lunes, abril 4

COMENTARIO DEL CAPITULO 9 DE JOSUE

Josué (Espanhol)



CAPÍTULO 9

1 Los reyes complotan contra Israel. 3 Los gabaonitas se valen de una artimaña para establecer alianza con Israel. 16 Como resultado, son condenados a esclavitud perpetua.

1 CUANDO oyeron estas cosas todos los reyes que estaban a este lado del Jordán, así en las montañas como en los llanos, y en toda la costa del Mar Grande delante del Líbano, los heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos,

2 se concertaron para pelear contra Josué e Israel.

3 Mas los moradores de Gabaón, cuando oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai,

4 usaron de astucia; pues fueron y se fingieron embajadores, y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino, rotos y remendados,

5 y zapatos viejos y recosidos en sus pies, con vestidos viejos sobre sí; y todo el pan 220 que traían para el camino era seco y mohoso.

6 Y vinieron a Josué al campamento en Gilgal y le dijeron a él y a los de Israel: Nosotros venimos de tierra muy lejana; haced, pues, ahora alianza con nosotros.

7 Y los de Israel respondieron a los heveos: Quizás habitáis en medio de nosotros. ¿Cómo, pues, podremos hacer alianza con vosotros?

8 Ellos respondieron a Josué: Nosotros somos tus siervos. Y Josué les dijo: ¿Quiénes sois vosotros, y de dónde venís?

9 Y ellos respondieron: Tus siervos han venido de tierra muy lejana, por causa del nombre de Jehová tu Dios; porque hemos oído su fama, y todo lo que hizo en Egipto,

10 y todo lo que hizo a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán: a Sehón rey de Hesbón, y a Og rey de Basán, que estaba en Astarot.

11 Por lo cual nuestros ancianos y todos los moradores de nuestra tierra nos dijeron: Tomad en vuestras manos provisión para el camino, e id al encuentro de ellos, y decidles: Nosotros somos vuestros siervos; haced ahora alianza con nosotros.

12 Este nuestro pan lo tomamos caliente de nuestras casas para el camino el día que salimos para venir a vosotros; y helo aquí ahora ya seco y mohoso.

13 Estos cueros de vino también los llenamos nuevos; helos aquí ya rotos; también estos nuestros vestidos y nuestros zapatos están ya viejos a causa de lo muy largo del camino.

14 Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová.

15 Y Josué hizo paz con ellos, y celebró con ellos alianza concediéndoles la vida; y también lo juraron los príncipes de la congregación.

16 Pasados tres días después que hicieron alianza con ellos, oyeron que eran sus vecinos, y que habitaban en medio de ellos.

17 Y salieron los hijos de Israel, y al tercer día llegaron a las ciudades de ellos; y sus ciudades eran Gabaón, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim.

18 Y no los mataron los hijos de Israel, por cuanto los príncipes de la congregación les habían jurado por Jehová el Dios de Israel. Y toda la congregación murmuraba contra los príncipes.

19 Mas todos los príncipes respondieron a toda la congregación: Nosotros les hemos jurado por Jehová Dios de Israel; por tanto, ahora no les podemos tocar.

20 Esto haremos con ellos: les dejaremos vivir, para que no venga ira sobre nosotros por causa del juramento que les hemos hecho.

21 Dijeron, pues, de ellos los príncipes: Dejadlos vivir; y fueron constituidos leñadores y aguadores para toda la congregación, concediéndoles la vida, según les habían prometido los príncipes.

22 Y llamándolos Josué, les habló diciendo: ¿Por qué nos habéis engañado, diciendo: Habitamos muy lejos de vosotros, siendo así que moráis en medio de nosotros?

23 Ahora, pues, malditos sois, y no dejará de haber de entre vosotros siervos, y quien corte la leña y saque el agua para la casa de mi Dios.

24 Y ellos respondieron a Josué y dijeron: Como fue dado a entender a tus siervos que Jehová tu Dios había mandado a Moisés su siervo que os había de dar toda la tierra, y que había de destruir a todos los moradores de la tierra delante de vosotros, por esto temimos en gran manera por nuestras vidas a causa de vosotros, e hicimos esto.

