento diario de los cris­tianos!

En la misma carta (3:20) Pablo dice, "Mas nuestra ciudadanía está en los cie­los". En el ver. 27 él usa la palabra que significa "vivir como ciudadanos" romanos para ilustrar la otra ciudadanía más im­portante, la celestial. Ellos eran ciu­dadanos de un reino espiritual del cual Cristo es Rey y su trono no está en Roma ni en Jerusalén literal, sino en Jerusalén celestial, la ciudad de nuestro Dios (Heb. 12:22,23). Aunque su ciudadanía romana era muy importante, en realidad eran peregrinos en este mundo (1 Ped. 2:11) y "no puede el mundo ser mi hogar".

Como el romano debería vivir de una manera apropiada a su ciudadanía con sus privilegios y leyes, así también deberían vivir de una manera apropiada a su ciu­dadanía celestial, una vida que reflejaba su sumisión a la ley de su Rey en los cielos.

-- "oiga de vosotros". No había teléfonos ni telegramas, pero sí había mucho tráfico entre las ciudades principales del imperio. Pablo manda esta misma carta en manos de Epafrodito, mensajero de los filipenses (2:25-30), porque a través de él Pablo había "oído" de ellos. Pablo sabía de los romanos antes de ir a Roma (Rom. 1:8). (Véase también 1 Tes. 1:8).

-- "firmes en un mismo espíritu". Véase 2:1-4, notas. No ser como los corintios (1 Cor. 1:11-12), sino tener el "sentir que hubo también en Cristo Jesús" (2:5).

-- "combatiendo unánimes", de la pa­labra sunathleo, luchando juntos como en los juegos olímpicos; peleando en concierto ("un mismo espíritu"), como hacen los buenos atletas. "El que lucha como atleta" (2 Tim. 2:5, athlei). El énfa­sis de esta porción del versículo está sobre la cooperación entre hermanos en la pe­lea, que haya unidad y que vigorosamente se promuevan los asuntos del reino.

1:28 -- "en nada intimidados ("de ninguna manera amedrentados", BAS) por los que se oponen", no atemorizados, no asustados. Había judíos que se les oponían (Hech. 17:5), como también paganos (Hech. 16:19-24). El propósito de nuestros adversarios es asustarnos para que seamos negligentes e infieles. El éxito más grande de Satanás se realiza cuando pone temor (timidez) en los corazones de los cris­tianos, porque él sabe que los cobardes serán perdidos (Apoc. 21:8). Tenemos que confrontar sin temor todo ataque del diablo. Los jóvenes tienen que enfrentar en la escuela muchas enseñanzas diabóli­cas (tales como la evolución y el huma­nismo que enseña que el hombre es su propio "dios"). En la iglesia los evangelis­tas, ancianos y maestros deben combatir toda forma del liberalismo, calvinismo, modernismo y carnalidad. Los que creen que el seguir a Cristo es una vida sin con­flicto y sufrimiento no conocen el camino verdadero.

"Si llega Timoteo, ved que esté con vosotros sin temor" (BAS), 1 Cor. 16:10. Pero "no nos ha dado Dios espíritu de co­bardía, sino de poder, de amor y de do­minio propio", (2 Tim. 1:7).



-- "que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de sal­vación". Tales perseguidores no podían prevalecer contra los cristianos; al con­trario, esta persecución era un indicio claro de que se destruirían los enemigos, y que los amigos del Redentor se identifi­carían con El en tal sufrimiento (Apoc. 2,3). La misma hostilidad de tales hom­bres perversos es evidencia de que somos de Dios y que seremos salvos. Además, cuando los enemigos de Dios ven que los cristianos no son intimidados, esto les es como prenda o indicio de su ruina final.

-- "y esto es de Dios". Cuando un gladia­dor vencía al oponente, lo mataba, si la multitud (asistentes a los juegos del circo en Roma) no le pedía lo contrario. La vida o la muerte estaba en manos del pueblo fluctuante, pero el gladiador espiritual no aguarda el indicio de vida o de muerte de los hombres inconstantes porque "esto es de Dios" y no de los hombres.

1:29 -- "os es concedido ... que creáis" (Hech. 16:13,30-34; Rom. 10:14-17). Es un privilegio no pequeño creer y arrepen­tirnos para ser salvos (véase Hech. 11:18). Es un gran honor creer en Aquel que merece nuestra fe; es un privilegio amarle y servirle. La mente del creyente escapa de las torturas de angustia y agitación de la incredulidad.

-- "sino también que padezcáis por él", otro privilegio (Hech. 5:41; Col. 1:24; 1 Ped. 4:13; Sant. 1:2). Al sufrir por al ver­dad imitamos a Jesús y somos hechos se­mejantes a El. En esto tenemos evidencia de que somos de El. Es un privilegio sufrir por El porque los enemigos no pueden hacer nada en contra de nosotros que Dios no pueda tornar a nuestra ventaja y bendición eterna. Pablo presenta aquí dos grandes pruebas del discipulado: (1) creer en Cristo, y (2) sufrir por Cristo. Son mar­cas o características del cristiano. Pero al mismo tiempo son dos grandes bendi­ciones: "os es concedido ... que creáis en él ... que padezcáis por él".

Los del mundo sufren mucha tribu­lación y agonía, por causa de sus pecados y crímenes, por su ignorancia y por su car­nalidad de toda clase. El pecado lleva en sí mismo su consecuencia y castigo. Pero los apóstoles sufrieron mucho por la injus­ticia del gobierno (Hech. 4:8; 6:12; 12:1,2; 16:16-24). Sufrieron porque el evangelio afectó la ganancia de hombres corruptos (Hech. 19:23,24). Los cristianos sufren por el nombre de Cristo, por el evangelio (Mat. 5:10-12), y de esta manera partici­pamos de los sufrimientos de Cristo y sus apóstoles.

1:30 -- "teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí" (véase Hech. 16:19-40, cuando estuvo en Filipos). "Conflicto" (agona, de la cual viene nuestra palabra "agonía"); esta pa­labra fue usada para indicar las contiendas (luchas, carreras de carros y otras activi­dades atléticas) en el anfiteatro en Roma. Se refiere a las luchas que el cristiano sostiene contra los peligros, las molestias y todos los obstáculos que pueden impedir la fe, la santidad y el deseo de hacer que el evangelio avance (1 Tes. 2:2; 1 Tim. 6:12; 2 Tim. 4:7). Este "conflicto" es para el beneficio del cristiano (como privilegio, "es concedido").

Las emociones más maduras y tiernas son expresadas por Pablo en este primer capítulo de su carta a los hermanos de Filipos. Se observa el fruto genuino de la religión pura. Pablo, el prisionero, rodeado por enemigos y hermanos falsos y envidiosos, se acuerda de los hermanos con inmensa gratitud en su corazón, dando gracias al Señor por ellos. No había resentimiento en su corazón, ni tampoco amargura. Habiendo sido crucificado al mundo, Pablo no temía la muerte. Se sometió tranquilamente a la mano poderosa de Dios, magnificando a Cristo en su cuerpo, ¡ya fuera en la vida o en la muerte!





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