martes, septiembre 27

COMENTARIO DE 1 DE SAMUEL CAPITULO 4

CAPÍTULO IV
Versículos 1—9. Los israelitas vencidos por los filisteos. 10, 11. Captura del arca. 12—18. La
muerte de Elí. 19—22. Nacimiento de Icabod.
Vv. 1—9. Israel es azotado por los filisteos. El pecado, la cosa maldita, estaba en el campamento y
dio a los enemigos toda la ventaja que podían desear. Reconocieron la mano de Dios en su
tribulación, pero en vez de someterse, hablaron con enojo, como si no se dieran cuenta de ninguna
provocación que hubieran hecho. La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová
se irrita su corazón, Proverbios xix, 3, y lo culpan a Él. Supusieron que podían comprometer a Dios
a manifestarse en favor de ellos, llevando el arca a su campamento. Quienes han regresado a la vida
de la religión, a veces demuestran un gran afecto por las observancias externas, como si estas
pudieran salvarlos y como si el arca, el trono de Dios, en el campamento los llevara al cielo, aunque
el mundo y la carne estén entronizados en el corazón.
Vv. 10—11. La captura del arca fue un gran juicio contra Israel y señal cierta del desagrado de
Dios. Que nadie piense en escudarse contra la ira de Dios bajo el manto de una profesión externa de
la fe.
Vv. 12—18. La derrota del ejército fue muy penosa para Elí por cuanto era el juez; las noticias
de la muerte de sus dos hijos, con quienes había sido tan indulgente, y que murieron sin
arrepentimiento, como tenía razón para temer, le conmovieron como padre; pero había una
preocupación más grande aun en su espíritu. Cuando el mensajero concluyó su relato diciendo ‘el
arca de Dios fue capturada’, él fue golpeado en el corazón y murió instantáneamente. Un hombre
puede morir en forma miserable, pero no morir eternamente; puede llegar a un final inoportuno,
pero el final será paz.
Vv. 19—22. La esposa de Finees parece haber sido una persona piadosa. Su lamento de
moribunda fue por la pérdida del arca, y el traspaso de la gloria de Israel. ¿Qué es un gozo terrenal
para quien está moribunda? Ningún gozo sino el que es espiritual y divino resistirá entonces; la
muerte es algo demasiado grave para reconocer el sabor de un goce terrenal. ¿Qué es eso para quien
lamenta la pérdida del arca? ¿Qué placer podemos hallar en nuestras consolaciones y deleites de
criaturas, si necesitamos la palabra y las ordenanzas de Dios, especialmente si queremos el consuelo
de su presencia bondadosa y la luz de su rostro? Si Dios se va, la gloria se va, y todo lo bueno se va.
¡Ay de nosotros si Él se va! Pero aunque la gloria sea trapasada de una nación, ciudad, o aldea
pecadoras tras otra, sin embargo, nunca se irá del todo, pues brilla en un lugar, cuando se eclipsa en
otro.

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