25 Ahora, pues, henos aquí en tu mano; lo que te pareciera bueno y recto hacer de nosotros, hazlo.

26 Y él lo hizo así con ellos; pues los libró de la mano de los hijos de Israel, y no los mataron.

27 Y Josué los destinó aquel día a ser leñadores y aguadores para la congregación, y para el altar de Jehová en el lugar que Jehová erigiese, lo que son hasta hoy.

1.

Todos los reyes.

Indudablemente los informes recibidos por estos reyes los llenaron de ira y temor, por lo que concertaron esa alianza de emergencia. No sólo habían oído de la caída de Jericó y de Hai, sino indudablemente también de la gran reunión en el monte Ebal, donde los israelitas habían proclamado que la ley de Jehová era la ley de toda la tierra de Canaán. La convocación en el monte Ebal indicaba claramente que los hijos de Israel se proponían ser los únicos gobernantes de esa tierra. La ira que esto causó 221 probablemente superó su temor y resolvieron resistir juntos, esperando así impedir que se tomase su territorio. Ver en la Introducción a Josué una descripción de "los reyes".

Este lado del Jordán.

Una referencia clara al lado occidental del río, pero el hebreo dice: "más allá del Jordán". El autor pudo haber escrito estando del lado oriental, o habiendo acabado de llegar al lado occidental, todavía lo considera como "más allá del Jordán". Si el autor ya hubiese vivido en Canaán en forma permanente, difícilmente habría usado tal expresión. Este es uno de los indicios de que al menos esta parte del libro de Josué fue escrita en fecha muy remota. Después de este período, la expresión "más allá del Jordán" se refiere al lado oriental del Jordán, a menos que la persona que habla esté allí o se considere como si estuviera allí (ver Juec. 5: 17).

Las montañas.

Las "montañas" son el territorio quebrado de la parte central de Palestina que más tarde pasó a ser territorio de Judá y Efraín. Los "llanos" son la Sefela, o los cerros más bajos del oeste. La "costa del Mar Grande" es la llanura marítima de Filistea y Sarón.

2.

Se concertaron.

"Se aliaron para combatir como un solo hombre" (BJ). El hebreo dice literalmente "una sola boca". La palabra traducida "boca" sirve muchas veces para expresar la idea de "mando", cosa que podría entenderse en este pasaje.

Estas seis naciones unieron sus fuerzas militares bajo un solo comando para afrontar la emergencia. Aunque eran de diferentes clanes y tenían distintos intereses -indudablemente muchas veces en pugna unos con otros-, estuvieron dispuestos para hacer causa común contra el pueblo de Dios. Su odio para los buenos era el lazo común que los unía, lo que ha ocurrido muchas veces con los impíos. Por ejemplo, la oposición a Cristo unió a Pilato y Herodes. En los últimos días el odio unirá todas las fuerzas religiosas y políticas en contra del verdadero remanente de Dios, que guarda "los mandamientos de Dios" y tiene "el testimonio de Jesucristo" (Apoc. 12: 17).

3.

Gabaón.

Literalmente, "una colina". La ciudad estaba situada sobre una colina un tanto abrupta, y tenía un estanque, que Jeremías llama "gran estanque" (Jer. 41: 12).

La ciudad estaba a casi 9 km al noroeste de Jerusalén, en el camino a Jope.

Sus habitantes, los heveos (Jos. 9: 7; ver com. Gén. 10: 17), estaban comprendidos en la confederación mencionada en los vers. 1 y 2. Pero cuando los gabaonitas recibieron las noticias de la destrucción de Jericó y de Hai, se dieron cuenta de que sería inútil resistir a los ejércitos de Israel; por lo tanto, formularon cuidadosamente un plan para congraciarse con Israel y concertaron una alianza con él.

Algunos eruditos han pensado que los heveos (ver com. Gén. 10: 17) serían los horeos (ver com. Gén. 36: 20). La LXX llama Jorrhaíon a los heveos. Si fuera correcta esta identificación, querría decir que un grupo de horeos, originalmente de la zona del sudoeste del lago Van, en Armenia, se había establecido en las cercanías de Gabaón algún tiempo antes de la llegada de los hititas.

El gobierno gabaonita parece haber sido más o menos democrático, pues los gabaonitas dijeron que sus ancianos y los moradores de su tierra los habían enviado (vers. 11). Si entonces hubiesen tenido rey, éste habría sido demasiado orgulloso como para inclinarse ante los israelitas. En tal caso, los gabaonitas podrían haberse unido con los otros reyes cananeos para resistir a Israel. Posiblemente los gabaonitas enviaron espías a Ebal, donde se leyó la ley, y éstos les trajeron la noticia de la orden que tenían los israelitas (ver Deut. 7: 1-3) de no mostrar misericordia para con los cananeos, de no hacer alianza con ellos (ver com. Exo. 23: 32), ni darles cuartel en la batalla. Su decisión de no resistir, por lo menos mostraba cierto grado de fe en el poder del Dios de Israel. Estaban dispuestos a concertar una alianza, lo que incluía su promesa de renunciar a la idolatría y aceptar el culto a Jehová (PP 540).

4.

Usaron de astucia.

El ardid de los gabaonitas se habría descubierto inmediatamente si Josué hubiese buscado el consejo del Señor, pero no lo hizo una vez más, como ocurrió en Hai.

Se fingieron.

La palabra hebrea así traducida no aparece en ningún otro pasaje bíblico. La idea raíz de esta palabra es "girar". La palabra no se conoce, salvo en árabe.

Cambiando una d por una r, letras muy parecidas en el hebreo, se obtiene una palabra que puede traducirse "se aprovisionaron". Es la palabra que aparece en el vers. 12, "lo tomamos . . . para el camino". Esto concuerda con muchos manuscritos antiguos, incluyendo la LXX y la versión siriaca. Se sobreentiende 222 que eran embajadores. "Se aprovisionaron" parece calzar mejor dentro del contexto.

6.

Al campamento en Gilgal.

Los hijos de Israel habían vuelto a su anterior campamento de Gilgal, cerca de Jericó, y no a otro "Gilgal" cerca de Siquem, como lo han pensado algunos (ver PP 539 y com. 2 Rey. 2: 1). En el cap. 9: 17 se afirma que los israelitas llegaron al tercer día a la ciudad de Gabaón procedentes de su campamento de Gilgal. Siquem está a escasa distancia de Gabaón y no se hubiera necesitado tres días para hacer el viaje. La expresión "subió Josué" (cap. 10: 7) otra vez señala el campamento de los israelitas como si hubiese estado en el valle del Jordán.

7.

Los de Israel.

El hebreo dice "hablaron hombres de Israel". La LXX reza "hijos de Israel", y la versión siriaca "[los] de la casa de Israel". Evidentemente las negociaciones fueron hechas por los príncipes (vers. 18).

Los heveos.

Ver com. vers. 3.

Hacer alianza.

Los israelitas tenían permiso de hacer la paz con las ciudades lejanas, pero no con las siete naciones cananeas que vivían cerca de ellos (Deut. 7: 1, 2; 20: 10-15). Estas debían ser totalmente destruidas (Deut. 20: 17), para que Israel no se contaminara con su falsa religión y sus bajos principios morales. Por eso en repetidas ocasiones se prohibió a Israel que hiciera alianza con ellos (ver Exo. 23: 32; 34: 12; Deut. 7: 2; 20: 16-18). Los gabaonitas parecen haber estado enterados de esta orden, por lo cual recurrieron al ardid de fingir que procedían de un país lejano.

8.

Nosotros somos tus siervos.

Quizá esta declaración era más una forma cortés de dirigirse a los israelitas que una sincera declaración de sumisión (ver Gén. 32: 4,18; 50: 18; 2 Rey. 10: 5; 16: 7). Sin embargo, tenía el propósito de impresionar a los israelitas. Sin duda los gabaonitas esperaban tener que hacer alguna concesión, como por ejemplo pagar tributo; pero confiaban en que el convenio les resultase lo más favorable posible. Sin embargo, su respuesta cuidadosamente formulada no satisfizo a Josué, según lo indican las preguntas que les hizo en seguida. En ese momento de duda e incertidumbre debiera haber buscado al Señor. Tal vez pensó, como lo hacen muchos cristianos hoy, que sobre ese asunto podía resolver él mismo sin molestar al Señor. Pero Dios nos ha dicho que le llevemos todos nuestros problemas. No hemos de pensar que lo cansamos con ello. Podríamos evitar muchas caídas si consultáramos al Señor acerca de todos nuestros problemas, no confiando en nuestro propio entendimiento (Prov. 3: 5-7).

9.

Por causa del nombre.

Literalmente, "por el nombre" o "por respeto al nombre" de Jehová tu Dios.

Estas palabras revelan que los gabaonitas tenían cierto grado de deseo de conocer a Dios. Sabían algo, y actuaron movidos por ese conocimiento limitado.

Podemos culparlos de haber usado un método erróneo, pero tenemos que admitir que así comenzaron a servir al verdadero Dios. No entendían todo lo que eso implicaba, pero sabían que Jehová había hecho mucho más por Israel de lo que cualquier otro supuesto dios había hecho por su pueblo. Usando esta regla, midieron el valor relativo de los dioses. Dios honró su fe limitada y no permitió que Israel violara la promesa que les había hecho. Dios acepta a los hombres como son, y luego procura llevarlos a un servicio más perfecto.

Algunos, por motivos totalmente errados, comienzan a adorar a Dios; pero él acepta la entrega del alma y luego les inspira mejores motivos. Así ocurrió con los gabaonitas. En lo que a privilegios espirituales se refería, fueron hechos partícipes de todas las bendiciones del pacto.

Todo lo que hizo.

Se cuidaron de no enumerar sino los acontecimientos de Egipto y más allá del Jordán. Si hubiesen mencionado lo ocurrido en Jericó y Hai, su engaño habría sido manifiesto pues cualquiera que llegase de un país distante se suponía que no habría tenido tiempo de oír acerca de un acontecimiento tan reciente.

11.

Nuestros ancianos.

De esto se deduce que Gabaón y sus ciudades no tenían rey (ver com. vers. 3).

14.

Tomaron de las provisiones de ellos.

Los dirigentes hebreos tomaron de las provisiones de ellos para tocar y gustar y probar ellos mismos a fin de llegar a una decisión acertada. Luego de haberlo hecho, tuvieron confianza en su propio juicio. Esta prueba era diferente de la que habían afrontado cuando por primera vez intentaron tomar la ciudad de Hai, y como tal no reconocieron al tentador en su nuevo disfraz.

Satanás tiene muchas artimañas y emplea la que considera más conveniente para engañar a su víctima. En ningún problema o situación podemos estar 223 seguros si empleamos solamente la sabiduría humana.

No consultaron a Jehová.

Dios había dispuesto que se averiguase su voluntad con el sacerdote Eleazar y mediante el Urim y el Tumim (Núm. 27: 18-23). Josué pudo así haber sido divinamente guiado en esta decisión importante. No sabemos cuál habría sido la respuesta del Señor en este caso; quizá los gabaonitas no habrían muerto; la misericordia de Dios se extiende a todos los que buscan su salvación. Dios había prohibido a su pueblo que hiciera alianza con los habitantes de la tierra, pero eso respondía a una razón bien específica: que no se viesen tentados a seguir las abominaciones de sus habitantes. Si cualquiera de esos pueblos paganos, como Rahab, hubiese abandonado sus abominaciones y hubiese buscado la misericordia divina, Dios lo habría aceptado de tan buena gana como más tarde aceptó a Nínive (Jon. 3: 10). Pero en cada caso la decisión final debe quedar con Dios. El es el único que verdaderamente puede saber lo que está en el corazón. No podía confiar tales decisiones a los hombres. Por lo tanto, ordenó la total aniquilación de las naciones cananeas, pero esto no significaba que no podría haber excepciones si las circunstancias así lo indicaban. Habría sido peligroso confiar al pueblo la autoridad de hacer paz aún con ciudades aisladas, para que los cananeos no simularan haberse arrepentido. Tal engaño podría extenderse rápidamente, y muchos de los habitantes de la región fingirían arrepentimiento aunque permaneciesen tan idólatras de corazón como siempre.

El obrero de Dios debiera tener gran cuidado al decidir si una persona ha dado pruebas de fe o no, antes de admitirla en el pacto de la fe. En tales casos no es conveniente estar tan seguro de las opiniones propias, sino que es mejor ser siempre humilde y buscar sinceramente la dirección de Dios (Sal. 32: 8).

15.

Los príncipes.

Literalmente, "los elevados", es decir, los principales de las diversas tribus.

17.

Al tercer día.

Es decir, al tercer día de haber salido hacia Gabaón. Viajaron pues dos días.

Esto es una prueba de que no salieron de la nueva Gilgal, como piensan algunos, porque no les habría llevado más que unas pocas horas viajar desde allí hasta Gabaón (ver com. vers. 6). Tres días después de haberse hecho la alianza y haber partido los mensajeros, los israelitas descubrieron que las ciudades de los gabaonitas estaban cerca y que habían sido engañados. Quizá algún desertor se lo dijo, o tal vez los exploradores israelitas consiguieron que alguien les comunicara la verdad. Bajo la dirección de Josué, al punto el ejército de Israel fue a hacer las investigaciones del caso. Quizá Josué pensaba cambiar el convenio debido al engaño de los gabaonitas y ver qué uso se podía dar a sus ciudades.

Sus ciudades.

Gabaón, que significa "una colina"; Cafira, "una leona joven"; y Beerot, "pozos", correspondieron después a la tribu de Benjamín (cap. 18: 25, 26), mientras que Quiriat-jearim, "ciudad de los bosques", pasó a ser de la tribu de Judá (cap. 15: 60). Más tarde el arca estuvo en Quiriat-jearim, antes de que David la llevase a Jerusalén (1 Sam. 6: 21; 7: 1, 2; 2 Sam. 6: 2). Hoy se conoce a Gabaón como Ej-jib, Cafira como Tell Kefireh y Quiriat-jearim como Tell el-Azhar.

18.

No los mataron.

Aunque la congregación murmuró contra los príncipes, y éstos habían obrado mal en concertar tal acuerdo, los israelitas se sintieron obligados a mantener su juramento. Una vez hecha una promesa, se la debiera mantener como sagrada, siempre que no obligue a la persona que la hizo a realizar una acción mala (ver Prov. 12: 22; Sal. 24: 4; 15: 4; PP 540). Los dirigentes de Israel implicaron a toda la congregación en la dificultad por causa de su error. Sin embargo, en defensa de ellos debe decirse que se sintieron obligados a respetar la promesa que habían hecho. Cuán cuidadosos debieran ser los que ocupan puestos de responsabilidad para que, confiados en su propio juicio, no acarreen dificultades sobre toda la congregación.

20.

Por causa del juramento.

Si el cumplimiento del juramento hubiese exigido un acto pecaminoso, no habría sido obligatorio, porque no se puede exigir cometer un pecado (ver Juec. 11: 29-40). Aunque los príncipes eran culpables por haber concertado tan apresuradamente ese pacto, no debían violar el juramento, aunque fuera para daño suyo (Sal. 15: 4). Es evidente que Dios aprobó su conducta en esto, y se airó contra Saúl cuando, mucho después, faltó a la promesa hecha (2 Sam. 21: 1-3).

21.

Leñadores.

Según los vers. 23 y 27, debían realizar ese servicio para la congregación 224 y la casa de Dios. Tales trabajadores eran considerados como de las clases más bajas (Deut. 2 9: 10, 11), y esos servicios debían ser realizados por los extranjeros que estaban entre los israelitas. La designación de los gabaonitas para que realizaran esas humildes tareas fue el castigo que recibieron por su engaño. Si hubiesen actuado francamente con Israel, habrían salvado la vida, y quizá hasta habrían quedado exentos de esa servidumbre. Pero aun una maldición puede convertirse en bendición. Es verdad que fueron siervos, pero su servicio era para la casa de Dios. Al hacer la obra de la casa de Dios, iban a estar en una posición que les haría fácil aprender del Dios verdadero. De esa manera iban a estar bajo una influencia que les impediría volver a la idolatría de sus padres. Aunque fuesen esclavos de Israel, serían libres en el Señor, porque en su servicio aun el empleo más bajo es libertad y su obra es su propia recompensa. Algunos han pensado que los "sirvientes del templo" (Esd. 2: 70; 8: 20; Neh. 7: 60) eran los gabaonitas. El hebreo de esos pasajes usa la palabra nethinim, "los dedicados", los "consagrados". Tal vez hubiesen sido los gabaonitas. En tiempos de David existían gabaonitas (2 Sam. 21: 1-9). Sin embargo, es posible que por el celo equivocado de Saúl hubieran sido aniquilados y que David los reemplazara por una nueva orden, los nethinim de la época de Nehemías.

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